Artículos, Por qué soy católico

Los verdaderos hermanos de Jesús

Por qué soy católico

Por: Paco Pérez

PREGUNTA: Un hermano protestante me asegura que María tuvo más hijos pues la Biblia nos habla de los hermanos de Jesús. Él me mostró el sitio dónde está esto, que es Mateo 12,46-50. Ahora creo que Jesús efectivamente tuvo hermanos, ¿qué piensa usted?

RESPUESTA: Yo también así lo creo, pero eran de los postizos, advenedizos y escurridizos. Eran hermanos entrecomillados. Sabían distinguir las formas y los tiempos, como dicen los políticos. Pienso que Jesús tenía muchos hermanos a la hora de la multiplicación de los panes, pero todos se le desaparecieron en el Calvario. Se dan, pues, muchos tipos de hermanos y conviene distinguir:

Siempre hay hermanos bastantes

pero son muy diferentes:

están nuestros adherentes

y los hispanoparlantes,

hay “harbanos” comerciantes,

y hay hermanos sedicentes,

hermanos que son creyentes,

y hasta hermanos protestantes.

Pero en el lenguaje de antes

“hermanos” eran “parientes”.

Elasticidad

Jesús y sus discípulos hablaban el idioma arameo. La palabra ‘hermanos’ se usaba para designar a los hermanos carnales, pero también se usaba comúnmente para referirse a la parentela. Esto no tiene nada de extraño pues, incluso ahora, las palabras tienen un uso a veces restringido y a veces amplio. Por ejemplo, con la palabra “primos” algunos se refieren a los estadounidenses y algunos la aplican a todos los primates. Y ahí tiene que usted llama hermano al protestante que menciona en su pregunta, con toda naturalidad.

Si no se toma en cuenta ese carácter elástico del lenguaje que permite llamar “estrellas” a los artistas, “cielo” a la mujer amada y “burros” a los duros de entendederas, muchos textos (incluida la Biblia) se vuelven incomprensibles y a veces engañosos; por ello hay quienes aseguran que el uso de imágenes es pecaminoso cuando en realidad lo que se prohíbe en la Biblia es la idolatría.

¿Quién es mi madre?

Concretamente el texto al que se refiere la pregunta es el siguiente: “Todavía estaba hablando a la multitud, cuando se presentaron su madre y sus hermanos, que estaban afuera, deseosos de hablar con él. Uno le dijo: ‘Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablar contigo’. Él contestó al que se lo decía: ‘¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos?’. Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: ‘¡Ahí están mi madre y mis hermanos! Cualquiera que haga la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre'” (Mt 12,46-50).

En otro sitio, el evangelio de Mateo menciona que cuando predicaba a los de su pueblo, ellos se preguntaban asombrados: “¿De dónde saca éste su saber y sus milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros?” (Mt 13,54-56).

Muchos se han preguntado cuál es la exacta relación de Jesús con los mencionados “hermanos”, pues el evangelio habla de ellos en forma muy escueta. Una pista la proporciona el mismo evangelio de Mateo al hablar de las mujeres que acompañaban a Jesús en la cruz: “Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mt 27,56).

Santiago y José son obviamente los que se mencionan como hermanos de Jesús pero, ¿quién es esa María, su madre? No se trataba de la misma madre de Jesús pues ella ocupaba un lugar privilegiado en la escena y era nombrada aparte. El evangelio de Juan narra que “junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena” (Jn 19,25). Esta María de Cleofás, señalada como hermana de la Madre de Jesús, es entonces la de los llamados hermanos de Jesús, lo cual los convierte en sus primos. La misma María no es probable que fuera hermana carnal de la Madre del Señor, pues sería extraño que dos hermanas se llamaran igual. La tradición nos dice que también se trataba de primas.

Al pie de la letra

Desde luego que esa explicación no es aceptada por algunos hermanos separados, que son muy apegados a la letra. Hay algunos que donde dice que “Jesús recorrió TODA Galilea” (Mt 4,23) entienden que tuvo que haber pisado cada centímetro cuadrado de la región; hay quienes afirman que Cristo creía en la licantropía porque afirma de algunos que “por dentro son lobos feroces” (Mt 7,15); y otros más que predicaba la reencarnación porque decía que “Juan era el profeta Elías que había de venir” (Mt 11,14). Con ellos es difícil entablar diálogo y más que razonar nos tenemos que resignar. No son capaces de entender el sentido a veces metafórico de los términos.

Aunque generalmente no llegan a tanto pero, como en este caso, cuando los textos pueden ser usados en contra de lo que la Iglesia dice de la Virgen María, se ponen rígidos e inflexibles: les sale lo acartonado de su fundamentalismo.

Lo curioso es que, por el contrario, los textos que con tanta claridad hablan de la Iglesia, el primado de Pedro, el perdón de los pecados, la Eucaristía, son interpretados con artificios tan retorcidos que quedan como chicle masticado; no los tragan, nomás creen quitarles el sabor y los tiran a la basura.

Son como aquellos “hermanos” de Cristo: se ponen muy contentos, como en la multiplicación de los panes, cuando reparten salvación; pero muy pronto salen corriendo, como ante la cruz, cuando oyen de Eucaristía (ver Juan cap. 6) o de Confesión.

Mal haría yo en declararme libre de un vicio semejante. Somos convenencieros. Tendemos a lo cómodo y a lo superficial. Por eso estoy convencido de la necesidad de que la Iglesia nos aclare, corrija e invite a la penitencia y a la conversión: “El que a ustedes oye, a mí me oye”. Cuando hagamos, en todo, la voluntad del Padre, seremos los verdaderos hermanos del Señor (Mt 12,50).

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