Comentario al Evangelio

El uso correcto de los bienes

Comentario al Evangelio del XXV Domingo Ordinario (Lc 16,1-13)

Por: P. Silvestre Méndez Morales

El pasaje forma parte de la segunda etapa del viaje de Jesús hacia Jerusalén, donde sigue predominando la enseñanza del Señor a los discípulos con el fin de ir delineando la figura del verdadero y auténtico creyente, como también la imagen de la comunidad cristiana. En esta parte desde el inicio (13,22) se subraya el tema del amor, el banquete del amor como signo del inmenso amor de Dios.

Jesús nos pone frente a los valores importantes, los que trascienden a esta vida y a este mundo. Así, la parábola con la que inicia el pasaje es para enseñar que el discípulo ha de ser astuto como el administrador infiel de la parábola, que supo hacerse de amigos con los bienes que no eran suyos sino de su amo, y que eran bienes de este mundo con los que se estaba preparando para cuando tuviera que comparecer ante Dios en el juicio final.

El evangelista considera la riqueza como uno de los grandes obstáculos para ser auténticos discípulos en el seguimiento de Jesús, por lo cual el creyente ha de aprender a saber hacer uso del dinero y de los bienes materiales, poniéndolos al servicio de los demás. De esta manera el discípulo podrá liberarse del peligro de apegar su corazón cayendo en el culto de adoración del “dios dinero” (v. 13).

El administrador infiel refleja una conciencia poco escrupulosa pues a su cargo que no lo ejerció con rectitud, añade otra falta más al ponerse por su cuenta a condonar deudas y falsificar facturas de los clientes de su amo, todo con el fin de granjearse el favor de estos para que lo apoyen cuando sea despedido de su trabajo. Es muy astuto para sus propios intereses sin tener en cuenta la mala “jugada” que le está haciendo a su amo, lo está defraudando.

Jesús nos recuerda que somos administradores de lo que el Señor Dios nos ha confiado para la totalidad de nuestra vida, por lo tanto no podemos caer en la esclavitud hacia las cosas materiales ni hacia el dinero. Hemos de aprender a hacer buen uso de los bienes materiales sin perder de vista que sobre los bienes privados se finca una hipoteca social. Los bienes han de estar en función del prójimo, especialmente hacia los más necesitados.

Los israelitas, cuando fueron esclavos en Babilonia se deslumbraron por la situación económica de ese pueblo que poseía tierras fértiles, una sociedad que vivía en una situación de bonanza, un estado rico… y ellos consideraron que los dioses de los egipcios son los que proporcionaban a los babilonios esa situación económica, por lo que comenzaron a simpatizar con esos dioses, muchos cayeron y rindieron culto a esas divinidades. Cuando regresan del cautiverio vuelven con su fe, pero contaminada de los ídolos de los babilonios e incluso, traen consigo divinidades portátiles con los que rendían culto en familia a esos dioses, como el dios del dinero, el dios de la lluvia, el dios de la fertilidad, etc.

Jesús va a decir a los discípulos que no pueden servir a Dios y al dios del dinero a la vez. No puede el creyente tener al Señor como su Dios y por otro lado rendir culto al dios del dinero… el discípulo ha de aprender a hacer uso adecuado de los bienes materiales y del dinero que sirvan para su bien propio sin olvidarse de los demás, especialmente los más necesitados.

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