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De la Biblia se puede sacar hasta petróleo

Por qué soy católico

Por: José L. Fierro

Recién concluyó septiembre llamado “Mes de la Biblia”, y también en días pasados el Santo Padre ha instituido para toda la Iglesia el “Domingo de la Palabra de Dios” -se celebrará cada III Domingo del Tiempo Ordinario-, a fin de que sean más quienes puedan gozar de su “riqueza inagotable”.

En la carta apostólica en forma de motu proprio Aperuit Illis, Papa Francisco indica que son “los pastores los primeros que tienen la responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura”, pues sabe Dios a cuántos excesos no se ha llegado cuando es mal interpretada. Y, para muestra, basten dos que tres botones:

José Smith, fundador de los mormones, leyó en Génesis (1,28) que Dios ordenó a Adán y Eva: “Creced y multiplicaos”, y estableció en su secta la poligamia.

Rutherford, segundo líder mundial de los Testigos de Jehová, vio en Hechos (15,20): “Absténganse de la sangre”, y ordenó que ningún adepto de esa secta debía recibir transfusiones de sangre. Dicha doctrina letal ha sido la causa de que miles de sus adeptos hayan muerto.

Sectas pentecostales leen en Lucas (8,48): “Tu fe te ha sanado”, y aconsejan a sus seguidores no acudir a médicos. Trágico desenlace a causa de dicha ordenanza ocurrió en Cd. Juárez, donde la joven hija de un pastor pentecostal murió de una apendicitis por negarle su padre acudir a un hospital; el pastor fue a la cárcel, mas pronto la secta pagó la fianza y salió libre.

En San Luis Potosí, en pleno culto se suscitó una fuga de gas de un calentador; varias personas cayeron al piso pero el pastor les insistió en no inquietarse, “es la acción del Espíritu Santo”, dijo, como el día de Pentecostés narrado en el libro de los Hechos. Conclusión: varias personas murieron intoxicadas.

Otro pastor protestante de nombre Cooy Coots murió en Kentucky, EUA, mordido por una serpiente de cascabel en pleno culto por interpretar literal el texto de Marcos (cap. 16) donde se cita que pueden tomar serpientes en nombre de Cristo y nada pasará. Su padre, pastor también, años antes le sucedió lo mismo.

Un hombre infiel leyó en Oseas (1,2) que el profeta recibió orden divina de casarse con una prostituta y entonces repudió a su esposa por la prostituta.

Un joven con inclinación homosexual buscó en la Biblia justificación a esa conducta y, según su interpretación, la encontró cuando Jesús dice a sus apóstoles: “Yo los haré pescadores de hombres” (Mateo 4,19).

Una persona acudió a la Biblia para encontrar respuesta en su grave depresión a si debería suicidarse o no, y leyó en Juan (13,27): “Lo que vas a hacer, hazlo ya”… y se suicidó.

Un enfermo se convenció que podría sanar si se bebía su propia orina (orinoterapia), al interpretar aquella cita de Proverbios (5,15): “Bebe el agua de tu misma cisterna. Y los raudales de tu propio pozo”.

Otra persona justificó su ateísmo con la misma Biblia leyendo, obviamente en forma incompleta y descontextualizada, el Salmo 14, en cuyo primer versículo dice: “No hay Dios”…

Sería extenso citar otros ejemplos a los graves errores de interpretación en que se puede incurrir si se consulta la Biblia al margen del Magisterio de la Iglesia Católica, a quien Jesús le dio este don (cfr. Tim 3,15; Lc 10,16). El mismo Credo católico nicenoconstantinopolitano, si lo mutilamos, nos hace proclamar un gran absurdo. Veamos por qué: Un de sus artículos refiriéndose a nuestro Señor Jesucristo proclama: “por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día”… mas si sólo se cita parcialmente, quedaría así: “Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo”… entonces resulta que fue Poncio Pilato y no Jesús el crucificado, muerto, sepultado y ¡resucitado!

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