Artículos, Caminando con el Papa

Cada Papa es ‘correcto’

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

Sí, continuidad

1. La belleza de la doctrina, el consuelo de la esperanza, la alegría de la fe, el sentido de la caridad, los misterios del cristianismo: todo ello representa el pontificado de Benedicto XVI. Francisco es el impulso a dejar la comodidad, la valentía de visitar las periferias, el atrevimiento de tocar la carne y las llagas de Cristo, quien, como dijo un día de 2005 Benedicto XVI: “se abaja con solicitud por nuestra pequeñez e indigencia… Él, con su mirada amorosa y su compromiso eficaz, se dirige a los últimos y a los desvalidos del mundo: ‘Levanta del polvo al desvalido; alza de la basura al pobre'” (1).

2. Seríamos ingenuos si pensáramos quedarnos solamente con la belleza de aquellas palabras. Seríamos muy cómodos de no poner en acción a la Palabra porque hoy esa Palabra actúa a través de cada uno, de aquellos que han recibido el mismo Espíritu del Señor Jesús mediante el Bautismo, que se alimentan de Él en cada Eucaristía, que se mantienen en su amistad en la oración y en la contemplación, pero también en el servicio y en la comunidad: la pequeña comunidad familiar que se extiende a la comunidad eclesial, para servir a la comunidad más grande, esto es, la entera sociedad. Por eso necesitábamos que Papa Francisco viniera para decir:

3. “¡Cuánto daño nos hace la vida cómoda, el bienestar! El aburguesamiento del corazón nos paraliza. Los pobres y abandonados, los enfermos y marginados son la carne de Cristo. ¡No tener miedo ni repugnancia a tocar la carne de Cristo! Esto conlleva no encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, en ese pequeño mundito que nos hace tanto mal. Salir, e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, comprensión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios a través de gestos concretos de delicadeza, de afecto sincero y de amor. ¿Cómo es mi fidelidad al Señor? ¿Estoy atento a los otros? ¿Percibo quién padece necesidad? ¿Veo a los demás como hermanos y hermanas que debo amar?” (2).

(1) Audiencia general, mayo 18, 2005.

(2) Audiencia general, mayo 12, 2013.

II. Glosas y comentarios

El profeta y el pastor

Parece lejano el día cuando el entonces nuevo Papa Benedicto XVI daba su homilía en la solemne Misa de inicio de Pontificado, hace 14 años y medio: “La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia en conjunto, como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios… Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud”.

Se aplaudieron sus palabras, mas no por ello dejó él de parecer como una voz clamando en el desierto. Hubo uno que sí comprendió bien el mensaje y lo ha plasmado en la pastoral de la Iglesia: Papa Francisco. El mismo que habla de Iglesia en salida, de llegar a las periferias físicas y existenciales, que no sólo dialoga sino que abraza a agnósticos, musulmanes, judíos, protestantes y ateos, enfermos, deformes y endemoniados; el que convocó el Sínodo de la Amazonia para ocuparse de las necesidades espirituales y materiales de sus habitantes y para denunciar y hacer algo por la explotación que destruye “el jardín de Dios”.

Benedicto XVI es la voz del profeta; Francisco es el pastor animado por la “santa inquietud de Cristo”.

Pensar

“Cada Papa es ‘correcto’ para su tiempo […] La pregunta es: ¿lo que usted y yo recibimos de nuestros padres todavía es válido para nuestros hijos? Y si es así, ¿cómo podemos hacerlo para que lo recuperen como su propia experiencia? Es la verdad de estas evidencias lo que estamos llamados a redescubrir, tanto con el análisis incomparable del pensamiento de Benedicto como con la gran y solemne laboriosidad de Francisco. […] hay una gran armonía y continuidad entre ellos […]. Siempre debemos interpretar las palabras del Papa Francisco con la hermenéutica de la continuidad” (Cardenal Robert Sarah, para Il Corriere della Sera, octubre 2019).

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