Santo de la Semana

San Sosso

La recopilación de las diversas fuentes hagiográficas -entre éstas el Martirologio de San Beda el Venerable- ha permitido esbozar un relato bastante confiable sobre la vida de Sosso (también llamado Sossio), quien nació el año 275 en Miseno (Campania, Italia), en el seno de una reconocida familia cristiana con amigos y contactos en Pozzuoli, en Nápoles, en Roma y en Benevento.

De sus primeros años poco se sabe; sin embargo, su fama como uno de los animadores más ardientes de los primeros grupos cristianos en Miseno se extendió a posteriori entre las comunidades griegas y entre las africanas, según atestigua esto último una obra del Obispo cartaginés San Quodvultdeus (+450), discípulo de San Agustín.

El autor Juan Diácono lo llamó “el hombre en quien florecían todos los carismas de la Gracia”, para demostrar la reputación de santidad que disfrutaba en vida, incluso varios prelados ilustres se allegaron a Miseno con el fin de recibir consejo por parte del joven y brillante diácono Sosso.

El Papa San Símaco (498-514), en un epígrafe dedicado a él en la basílica del Vaticano, lo muestra celosísimo hasta el sacrificio y tan lleno del Espíritu Santo que su consejo también fue solicitado por el gran obispo de Benevento San Genaro, a cuya figura aparece la de Sosso fuertemente unida por un profundo vínculo de amistad.

El año 304, durante una de esas visitas, San Genaro celebraba la Santa Misa del tercer domingo de Pascua, y mientras Sosso leía el Evangelio el obispo vio aparecer sobre su cabeza una llama similar a la que descendió sobre los Apóstoles el día de Pentecostés; entonces reveló a los asistentes la visión y abrazó al joven, profetizándole su futuro martirio.

Ese mismo año la Iglesia de Miseno representó un punto de referencia para los cristianos que huían de donde se desataba más violentamente la persecución ordenada en 303 por el emperador Diocleciano, ya que acudían a Sossio para recibir ayuda en su camino a Roma. Sin embargo, cuando los edictos imperiales se publicaron también en Campania, hubo muchos cristianos que sufrieron el martirio en toda esa región y en especial en Miseno, por ser la sede de la flota pretoriana imperial. Mas no por ello Sosso limitó su labor evangélica; por lo contrario, continuó con fervor predicando la Palabra de Cristo contra los falsos ídolos.

Traicionado por informantes, fue llevado a prisión en Pozzuoli y torturado para hacerle abjurar de su fe. El propio San Genaro, consciente del peligro al que se exponía, no dudó en visitarle en la cárcel y en esa ocasión fue también encarcelado.

Todos los prisioneros estaban destinados a ser alimento para las bestias en el anfiteatro de Pozzuoli, pero una serie de eventos milagrosos no permitieron ejecutar la sentencia. Finalmente fueron conducidos a la cárcel de Solfatara, donde murieron decapitados el 19 de septiembre del año 305.

El cuerpo de Sosso fue trasladado a Miseno el 23 de septiembre -día de su conmemoración- y posteriormente fue objeto de varias traslaciones; actualmente sus restos reposan en la parroquia principal de Frattamaggiore, ciudad de la que es co-patrono.

San Sosso de Miseno

(275-305)

Diácono y mártir el cual, al desear proteger de la muerte al Obispo San Genaro de Benevento, consiguió también él mismo el martirio con igual precio y gloria. En vida gozó de la admiración de sus contemporáneos y dado el ardor de la proclamación de la palabra evangélica fue señalado como digno ejemplo para muchas comunidades, algunas tan distantes como las griegas y las africanas, adonde llegaba su testimonio gracias a los navegantes que arribaban al puerto de Miseno (Italia).

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