Comentario al Evangelio

Vivamos con sencillez y humildad

Comentario al Evangelio del XXII Domingo Ordinario (Lc 14,1.7-14)

Por: P. Marco Antonio Estrada Rojas

En el Evangelio de este domingo el Señor Jesús nos brinda una enseñanza fundamental para la vida del creyente. Podemos notar en el texto la pedagogía que Cristo utiliza: aprovechando la situación en la que se encuentra, el Maestro obtiene y ofrece la riqueza de un nuevo precepto, en este caso la vivencia de la sencillez y la humildad.

Cristo, atento a lo que lo rodeaba, percibe la actitud de los convidados a la comida en casa de uno de los jefes de los fariseos, quienes buscaban ocupar los primeros lugares. Dirigiéndose a ellos les dice una parábola, la cual podemos resumir con la última frase: “El que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla será engrandecido”.

El discípulo de Jesucristo debe seguir su ejemplo, pues Él -como dice San Pablo- no se aferró a sus privilegios y a su condición divina, sino que se anonadó (se hizo nada) a sí mismo. Podemos descubrir que la humildad es la actitud con la que el Señor vivió, desde el inicio hasta el final. Se encarnó y nació en la humilde familia de José y María, despojado de toda riqueza y en medio de un establo. Vivió en un humilde pueblo llamado Nazaret desempeñando un humilde trabajo. Se rodeó y formó una comunidad con gente sencilla y humilde: pobres, pecadores, enfermos y despreciados por los demás. Y por último entregó su vida en la cruz, tipo de muerte reservada a los peores y más despreciables criminales.

Por lo tanto, no sólo con sus palabras sino con su ejemplo Cristo nos invita a vivir con Humildad y Sencillez, no buscando la grandeza, los privilegios o el poder que dan los primeros lugares. En este tiempo, el pensamiento de una parte de la sociedad promovía a que se buscaran esos “primeros lugares” para ocuparlos. Escritos con comillas, pues equivocadamente se les identifica con: El éxito monetario o material, los puestos y cargos públicos o empresariales, el poder proveniente de la política o el crimen organizado, los títulos o prestigio que da la fama o el desempeño educativo mal entendido. Todo esto y más, que en muchas ocasiones se conquista por medio del egoísmo que lleva a lastimar la dignidad de los demás.

En la vida de Iglesia de muchos de nosotros, que ocupamos algún cargo o servimos en un ministerio, se presenta también la tentación de querer ocupar los “primeros puestos” para poder mandar a los demás y que hagan lo que nosotros queremos; queremos adueñarnos de los ministerios o incluso de los lugares donde celebramos y vivimos nuestra fe, incluso decidimos quién sí y quién no puede servir. Recordé un comentario en forma de broma que le escuché a un maestro sacerdote; él dijo que en su parroquia no mandaba, que lo hacían un grupo de personas que eran los “párrocos”.

El creyente y discípulo de Jesús Maestro, iluminado por el Espíritu Santo y lleno de su sabiduría, debe vivir con humildad y sencillez, siendo de los últimos y más pequeños entre los hermanos. Viviendo de esta manera se comparte con el prójimo lo que Uno es y también los bienes que Uno tiene, sin querer buscar recompensas o ganancias lucrativas.

Los auténticos primeros lugares, se conquistan con la humildad, la sencillez, el servicio y sobretodo con la caridad motivada por el amor, la esperanza y la fe. ¿Qué lugares buscas u ocupas? ¿Qué es lo que te mueve a ocuparlos? ¿Sigues el ejemplo de Jesús? Pide su Espíritu para que vivas según sus enseñanzas, cumpliendo la voluntad del Padre.

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