Santo de la Semana

San Mauricio

Mauricio Duault nació en el pueblo de Kerbarth en Croixanvec (Loudéac, diócesis de Saint-Brieuc, en la Bretaña Menor francesa), hacia el año 1115.

Aunque se desconoce su genealogía, sus padres eran personas modestas que consiguieron darle una buena educación, ya que pudo cursar estudios en París y obtener el título de teólogo que, aunado a sus muchas virtudes, le valió el conseguir algunos beneficios eclesiásticos.

Tras la Ordenación sacerdotal le fue otorgada una parroquia; sin embargo, no obstante ser un hombre muy capaz y que ante él se abría una brillante carrera, al poco tiempo lo dejó todo: prefirió seguir cultivando su vida espiritual y tomar el hábito cisterciense en la abadía de Langonnet (Morbihan, también en la Bretaña francesa), abandonando así los peligros que suponía para alguien con sus cualidades el permanecer en el mundo.

Por entonces se hallaba en todo su apogeo la reforma a la Orden del Císter y Mauricio, quien a la sazón tendría unos 25 años, se entregó tan apasionadamente a la conquista de la perfección, que dejó atrás a todos sus compañeros. Según se dice, fue elegido abad apenas tres años después de hacer la profesión, y su prestigio de hombre justo y su fama de santidad traspasó pronto los muros del monasterio, lo cual le llevó a ser mediador entre el noble local y el obispo por asuntos de tierras.

Sus esclarecidas virtudes de prudencia y sabiduría llegaron igual a oídos del duque de Bretaña Conan IV, quien le comisionó para difundir la cultura, el arte y la sabiduría en sus dominios. Asimismo le otorgó terrenos en el bosque de Carnoët, en la diócesis de Cornouaille, para que fundase un monasterio que, concordando perfectamente con la tradición cisterciense, además de ser un centro de cultura y saber estuviese abierto al cultivo. Señala la tradición que dicho paraje era un lugar inhóspito, hostil y pantanoso, poblado de serpientes, ratas y lobos, mas el santo abad les ordenó irse y los animales obedecieron; ahí se construyó el famoso monasterio dedicado a Nuestra Señora (Notre-Dame de Carnoët), que con el paso de los años recibió el nombre del fundador, siendo para épocas posteriores una gloria de la Iglesia y de Francia hasta que, en la Revolución Francesa, los monjes fueron expulsados y el edificio saqueado, desacralizado y finalmente destruido casi en su totalidad; actualmente se conservan interesantes elementos arquitectónicos en un espléndido marco natural.

Gobernó el monasterio de Carnoët hasta su muerte, ocurrida cerca de quince años después, el 29 de septiembre de 1191 a los 76 años de edad.

En vida se atribuyeron a la intercesión del abad Mauricio varios milagros, como convertir el agua en vino, y muchos más después de su muerte a quienes se acercaban en peregrinación a su tumba: curación de enfermos -especialmente niños y epilépticos-, liberación de personas poseídas por el demonio, etc.

Su culto tanto en la Orden cisterciense como en las diócesis de Quimper, Vannes y su natal Saint-Brieuc, data de muy antiguo, y fue aprobado por el Papa Clemente XI (1700-1721).

Su conmemoración litúrgica se inscribe el 29 de septiembre.

San Mauricio de Carnoët

(1117-1191)

Monje cisterciense y abad, primero del monasterio de Langonnet y después del de Notre-Dame de Carnoët, fundado a instancias suyas en la diócesis de Cornouaille, en la Bretaña (Francia), en cuyo gobierno se distinguió por su prudencia y sabiduría que se extendió más allá de los muros del monasterio. Murió en olor de santidad, por lo que su culto data desde antiguo no sólo en la Orden del Císter sino también en otras diócesis.

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