Desde el Seminario, Miscelánea

Danos el valor de dejarlo todo…

Nuevo equipo de Pastoral Vocacional Hinnení

Por: Brayan Talamantes

…para ganar a todos para Ti.

Toda vocación es un don y un misterio, es un admirable intercambio entre Dios y los hombres, con el fin de hacer presente el Reino de Dios.

Al ser algo tan importante, es necesario que cada una de las personas se pregunte sobre ella y en nuestra Arquidiócesis hay diversos apostolados que ayudan, de una forma especial a los jóvenes, a que descubran el camino por el cual el Señor los llama a entregar la vida. Es éste el ser y quehacer de la Pastoral Vocacional Hinenní: brindar al joven un proceso de discernimiento y acompañamiento vocacional con miras a que contemple la obra de Dios en su vida y le responda; y, si es el caso, ingrese al Seminario para formarse como sacerdote para el servicio de la Iglesia.

Actualmente encabeza el equipo de la Pastoral Vocacional el Pbro. José Carlos Chávez Arias -promotor vocacional-, acompañado por 17 seminaristas: ocho de Filosofía III y nueve de Teología I.

Este año la Pastoral Vocacional ha optado por hacer que su trabajo y actividades entren en consonancia con el Plan Nacional de Pastoral Vocacional, dentro del cual se manejan cuatro acciones fundamentales para el itinerario vocacional:

1. Sembrar

Dios lanza semillas al campo de la Iglesia y el objetivo es ir a buscarlas. Lo que se busca es sembrar, hacer conciencia de que todos tenemos una vocación a la cual debemos responder.

La misión evangelizadora es el motivo mejor para despertar, madurar y actuar cada una de las vocaciones. El que ha sido evangelizado evangeliza a su vez, porque ha hecho una opción donde Jesús se ha convertido realmente en su proyecto de vida.

2. Acompañar

A ejemplo de Cristo que se acerca y camina con los discípulos de Emaús, el primer paso es ponerse a su lado. Una vez que se ha sembrado el interés, la curiosidad o la conciencia de la semilla puesta en el corazón, el sembrador se convierte en acompañante.

Es una actitud fundamental de todo el proceso, desde los primeros planteamientos vocacionales hasta la elaboración y opción de vida específicos para la persona. Por ello es muy importante que el agente sea un verdadero compañero durante todo el itinerario vocacional de cada persona, sea adolescente, joven o adulto; he ahí la importancia de buscarles donde se encuentren, dedicarles tiempo, escucharles y caminar a su paso.

3. Educar

Siguiendo el ejemplo de Cristo y los discípulos de Emaús, cuando les dice: “‘¿De qué discuten ustedes mientras van andando?’ Y empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó todo cuanto a Él se refería en las Escrituras”. Tras la siembra, a lo largo del camino del acompañamiento, se trata de educar al joven; podemos decir que dentro del itinerario vocacional se nos presenta aquí un momento privilegiado de concientización y aprendizaje, progresivo e integral, de la propia situación vocacional.

Como Jesús, es necesario dejar que el acompañado se manifieste, ayudando a que desentrañe sus ilusiones, motivos, esperanzas, tristezas, alegrías, problemas, etc., a fin de que tome conciencia de su situación real. Para ello es necesario hacerle descubrir su propia evolución y los condicionamientos sociales y culturales que van influyendo en su realidad personal: es el planteamiento de su propia historia en cuya relectura, frente al proyecto de Dios, se favorece la construcción de su verdadero yo.

4. Formar

La formación es, en algún modo, el momento culminante del proceso vocacional, ya que se propone al joven una forma, un modo de ser, en la que él mismo reconoce su identidad, su vocación, su norma.

Cuando se llega a este momento el joven ha de ser estimulado por ideales grandes, por algo que le supera y está por encima de sus posibilidades, por algo por lo que vale la pena dar la vida. No está por demás decir que es de suma importancia el testimonio de quienes viven con profundidad el seguimiento de Cristo, pues los jóvenes no dejan de interesarse en quienes ya están dando una respuesta de total entrega, y se llegan a cautivar por el contagio. Hay que estimularle a dar al máximo, para que llegue a ser y sea él mismo.

El discernimiento es el alma, el hilo conductor de toda la Pastoral Vocacional. El hombre, para que pueda dar verdaderas respuestas, tiene que aclarar, desentrañar, DISCERNIR en su interior cuál es la llamada del Padre, qué respuestas le sugiere Jesucristo, a qué servicios en la comunidad le está moviendo el Espíritu Santo… Todo ello lo tiene que encontrar en su misma vida y contexto social, aprovechando los medios que el acompañamiento le ofrece.

Como Pastoral Vocacional les invitamos a unirse a este apostolado ofreciendo su oración por las vocaciones y apoyando las actividades que a lo largo del ciclo académico 2019-2020 se tendrán; también convocamos a las comunidades eclesiales a que motiven y ayuden a las vocaciones que nazcan en su seno, todos tenemos la misión de ser promotores vocacionales, para bien de la Iglesia y para salvación de muchos.

No se olviden de orar también por los seminaristas y sacerdotes, para que el Señor nos haga santos y podamos ser los ministros que la Iglesia merece y necesita.

-El autor es seminarista de Teología I.

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