Santo de la Semana

San Elías

Señala su Vita, escrita por un monje anónimo griego en fecha inmediata a la muerte, que nació en Enna (el “ombligo” de Sicilia, Italia) hacia el año 823 en la noble y piadosa familia Rachiti que le bautizó con el nombre de Juan.

Tenía 5 años cuando se trasladaron a Santa María (también en Sicilia), debido a que Enna fue devastada por los musulmanes en 828. Ahí gozaron de cierta tranquilidad, muy favorable para que el niño manifestara el don de profecía que Dios le concedió. Ya, a tan tierna edad, predijo en una visión la esclavitud que él mismo sufriría en África y la misión apostólica que realizaría en esa tierra.

Asediada la población constantemente, en 837 el joven Juan fue tomado prisionero y enviado en barco a África con otros 220 compañeros. La embarcación fue interceptada por un barco bizantino y los prisioneros fueron liberados; Juan pudo volver con su familia, instalada ahora en Siracusa.

En 839 falleció su padre y el Señor le recordó la misión que para él tenía en África, adonde fue enviado como esclavo tras ser capturado por segunda vez. Le compró un rico curtidor cristiano quien, apreciando sus virtudes, a ejemplo de José el Soñador en Egipto dio a Juan gobierno en su casa; pero, al ser calumniado por la esposa de su amo, le torturaron. No tardó en salir a la luz su inocencia tras sorprender a la adúltera con su amante, lo que le valió ser liberado. Entonces, a riesgo de su propia vida, se puso a predicar el Evangelio entre los musulmanes en regiones de los actuales Túnez y Argelia, logrando numerosas conversiones gracias sobre todo a que Dios le concedió el don de sanación.

Por tan fructífera labor evangélica fue acusado de enseñar una religión nociva que despreciaba al profeta Mahoma, por tanto, fue apresado y de inmediato condenado a muerte; sin embargo, por intervención divina fue puesto en libertad y entonces partió rumbo a Jerusalén. ¡Había pasado casi cuarenta años evangelizando África!

En Jerusalén, el año 878 el Patriarca Elías III le dio concedió el hábito monástico según la Regla oriental y, además, le permitió tomar en religión su mismo nombre: Elías. Pasó tres años en el Monte Sinaí donde perfeccionó sus virtudes; luego marchó a Alejandría (Egipto), de ahí a Persia (hoy Irán) y después a Antioquía de Siria. Volvió a Sicilia para visitar a su anciana madre en Palermo y conocer en Taormina al joven monje Daniel, quien se volvió compañero de sus peregrinaciones.

El monje aventurero llegó Reggio Calabria (Italia), donde hacia el 880 fundó el monasterio de Salinas. Marchó de peregrino a Roma y fue recibido con honores especiales por el Papa Esteban V (885-891) para, a su retorno, fundar el monasterio de Aulinas en Palmi (Calabria).

La fama de su prodigiosa actividad y predicación llegó a oídos del emperador León VI el Filósofo (866-911), quien le invitó a Constantinopla. El anciano monje Elías se puso de camino pero no llegó a su destino: en Tesalónica (Macedonia) enfermó y murió con semblante alegre, el 17 de agosto del 904. Este mismo día le conmemoramos.

San Elías de Enna

(823-903)

Monje confesor, que habiéndose regido según las reglas de los Padres orientales, después de haber sufrido mucho por parte de los musulmanes a causa de la fe -incluso la esclavitud-, con una fortaleza de ánimo invencible llevó una vida rigurosa de oración y austeridad. Ejerció sus dones como médico de almas, profeta, hacedor de milagros y fundador de monasterios, logrando incontables victorias con las armas de la oración y el ayuno.

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