Miscelánea

“El esclavo de los esclavos negros”

San Pedro Claver, S.J.

Por: Raúl Sánchez K.

Esclavitud

A través de la historia, la condición de esclavitud se ha hecho presente. Como institución jurídica, es una situación en la cual una persona (el esclavo) es propiedad de otra (el amo); así entendida, constituye una forma particular de relación de producción, propia de un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en la evolución de la economía.

Hoy los tratados internacionales contemporáneos (“Convención sobre la Esclavitud”, 1926) recogen la prohibición de la esclavitud, que se considera como un crimen contra la humanidad.

No obstante, sigue existiendo arraigada culturalmente en determinados países (India, Sudán, Mauritania…) y ha reaparecido en otros bajo ciertas condiciones excepcionales, como el caso de la mano de obra infantil esclava en el Sudeste asiático o determinados tipos de prostitución en todo el mundo.

Comercio negrero

Durante la colonización de América se importaron personas esclavizadas de África y comenzó así un comercio a gran escala de esclavos africanos: el comercio negrero.

En Verdú (Lérida, al noreste de España) en 1580 naciò Pedro Claver, quien al paso del tiempo, y joven aún, se convertió en Cartagena de Indias (Nueva Granada, hoy Colombia) en el “esclavo de los esclavos negros”.

Su vocación sacerdotal se dio pronto y quiso entrar a la Compañía de Jesús. Conoció a otro santo: Alonso Rodríguez, cuya influencia fue decisiva en el camino misionero de Pedro. Tras estudios en distintos lugares arribó al puerto de Cartagena. El tráfico de esclavos negros atrajo su atención.

Trabajo misionero

Inmensa fue la dedicación de Pedro Claver hacia los desdichados esclavos, a quienes alimentó el cuerpo y el alma. Un esclavo, viendo la bondad del P. Claver, pidió lo adquiriera. El sacerdote lo hizo, lo bautizó como José Monzolo y fue desde entonces un servidor fiel de Pedro.

Se enfrentó a un capitán negrero a quien le hizo ver que los negros también son hijos de Dios, y la caridad que se les haga es a Cristo a quien se le hace, lo que conmovió al capitán.

Lo que de valor tenía, el sacerdote lo daba a los esclavos, curaba sus llagas, besaba sus cabezas, les daba pan y el Bautismo, les inyectaba confianza y paz. Para poder ejercer la caridad llamó a la puerta de los ricos y personas generosas.

Quiso Pedro, ya con edad avanzada, ir a las misiones de Tolú y el Sinú, lugares pantanosos donde morían hombres sin consuelo. Ahí el santo adquirió una fiebre maligna y el Superior de la Compañía de Jesús le mandó volver. Durante cuatro años estuvo en su cama en un cuarto hasta que Dios lo llamó en 1854. Los ciudadanos de Cartagena de Indias sintieron que se perdía un salvador de una raza, un verdadero santo. La Iglesia lo celebra el 9 de septiembre. 

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