Santo de la Semana

San Sinforiano

Originario de Autun, en la Galia Lugdunense (provincia romana ubicada en el norte de la actual Francia), Sinforiano era hijo de un respetable y rico senador llamado Fausto, quien con su esposa Augusta le crió en nobles costumbres y temor santo del Señor.

Autun era entonces una de las más famosas poblaciones de la Galia y donde se practicaba el culto a la diosa Cibeles, para cuyo festival anual se transportaba su estatua con gran pompa sobre un carro que recorría toda la ciudad. En una de esas procesiones el joven Sinforiano se negó a rendir honor a la diosa volviendo con gran desprecio las espaldas; además, ridiculizó a quienes se postraban ante ella riéndose de que adoraran un trozo de mármol labrado. Enfurecida, la multitud le prendió y le llevó ante Heraclio, el gobernador de la provincia, que se encontraba ahí a causa de la festividad.

Heraclio le cuestionó por qué se rehusaba a venerar la imagen. “Soy cristiano y no adoro las imágenes de los dioses”, respondió el joven que, con sorna, añadió que si tuviera un martillo haría pedazos la estatua; tal respuesta fue considerada como un acto de impiedad y rebelión. Preguntó entonces Heraclio si Sinforiano era ciudadano de Autun; le respondieron que sí y que además pertenecía a una noble familia, de modo que reconvino al jovencito: “Tal vez te portas así pensando que tu linaje te protege, o quizá ignoras las órdenes del emperador”. Mandó luego que se leyera el edicto imperial pero Sinforiano nuevamente manifestó su desprecio por el ídolo.

Tras ser bárbaramente apaleado, dos días más tarde compareció ante el juez, mostrándose otra vez igual de firme: “Yo adoro a mi Señor Jesucristo, a quien reverencian todos los hombres más virtuosos y santos del imperio; y me duelo de vuestra ceguedad, viendo que adoráis unos dioses tan criminales que si vivieran, merecieran por toda justicia la pena de muerte”. Sinforiano, acusado de “traicionar a los dioses y a los hombres”, fue condenado a morir por la espada, sentencia que recibió con alegría.

Según narra una posterior redacción de las Actas de su martirio, cuando se dirigía al sitio de la ejecución su madre le gritó: “Hijo, hijo, Sinforiano, pon tu pensamiento en Dios vivo, ármate de su fortaleza y constancia. No podemos temer la muerte que nos lleva a la vida. Alza, hijo mío, tu corazón, y mira a Aquél que reina en los cielos. No temas los tormentos, porque durarán poco, y piensa que con ellos no se te quita la vida sino que se te cambia por una mejor; por ellos alcanzarás hoy mismo la gloria de los santos y la corona inmortal con que te convida Jesucristo”. Animado con tales palabras, tendió el cuello al cuchillo y murió decapitado el 22 de agosto de 178.

Su cadáver fue rescatado y sepultado cerca de una fuente donde por su intercesión Dios obró muchos milagros.

Le conmemoramos el 22 de agosto.

San Sinforiano de Autun(+178)

Ilustre mancebo y mártir de Cristo, que fue llevado al suplicio por negarse a rendir culto a la diosa pagana Cibeles. “Yo adoro a mi Señor Jesucristo”, dijo ante el juez que, deseando librarle de la muerte por respeto a su nobleza y a su edad, le persuadía de que obedeciese a los mandatos del emperador y adorase a los dioses. Mas el magnánimo mancebo no hizo caso de promesas ni amenazas y fue condenado a morir decapitado. Mientras era llevado al martirio su madre le exhortaba diciéndole: “No se te quita la vida sino que se te cambia por una mejor”.

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