Reportajes, Testimonios de la misericordia de Dios

“Donde sientas paz, ahí debe estar tu corazón”

Nueva profesa para las Maestras Católicas

Por: Patricia Carrillo Gómez

“Pregunten siempre al Señor: ‘¿qué quieres de mí?'”.

Presentamos a la recién profesa de la Congregación de las Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús, Rocío Paulina Barragán Noriega, de 25 años. Nació el 10 de octubre de 1993 en Parral, Chihuahua; tuvo cuatro hermanos de los cuales dos fallecieron de manera trágica, pero el ejemplo de fortaleza que dio su madre María de los Ángeles Noriega Magdaleno, fue un gran ejemplo de vida para ella.

El día de su profesión religiosa.

Al preguntarle cómo nació su inquietud religiosa, dijo: “Mi mamá siempre ha sido una persona de fe y asidua a los ministerios de la Iglesia, entonces yo crecí dentro de mi parroquia cobijada por varios ministerios, en los cuales estuve. Todo cambió cuando a mis 17 años, mataron a uno de mis hermanos en una riña. ¡Me impactó tanto saber que a sus 22 años se había acabado su vida!, además que dejó solas a su esposa e hijas. Eso me hizo enojarme mucho con Dios y alejarme totalmente de la Iglesia”.

Aquel tiempo de rebeldía duró dos años, durante los cuales se comportó de manera contraria a la que había aprendido a través de su formación cristiana. Su mamá no quitaba el “dedo del renglón”.

Al poco tiempo llegó a la parroquia una religiosa de nombre Lupita Zamarripa, y la madre de Rocío se le acercó para encomendarle que platicara con su hija, quien nos cuenta: “En ese entonces yo estudiaba para maestra en la escuela Normal de Parral, muy feliz con mis nuevos amigos; en el fondo me sentía muy sola y sin ver el sentido de mi vida, causándome aquello tanto conflicto que de repente quise acercarme de nuevo a la parroquia. Llegó una monja y se presentó conmigo, invitándome a integrarme a un ministerio; obviamente yo no acepté, pero fue tanta su insistencia día tras día, que por compromiso dije sí y regresé de nuevo a la Iglesia”.

El primer intento

“Era la hermana Lupita. Ella me invitó a un retiro llamado PreVida Consagrada, del cual yo jamás había escuchado. De nuevo accedí por la gran insistencia de la religiosa, quien me explicó que esos retiros no son para hacerse monja, sino para descubrir lo que Dios quiere de tu vida. Dentro del retiro una de las hermanas compartió su testimonio; yo empecé a sentir unas ganas enormes de llorar y no podía parar de hacerlo. Si bien su testimonio no tenía nada que ver con mi vida, hizo que ‘algo’ se moviera dentro de mí. Me hizo cuestionarme: ‘¿Y si yo fuera religiosa?’.

Terminando aquello me sentía verdaderamente muy feliz; me di cuenta de que Dios me había perdonado tantas cosas que hice, supe que ese había sido mi reencuentro con Él y me sentí abrazada por el Padre”.

El cambio

“Terminado el Pre Vida, pedí un acompañamiento vocacional para poder entender todas mis emociones fuera del retiro; seguí con mis estudios y en ese tiempo llegó un buen muchacho, con quien empecé un bonito noviazgo por un año. ¡En ese tiempo mataron a otro de mi hermanos -que trabajaba en una carnicería- cuando iba a entregar un pedido de carne! Sólo tenía 22 años. Ese segundo gran dolor en mi familia se sintió diferente, al menos en mí; pienso que era porque me sentía muy fortalecida en Dios después de lo vivido en el retiro y gracias al acompañamiento de la hermana.

Tiempo después hubo un retiro Pre Vida más intenso en la ciudad de Aguascalientes. Asistí porque mi inquietud no cesaba, y quería dejar en claro mi vocación a pesar de que tenía a mi novio, con el cual platiqué y le expliqué que necesitaba descubrir mi real vocación. Él apoyó totalmente mi decisión, y cuando terminé el retiro solicité hacer una experiencia en una de las casas de la congregación por tres meses”.

La decisión final 

“Al salir de aquella experiencia una hermana me dijo: ‘Cualquiera que sea tu decisión, estará bien. Sólo te quiero decir que ahí, donde sientas paz, ahí debe estar tu corazón’. Esas palabras se quedaron tanto en mí, que me la pasaba orando frente al Santísimo, preguntándole qué quería de mí, suplicándole me ayudara a discernir correctamente. Fue el 25 de mayo, lo recuerdo muy bien; estaba de nuevo ante el Santísimo cuando de pronto sentí mucho valor de dejarlo todo y me llené de una gran paz. ¡Por fin había encontrado mi respuesta!

Inmediatamente hablé con mi novio para terminar la relación. Además  tenía ya la aprobación para entrar, en un mes, al convento. En la escuela me ayudaron mucho para dejar mis estudios suspendidos por un tiempo: los terminé en Aguascalientes un año después, descubriendo a través de eso que era la Divina Providencia quien actuaba para que todo estuviera listo para mi ingreso con las Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús. El 31 de agosto de 2014 inicié el proceso de mi consagración al Señor”.

Pregunten al Señor

“Si realmente quieres poner tu granito de arena para cambiar este mundo, te invito a comenzar un cambio interno y personal; acércate a alguien que pueda ayudarte. ¡Qué bueno sería que todos pudiéramos contar con un director espiritual, para saber qué se puede hacer desde la propia realidad de cada uno!, ya seas estudiante, hija(o), madre, padre, etc., y así poder mejorar el mundo que Dios nos encomendó. Pregunten siempre al Señor: ‘¿Qué quieres de mí?'”.

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