Miscelánea

Superando el miedo

Por un México libre de abusos

Por: Dra. Esmeralda Garrido Torres

México vive con miedo como algo cotidiano, miedo en grandes cantidades y presente de muchas formas, que afecta diferencialmente a varios sectores de la población.

El miedo es una sensación desagradable provocada por la percepción de peligro, real o imaginario. Y es probablemente la emoción humana más popular en los últimos tiempos, sobre todo desde que las redes sociales se convirtieron en nuestro principal miedo, ¡y eso que sólo es una parte de la realidad!

El miedo es una emoción que cumple un papel fundamental: la supervivencia.

Sin miedo viviríamos de forma temeraria y pondríamos en riesgo nuestra existencia. ¿Cómo se protegería un niño o niña que aún no están listos emocional, cognitiva y espiritualmente para defenderse? Y sobre todo, que no conoce la emoción, por tanto, lo paraliza porque no sabe qué pasa.

Decíamos que es una emoción desagradable, ya que nos hace sentir mal (aunque no de manera negativa, ya que sentir emociones siempre es positivo, sea cual sea, sólo por el hecho de estar vivos y poder “sentir”). También es una emoción pasiva, ya que trata de retirarnos del posible daño, nos lleva a sentirnos indefensos.

De lo anterior se subraya la importancia de mostrar a los niños que el miedo, aunque es una emoción desagradable, es protectora y hay que hacerle caso. Si una persona no les gusta, pero aunque no sepa por qué, es importante que entienda que debe alejarse de ella; ya el tiempo revelará el por qué sentía miedo ante esa persona.

Para que los pequeños puedan distinguir este tipo de sensaciones y evitar circunstancias de peligro, es de vital importancia brindarles educación emocional. A continuación, algunas sugerencias tanto para los niños como para los adultos:

-Para niños de 2 a 6 años:

Es importante enseñarles qué son las emociones positivas y negativas e intentar que:

1. Las identifiquen, no como buenas o malas, porque las emociones son sólo parte de nosotros.

2. Las reconozcan en ellos, en qué parte del cuerpo las sienten.

3. La expresen, de forma verbal, sana y sin lastimar a otros.

-Para niños de entre 7 y 18 años pueden aprender a controlarlas y a auto-monitorearlas -donde paulatinamente los padres suelten poco a poco- hasta que les sea posible gestionar sus emociones de manera sana.

Educar a un hijo no es fácil, porque para enseñar sólo necesitas saber, pero para educar necesitas ser y practicar lo que enseñas.

En lo que respecta al tema, es necesario identificar, reconocer y expresar nuestras emociones, primero como adultos, para que los niños puedan aprender de nosotros; entonces aprenderán a romper el silencio cuando tengan miedo, a protegerse y huir ante el peligro cuidando así lo más sagrado que alberga el cuerpo: el alma.

Es en gran medida por el silencio que el abuso sexual infantil crece. Los niños no reportan cuando algo les sucede, ya sea por miedo, chantaje, amenazas, inseguridad, ignorancia de lo sucedido, o simplemente cuando lo dicen no se les cree. Y los adultos no denuncian por los mismos aspectos, dejando con ello a los niños en mayor vulnerabilidad.

Ante el abuso sexual infantil es importante señalar acciones específicas que nos ayuden como adultos a romper, a sobrepasar, a quitarse ese miedo y en cualquier acto violento en contra nuestra o de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, especialmente, romper el silencio.

Las siguientes acciones pueden coadyuvar a evitar el abuso:

-Como adultos, cuando un niño nos revela el abuso:

1. Denunciar.

2. Solicitar apoyo integral: psicológico, legal, espiritual, familiar, etc.

3. Brindar amor, que es el pegamento más efectivo para reconstruir a las personas lastimadas de cualquier edad.

4. Oración, que da luz a la persona lastimada. Recordemos: “Un alma incendiada por Cristo… ¡será indestructible!”.

5. En todo momento resguardar la integridad del niño y no permitir contacto con el agresor.

Una buena manera de prevenir es informar, estar un paso adelante de los agresores, y hablar es empezar a sanar.

-La autora es Doctora en Psicología por la Universidad de las Américas, investigadora y psicoterapeuta de víctimas de abuso sexual infantil, certificada en “Canales de Esperanza” por World Vision; también es profesora y miembro activo del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME) de la Universidad Pontificia de México.

El miedo es una emoción que cumple un papel fundamental: la supervivencia. Sin miedo viviríamos de forma temeraria y pondríamos en riesgo nuestra existencia.

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