Catequesis

Derecho a la libertad religiosa (II)

Vivir la fe

Por: Raúl Sánchez K.

“‘Al Señor tu Dios adorarás’ (Mt 4,10). Adorar a Dios, orar a Él, ofrecerle el culto que le corresponde, cumplir las promesas y los votos que se le han hecho, son todos ellos actos de la virtud de la religión que constituyen la obediencia al primer mandamiento.

El deber de dar a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2135-2136).

Libertad religiosa y régimen jurídico

La libertad religiosa se entiende -y en esto coinciden todos los hombres de buena voluntad- desde la perspectiva de los derechos inviolables de la persona humana.

Más exactamente: cuando se habla de libertad religiosa se refiere, en rigor, a su régimen jurídico. Por eso al definirla debemos apartar, de una parte, la “libertad moral”, y de otra el “régimen civil de tolerancia religiosa”.

Derecho civil

La libertad religiosa es un derecho natural, que debe convertirse en derecho civil, “de tal manera que, en materia religiosa, no se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos” (Dignitatis humanae, 2).

Para todos

“Si, teniendo en cuenta las circunstancias peculiares de los pueblos, se concede a una comunidad religiosa un reconocimiento civil especial en el ordenamiento jurídico de la sociedad, es necesario que al mismo tiempo se reconozca y se respete el derecho a la libertad en materia religiosa a todos los ciudadanos y comunidades religiosas”(Ibíd., 6).

No derecho al error

“El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error (cf León XIII, Carta encíclica Libertas praestantissimum), ni un supuesto derecho al error (cf Pío XII, discurso 6 diciembre 1953), sino un derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en materia religiosa por parte del poder político. Este derecho natural debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya un derecho civil (cf Dignitatis humanae, 2)” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2108).

Los justos límites

“El derecho a la libertad religiosa no puede ser de suyo ni ilimitado (cf Pío VI, breve Quod aliquantum), ni limitado solamente por un ‘orden público’ concebido de manera positivista o naturalista (cf Pío IX, Carta encíclica Quanta cura).

Los ‘justos límites’ que le son inherentes deben ser determinados para cada situación social por la prudencia política, según las exigencias del bien común, y ratificados por la autoridad civil según ‘normas jurídicas, conforme con el orden objetivo moral’ (Dignitatis humanae, 7)” (Ibíd., 2109).

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