Artículos, Caminando con el Papa

¡Aumenta en nosotros la fe!

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

La humildad de la fe viva

1. Sobre el Evangelio de Lucas (17,5-10) reflexionó el Papa después del Angelus del domingo 6 de octubre. “¡Aumenta en nosotros la fe!”, le piden a Jesús los discípulos.

“Esta es una bella oración que nosotros deberíamos rezar a menudo”, dijo el Santo Padre, recordando que Jesús compara la fe con una semilla de mostaza. Eso significa que “la fe no es soberbia ni segura de sí misma, no se hace la que es una gran creyente… sino que en su humildad siente una gran necesidad de Dios y, en su pequeñez, se abandona con plena confianza a Él”. Sólo así podemos mirar con esperanza “los altibajos de la vida… aceptar incluso derrotas y sufrimientos sabiendo que el mal nunca tiene la última palabra. Nunca”.

2. Se sabe cuándo alguien tiene fe, por su disponibilidad para servir a los demás, tal como el siervo del cual Jesús habla en dicho pasaje evangélico: “Así es el hombre de fe en Dios, se entrega por completo a su voluntad, sin cálculos ni pretensiones. Esta actitud hacia Dios se refleja también en el modo en que nos comportamos en comunidad… en la alegría de estar al servicio unos de otros”.

La humildad de la fe se constata al final del relato, cuando Jesús les enseña a los discípulos: “Ustedes [como el siervo de la parábola], cuando hayan hecho todo lo que se les ha ordenado, digan: Somos siervos inútiles. Hicimos lo que teníamos que hacer. ‘Servidores inútiles’, es decir, sin pretensiones… sin reclamos… Es una expresión de humildad y disponibilidad, ¡que hace tanto bien a la Iglesia!, y recuerda la actitud correcta para trabajar en ella: el servicio humilde, del cual Jesús nos dio el ejemplo lavando los pies a los discípulos”.

II. Glosas y comentarios

La Reina de la Paz, Benedicto XV y Francisco

1. Durante la primera guerra mundial se comenzó a invocar a María con el título “Reina de la Paz”, añadido a las letanías lauretanas.

Fue el Papa Benedicto XV, el mismo pontífice que ofreció su vida por el fin de aquella guerra, quien dirigiéndose a todos los católicos les pidió rogarle a la Santísima Virgen María que les alcanzara la paz del mundo. De su propia mano escribió a la Madre de Dios una súplica, a través de la carta con fecha 5 de mayo de 1917: “Que, ahora más que nunca, en esta hora espantosa, esta petición de Sus hijos más afligidos se vuelva viva y confiada hacia la augusta Madre de Dios”.

2. Deseaba el Papa, llamado después “el Papa de la Paz”, que se recurriera al Corazón de Jesús por mediación de María, Madre de todas las gracias, y para ello la nombró Reina de la Paz. Hace algunos años esta dulce invocación se repetía tres veces al final del Rosario. No estaría nada mal retomar la costumbre, especialmente mirando los tiempos que corren tan semejantes a aquellos. Por eso hoy, como antes lo hizo Benedicto XV, Francisco exhorta a los fieles a suplicarle a la Madre de Jesús que nos alcance la “paz para el mundo, sabiduría para los gobernantes y fe y unidad para las familias”. Tal fue su mensaje del pasado 9 de octubre, durante la audiencia general.

3. También con motivo del mes del Rosario, como ha hecho en otras ocasiones, pidió que esta oración sea meditada a diario, porque “las gracias implícitas” que esconde “son salvíficas…  llevan a los hombres a la felicidad en el cielo” (2).

Octubre es además mes misionero, y así como antes Benedicto XV invocó a María Reina de la Paz y dos años después proclamó la Maximum illud sobre la vocación misionera de la Iglesia, Francisco quiere recordar con este mes misionero extraordinario los 100 años de dicha Encíclica, porque “la oscura marea del odio crece más y más entre las naciones beligerantes y arrastra a otros países… multiplicando las ruinas” (1). Pide imitar “el celo y el impulso misionero de la Virgen, para que cada cristiano sea anunciador de Cristo -Príncipe de Paz- en cada ambiente de su vida” (2).

(1)Benedicto XV, mayo 5, 1917

(2)Francisco, Audiencia octubre 9, 2019

Pensar

Oren con el Santo Rosario, pide el Papa:

“Con el Rosario, la Virgen María nos acompaña para que Cristo obre en nuestra vida, nos consuela en el dolor, nos hace experimentar la cercanía de Dios también en las familias… Deseo recomendar el rezo del Santo Rosario. Esta oración mariana sea para ustedes, queridos jóvenes, ocasión para penetrar profundamente en el misterio de Cristo que obra en nuestra vida; amen el Rosario, queridos enfermos, para que dé consolación y sentido a vuestros sufrimientos. Que para ustedes, queridos recién casados, se vuelva ocasión privilegiada para experimentar aquella intimidad espiritual con Dios que funda una nueva familia”. (Audiencia general, octubre 25, 2017).

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