Comentario al Evangelio

Pero yo, ¿qué puedo hacer?

Comentario al Evangelio del XXVI Domingo Ordinario (Lc 16,19-31)

Por: Diác. Jorge Alberto Nájera

El Señor constantemente nos muestra el camino para que no nos perdamos el Cielo; por tanto, no hay peor desgracia para el ser humano que experimentar la ausencia de Dios, que el alma no encuentre paz ni reciba la mirada de Aquel que lo ha creado y le ha amado hasta el extremo. Hoy, a través de este evangelio, nuestro Señor nos sigue animando a caminar por la senda del bien, y quiere abrirnos no sólo el entendimiento sino el corazón, darnos una enseñanza de cómo volcar nuestra misericordia hacia el hermano.

La riqueza del mezquino Epulón representa nuestro egoísmo, el total encierro en las comodidades y satisfacciones que no nos permiten salir y ver quién sufre, quién de nuestro entorno necesita de nosotros. Este hombre rico tenía muy cerca al pobre Lázaro, en la misma puerta de su casa; enfermo, hambriento, estaba tan necesitado que posiblemente deseaba mejor morir que seguir viviendo sus días de forma tan deplorable.

Imaginemos cómo pudo haber cambiado la vida de ambos, tanto en este mundo como en el venidero prometido por Dios para todos los que lo deseen alcanzar, si este hombre rico hubiera mostrado una pizca de compasión. Para el rico Epulón sólo era cuestión de voltear a ver a Lázaro, pero como lo tenía “todo”, no batallaba por nada, sus seguridades se convirtieron en una venda que le mantenía cegado y en una anestesia espiritual que no le permitía la más mínima sensibilidad del alma.

Nosotros también corremos el riesgo de que nos pase lo mismo, ya que llevar una vida contraria a la voluntad del Señor hace que cambiemos el rumbo para llegar al Padre, borrando el que Él mismo ha trazado. Pudiéramos identificarnos con este hombre rico -y no quedar exentos por el hecho de no tener una abundante solvencia económica- cuando desde nuestra modesta clase social no sabemos compartir con el hermano tanto el alimento material como el espiritual. ¿Pero yo qué puedo hacer? Ser paciente y comprensivo en la escucha del que quiere desahogar una tribulación, ofrecer una sonrisa acompañada de un “buenas tardes” y un apretón de manos al que pide afuera de un centro comercial, visitar a un enfermo llevándole consuelo y fortaleza con la Palabra de Dios, desprenderme un poco de mis actividades para ir a orar ante el Santísimo por todos los que andan en vicios, por los que sufren, por los privados de su libertad… ¡Cuántos Lázaros ven con antojo lo que disfrutamos nosotros!, incluso podemos decir que no sólo somos ricos, ¡somos millonarios por haber encontrado a Dios!, pero si no derramamos el amor de Jesús presente en nuestras vidas con los cercanos: la familia, los vecinos, en las parroquias, con el que nos topamos diariamente en la calle, de nada nos sirve tanta riqueza.

Que el Espíritu Santo sensibilice nuestro corazón para tener los mismos sentimientos de Cristo y poder ver en aquellos más carentes su divina Persona.

Share this Story
  • Comentario al Evangelio

    Pero yo, ¿qué puedo hacer?

    Comentario al Evangelio del XXVI Domingo Ordinario (Lc 16,19-31) Por: Diác. Jorge Alberto Nájera El Señor constantemente nos muestra el camino ...
Load More Related Articles
Load More In Comentario al Evangelio

Check Also

Viven adolescentes un Congreso ¡de película!

Derroche de talento en el XXII Congreso Católico ...

Anuncio