Santo de la Semana

San Amadeo

Nació Amadeo (Amadeus en latín, Amédée en su lengua natal) el año 1110 en el castillo de Chatte (Dauphine, Francia), de la casa real de Franconia. Fue su padre el Beato Amadeo de Clermont, señor de Hauterive, quien a la muerte de su querida esposa tomó el hábito religioso en la abadía cisterciense de Bonnevaux; su pequeño hijo, a la sazón de 8 años, prosiguió en el mismo convento con su educación.

Para garantizar una mejor instrucción para el pequeño, el padre decidió que se trasladarían con los benedictinos de la abadía de Cluny; sin embargo, por preferir la austeridad del convento cisterciense, Amadeo padre volvió a Bonnevaux, en tanto que el jovencito Amadeo marchó por algún tiempo a servir en la corte del emperador Enrique V de Saboya y Borgoña, donde aprendería el arte de la guerra a fin de llegar a ser caballero, como era la usanza entre los nobles, algo que no le agradó y finalmente se decidió a llevar vida monacal. Bajo la dirección de San Bernardo, abad de Clairvaux (Claraval), recibió en 1125 el hábito religioso.

Luego de catorce años de vida religiosa ejemplar, en 1139 San Bernardo nombró a Amadeo abad de Hautecombe, en Saboya. Las finanzas de dicho monasterio se hallaban en un estado lamentable, por lo que el nuevo abad animó a la comunidad a soportar gozosamente esas dificultades y, con su cuidadosa administración, no sólo logró sacar al monasterio del mal paso sino que lo condujo hacia la prosperidad y a una gran madurez espiritual gracias a su formación y excelente capacidad de gobierno.

Muy contra su voluntad, pues se sentía incompetente para tal encomienda, fue elegido por el Papa Lucio II para presidir la sede de Lausana (Suiza) el año 1144, recibiendo la consagración episcopal el 21 de enero de 1145. El obispo Amadeo trabajó animosamente, tanto entre el clero -para el que procuró una formación en virtudes y ciencias- como entre los laicos, por reformar su diócesis, entonces muy violenta y perturbada.

Viendo sus cualidades, los nobles le solicitaban para asumir grandes responsabilidades; como cuando Amadeo III, duque de Saboya, al partir a la segunda Cruzada le nombró corregente y profesor de su hijo Humberto, en tanto que el emperador Federico Barbarroja le hizo canciller de Borgoña.

Nicolás, el secretario de San Bernardo de Claraval, habló en términos muy elogiosos de las virtudes de este activo prelado que siguió procurando llevar vida monacal.

Enfermo pero lleno de méritos, falleció el 27 de agosto de 1159 a los 49 años de edad. Fue sepultado en la Catedral de Lausana, que él mismo dedicara a Nuestra Señora, a quien profesó amor filial y dirigió las más bellas homilías que son una fuente de conocimiento acerca de la piedad mariana del tiempo e incluso fueron citadas por el Papa Pío XII al proclamar el dogma de la Asunción en 1950. 

Confirmado su culto por Pío X en 1903, su festividad litúrgica se celebra el 27 agosto.

San Amadeo de Lausana

(1110-1159)

Monje cisterciense de Claraval, luego abad del cenobio de Hautecombe y finalmente obispo de Lausana (Suiza), en cuya sede episcopal educó con dedicación a los laicos -en especial a los jóvenes-, formó un clero piadoso y casto, y cantó en su predicación a la Bienaventurada Virgen María, dejando para la posteridad una preciosa colección de ocho homilías marianas fruto de una intensa piedad y un ferviente amor a la Madre del Cielo. Dicho sermones han sido calificados como “un espléndido tratado sobre las glorias de María y un delicioso testimonio de la sabiduría espiritual que se manifestaba en la Orden del Císter”.

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