Miscelánea

Cultura de prevención

Por un México libre de abuso infantil

Por: Dra. Esmeralda Garrido Torres

Después de casi 25 años de trabajo, en los cuales he sido testigo de cómo el fenómeno del abuso sexual infantil avanza y cada vez se habla más sobre él en foros, libros, medios de comunicación… aún resulta insuficiente para romper el silencio de las víctimas o disminuir las cifras de los casos que ocurren.

No es un tema fácil, es desagradable siquiera el nombrarlo, mucho más el detallar sus características que mueven hasta a la persona más insensible.

El abuso sexual infantil (ASI) se presenta con alta frecuencia en el mundo, ocupando México el deshonroso primer lugar de acuerdo a la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en el 2018. Pese a ello, existe falta de especificidad en las políticas de prevención y detección temprana, lo que permite su crecimiento en el secreto y silencio de víctimas, instituciones y familias, aún cuando éstas presentan mayor sintomatología que la población general. Dicha sintomatología incluye trastorno de ansiedad, depresión, intento de suicidio, uso de drogas o alcohol, auto-lesiones y un largo etcétera.

Las personas no hablan del tema, minimizan el impacto o no lo atribuyen al ASI. No revelan que lo sufrieron y mucho menos enfrentan la denuncia de hechos, lo evitan en su gran mayoría por ignorancia del tema, miedo, vergüenza y desconocimiento de los derechos que tenemos todos de vivir una vida libre de violencia; y, por otro lado, por falta de esperanza en la justicia donde las cifras de casos resueltos, de victimarios procesados y de víctimas con apoyo integral son mínimas.

Al detectar e intervenir con pacientes, veo la necesidad urgente de concientizar sobre este triste y desgarrador fenómeno, y generar espacios de información para que las personas puedan cambiar su conducta frente al tema; es a este respecto que sugiero el siguiente esquema de avance:

1. Reconocer: síntomas de abuso sexual infantil, detectar niños vulnerables, reconocer personas que puedan ser potencialmente peligrosas.

2. Respetar: enseñar a niños y adolescentes a respetar sus cuerpos y los de los otros. Como adultos no generar violencia física, emocional ni verbal. Cuando un niño revele la verdad, respetar su palabra y creerle.

3. Promover: el cuidado del cuerpo y redes de apoyo, así como romper el silencio en caso de haber sido lastimado. Promover la confianza de niños en los adultos, siempre con respeto.

4. Proteger: mantener y extremar cuidados en niños, niñas y adolescentes. Mantener vigilancia constante.

5. Garantizar: es importante garantizar escuelas, hogares, centros religiosos, etc., seguros.

Parecen sencillas, pero si conseguimos implementarlas en cada espacio donde haya niños, lograremos caminar en una cultura de prevención.

-La autora es laica, Doctora en Psicología por la Universidad de las Américas, investigadora y psicoterapeuta de víctimas de abuso sexual infantil. Profesora de la Universidad Pontificia de México y miembro activo del CEPROME (Centro de Protección al Menor).

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