Grandeza de la persona humana

Retazos de una Conferencia de Bioética (parte I)

Por: Cristina Alba Michel

El sábado 24 de agosto, en el Colegio Everest de Chihuahua, tuvo lugar el Seminario de Bioética impartido mediante videoconferencia por Marco Antonio Gracia Triñaque, maestro en bioética por la Universidad Libre Internacional de las Américas y miembro de la Dimensión Vida de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

A cargo de Escuela de la Fe, la ponencia se organizó en tres temas: “La grandeza de la persona humana”, “El inicio de la vida”, “El aborto y sus implicaciones”.

En colaboraciones sucesivas compartiré una reseña sobre los aspectos principales de cada tema. Aclaro que lo aquí contenido no es de mi autoría, sí lo organicé y complementé para ustedes.

Introducción

“Los globos no flotan por su color, sino por lo que llevan dentro”.

El hombre, sin importar su sexo, raza, tono de piel, religión, edad, etc., lleva en sí su dignidad de persona humana, la cual le otorga derechos inalienables, SUS derechos inalienables. Efectivamente, los derechos humanos no los regala ningún Estado, Gobierno, Jurado, etc., sino que le pertenecen a cada persona desde el momento de la concepción hasta la muerte.

Hoy, cuando los androides -máquinas que parecen humanos- son una realidad, consideremos: un androide permanece en el tiempo; el hombre permanece en la eternidad.

El poeta de la Grecia clásica, Píndaro (518-438 aC), exhortaba: “Llega a ser lo que eres”. ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuál es mi misión?, ¿por qué y para qué existo? Todo esto se pregunta el hombre, haciéndonos ver que, si es capaz de estas preguntas, de reflexionar sobre sí mismo, entonces no es producto de una casualidad, del azar.

Más aún, hablar del “azar” de la existencia sería como mezclar un montón de letras en un bote, y que de ahí naciera El Quijote de la Mancha

1. El concepto “persona”

a) En primer lugar, el concepto persona define lo más específico del hombre, aquello por lo cual somos un QUIÉN y no un ALGO ni un QUÉ.

Etimológicamente, la palabra persona viene del etrusco, phersu, y significa “carácter”, “personaje”, “papel”, “máscara”. Las representaciones teatrales del antiguo mundo griego requerían usar máscaras porque el número de actores no bastaba para representar todos los papeles, por ello se usaban para variar los personajes, pero también servían esas máscaras para amplificar la voz y ser escuchados por todos los asistentes.

b) Con la llegada del cristianismo y el surgimiento del problema sobre “cómo explicar la Trinidad”, la Iglesia tomó el concepto de persona para explicar al Dios Uno y Trino, una sola Naturaleza Divina pero Tres Personas distintas.

c) El concepto “persona” engloba espiritualidad, corporeidad, afectividad, mundanidad, sociabilidad y lenguaje.

d) La persona humana es capaz de auto realizarse y auto determinarse, esto es, puede tomar sus propias decisiones, es libre, a diferencia de los animales que actúan por instinto: comen, se reproducen, se protegen, atacan, etc., por instinto. El hombre tiene la capacidad de decidir qué hace (y qué no hace), cómo, cuándo, por qué, para qué, con quién…

Las decisiones, las buenas decisiones, sólo pueden tomarlas quienes razonan; pero también, por tener libertad y decisión sobre sus acciones, el hombre puede des-humanizarse y el animal no puede “des-animalizarse”.

2. La persona como respuesta

a) Ontológicamente hablando -esto es, desde el estudio del “ser”-, la persona humana es capaz de responder a esa llamada del ser de cada uno, a ser cada uno.

Además, la persona es una respuesta en relación al ser de otros, esto es, nos construimos en base también a la existencia de los demás. Es el sentido social de la persona.

La persona tiene también un sentido teológico, porque nadie se da la vida a sí mismo, sino que Dios le da la vida. [Hablamos de Dios, aunque todavía desde la Filosofía y no desde la Fe].

b) Según la Filosofía, y ya que hablamos del Absoluto y de la persona humana en relación a Él, recordemos al filósofo francés Blaise Pascal, quien apostaba a la existencia de Dios “aun considerando que apostar por Él es 50% y apostar por su no existencia es otro 50%”. Siempre es mejor creer que no creer, porque, “si creo, muero y Él existe, lo gano todo; si creo, muero y no existe, no pasa nada; pero si no creo, muero y existe, lo habré perdido todo” (Cf. Pascal, Pensamientos“, vol. III).

c) La primera definición de persona [en su sentido teológico] la hizo Boecio. Dice: “La persona es una sustancia individual de naturaleza racional”. Individual significa que en sí mismo se pertenece a sí mismo. En cuanto a la naturaleza racional, ésta es lo que la distingue, lo que hace que en este mundo sólo los humanos puedan considerarse personas. Todo humano es persona, por ser humano.

d) La racionalidad está en el alma, esto es, en la parte espiritual del ser humano. Por esa racionalidad que está en su alma, la persona puede USAR su cerebro, pero no es el cerebro el que crea la racionalidad. MÁS AÚN: la racionalidad no requiere estar presente como operación en acto. Esto significa que cuando un individuo humano duerme, o está intelectualmente disminuido, o está en coma, en etapa embrionaria, o en otra situación donde la conciencia esté apagada o disminuida, sigue siendo racional, luego sigue siendo persona.

e) Así pues, la persona humana es un ser corpóreo (cuerpo) y espiritual (alma). Considerada el alma desde el punto de vista de la Filosofía. Y que la realidad espiritual existe, se demuestra con un sencillo ejemplo: muchas veces duelen más las palabras que algunas acciones físicas semejantes.

f) Luego no es difícil aceptar, desde la Filosofía, que la persona humana ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, una imagen que lógicamente está plasmada en su alma. Por ello, si el cuerpo muere, el alma permanece porque Dios, que es un ser espiritual, es eterno. Así, la persona humana está llamada a permanecer en Dios o sin Dios.

Llamada a permanecer, la persona humana es un sujeto y no un objeto; es un fin en sí mismo y no un medio para algo. Luego, cuando amamos a la persona le damos lo que le corresponde, y cuando la usamos le damos estatus de objeto.

Pero, aunque la persona es un fin EN sí mismo, no es fin DE sí mismo sino de Dios, que le dio el ser.

“El hombre, sin importar su sexo, raza, tono de piel, religión… lleva en sí su dignidad de persona humana, la cual le otorga derechos inalienables, SUS derechos inalienables.

Efectivamente, los derechos humanos no los regala ningún Estado, Gobierno, Jurado, etc., sino que le pertenecen a cada persona desde la concepción hasta la muerte”.

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