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Recibe a más de cuatro mil catequistas Diócesis de Tarahumara

Un éxito total el V Encuentro Provincial

Por: Patricia Carrillo Gómez

Esta es la fuente donde el redentor ofrece la vida para el catequista y eso a la vez acrecienta, orienta e ilumina su caminar; la meta es donde llegan los frutos de la misión de la Iglesia” (Sor Juana Laguna, HMSP).

El 31 de agosto las Barrancas del Cobre se vieron adornadas de seis vibrantes colores: morado, azul, naranja, amarillo, rojo y verde, que portaban representantes de las distintas diócesis de la Provincia Eclesiástica de Chihuahua, en tanto que la diócesis de Tarahumara, encabezada por su obispo Monseñor Juan Manuel González Sandoval, era la sede del V Encuentro Provincial de Catequistas 2019.

Desde las 8 de la mañana empezaron a llegar los camiones que transportaban a los catequistas, que gozosos esperaban el arranque de este magno evento. Al llegar a la Concha Acústica del lugar  ya los estaba esperando un gran grupo de animación que, alegremente, entonaba el canto lema seguido por casi una hora de alabanzas. Se llegó entre los cantos la hora de la Sagrada Eucaristía, presidida por Monseñor Juan Manuel y concelebrada por el obispo de Cuauhtémoc-Madera, Monseñor Juan Guillermo López Soto, así como por el P. Clodomiro Siller Acuña, del Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas, AC (CENAMI). Les acompañaron sacerdotes y diáconos de todas las diócesis chihuahuenses.

El Obispo de Tarahumara dio la bienvenida a los ahí presentes: “¡Bienvenidos a nuestro quinto encuentro de catequistas!, nos sentimos muy agradecidos con su presencia en este lugar tan bello, con este sol radiante y quizás más tarde una buena lluvia para que nos refresque, y con todo lo que traemos dentro lo ponemos aquí, sobre este altar. Damos la bienvenida a Monseñor Guillermo… que nos acompaña y se hace uno con nosotros para seguir caminando juntos hacia la casa del Señor. También al padre Clodomiro Siller Acuña, quien viene del CENAMI de de Ciudad de México para acompañarnos y darnos una gran descripción del acontecimiento guadalupano. Él es un especialista en la Santísima Virgen María, pero más que desde la ciencia, desde el corazón y eso es lo más importante; por eso lo invitamos y aquí está presente. También agradezco a todos ustedes por su esfuerzo y el sacrificio que hicieron de venir a este lugar. ¡Qué mejor que contemplando en la naturaleza la  grandeza del Señor! Pero sobre todo en la Eucaristía”.

Finalizada la Santa Misa siguieron las dos interesantes ponencias por parte de los PP. Clodomiro L. Siller y Héctor Martínez, quienes tuvieron cautivos a los ahí presentes con sus interesantes charlas. Se dio paso después al también muy esperado concierto -exclusivo para los catequistas- del cantautor costarricense Martín Valverde, quien por un poco más de dos horas, entre cantos, alabanzas y prédicas llevó al borde de las lágrimas a los cientos de asistentes a la Concha Acústica del lugar.

Juanita Laguna, misionera servidora de la Palabra y conductora del Encuentro, expresó que éste “fue una invitación para todas las familias de los catequistas, pensando en que la manera en que se organizó se prestaba para convertirse en una experiencia de fe al lado de los seres más amados; nos sentimos jubilosos de que el número de asistentes haya rebasado el esperado, eso es una bendición de Dios”.

Testimonio de una vocación

Mary Aguirre tiene 38 años como catequista en la parroquia Cristo Rey, Chihuahua, y quiso compartir a nuestros lectores cómo fue llamada: “Estoy en la Catequesis infantil porque estoy enamorada de Jesús, María y los niños. Tengo siete hijos, ellos crecieron ahí, dentro de la Catequesis; pero tengo también un hijo especial, el que hizo que yo esté aquí. Cuando él tenía siete años acudí a una Misa de las que celebraba el P. Toño Ramírez (+) para sanación de enfermos. Esto porque mi hijo tomaba muchos tipos de medicina y usaba pañal. Aquel día, cuando empezó la oración el padre dijo: ‘alguien aquí tiene mucha fe y gracias a ella el Señor ha sanado a su hijo’. No me imaginaba que fuera yo; mi hijo empezó a llorar mucho, y al tratar de calmarlo, me dijo que Jesús le había pedido que me dijera que ya no le diera pastillas ni le pusiera pañal porque estaba curado. Entonces vi venir al padre, y me dijo que no le diera nada y confiara en Dios. De regreso a casa iba muy gozosa. Esa noche no le di medicamento ni le puse el pañalito. Mi sorpresa fue muy grande cuando vi que mi hijito se durmió plácidamente y al día siguiente ya no estaba la cama mojada. Fui a Misa, a dar gracias, y el P. Toño me comentó que no había catequistas que quisieran recibir a niños como el mío. Nos invitó a serlo, y yo estaba tan feliz y agradecida con Dios, que corrí donde estaban anotándose para preparase de catequistas. Desde entonces hasta el día de hoy soy catequista de niños especiales. Mi hijo tiene 50 años y no tomó medicinas jamás”.

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