Editorial, En tinta china

Sentimientos mexicanos

En tinta china

Por: Luis Efrén

Aunque les cueste a muchas personas hoy en día desligar a la Iglesia Católica de la Historia de México, hacerlo sería como separar el CPU de una computadora de su monitor. No podemos negar el gran papel que realizaron mujeres y hombres de buena voluntad en los años cuando México aún pertenecía a España; la prueba está en los billetes, con las caras famosas de una monja y de dos sacerdotes. No se diga el nombre que adoptó en 1812 el insurgente José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, quien el 10 de octubre de 1824 se convirtió en el primer presidente de México con el nombre de Guadalupe Victoria. Guadalupe, por su devoción a la Virgen Moren, y Victoria por la que obtuvieron en la toma de Oaxaca, precisamente en 1812.

Por todo ello, el domingo 15 y lunes 16 de septiembre son días en que nos sentimos más mexicanos -además del 12 de diciembre, fiesta de la Virgen de Guadalupe-. Desde la asistencia al “Grito” en las principales plazas públicas, hasta el posterior desfile militar y cívico; desde las vestimentas que usamos, la comida que consumimos, la bandera en la casa o en el carro y las que pintamos en los cachetitos de los niños, hasta los programas de televisión y radio con su música muy mexicana. Todo ello es parte de un proceso de identidad nacional que se fue forjando antes del Movimiento Independentista.

Estos días nos olvidamos por completo de las incompetencias o intenciones dudosas de los que gobiernan y nos unimos a ellos cuando arengan la bandera y gritan: “¡Viva México!”. Así somos los mexicanos, nos encanta la fiesta y espero también la patria. Y es bueno, sobre todo porque para quienes profesamos la fe católica, cada semana es una gran, grandísima fiesta: la Eucaristía. Festejamos y conmemoramos el triunfo del Señor sobre los poderes del mal. La Eucaristía semanal es el momento más preciado para todo el que se dice católico y profesa la fe; por ello es aún mejor que en la Eucaristía de este domingo 15 oremos por la Patria, por sus gobernantes y todos aquellos que tienen trascendental opinión e influencia en la vida del país, para que esas personas investidas con autoridad, dada por el mismo pueblo a través de las elecciones, busquen siempre el progreso de la patria, gobiernen por caminos de justicia, paz y reconciliación.

Pero también es momento de orar no solamente por las autoridades, sino por todos los mexicanos, para que actuemos en los marcos de las leyes y buenas costumbres, así como por miles de hermanos que están entre nosotros y pertenecen a otras naciones, que en su paso por aquí se vean beneficiados por acciones que respeten su dignidad de personas y migrantes. Hermanos, ante todo, busquemos siempre el bien de los demás, y a nosotros, Dios nos conceda la paz.

Que el Señor dirija nuestros pasos.

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