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¿Por qué tanta violencia?

Pronunciamiento del Obispo de El Paso ante los trágicos acontecimientos

Por: Karen Assmar Durán

Asombro, desconcierto, dolor, indignación… causó entre propios y extraños los tristes acontecimientos vividos por la población asentada en la vecina y hermana ciudad de El Paso, Texas, adonde muchos connacionales suelen acudir ya sea por estudios, trabajo o simplemente de compras.

Esa mañana de sábado 3 de agosto los noticieros digitales y las redes sociales dieron la voz de alarma: un sujeto -presumiblemente en complicidad con otros dos- disparó contra la gente que acudía al supermercado Walmart del conocido centro comercial Cielo Vista. Más de 20 fueron las víctimas mortales y semejante el número de heridos -algunos de suma gravedad-, quienes sin deberla ni temerla perdieron la vida de manera violenta en manos de un joven que al parecer días antes se había proclamado anti-inmigrantes: ¿Odio interracial?, ¿desequilibrio psicológico?, ¿políticas erradas por posesión de armas? Lo cierto es que el daño ocasionado ha sido mucho, ya que las víctimas no son sólo un número más en la lista de fallecidos a causa de la violencia sin sentido que afecta lamentablemente no en exclusiva a la población estadounidense, que en lo que va del año ha sufrido múltiples episodios de horror debido a tiroteos: Sebring, Florida; Aurora, Chicago; Denver, Colorado; Virginia Beach, Virginia; Gilroy, California; Dayton, Ohio… sino que el número de víctimas se potencia cuando se descubre tras esos nombres a esposos/as, padres/madres, hijos/as que han quedado sin su ser querido.

Como respuesta a la masacre de El Paso, la Diócesis que encabeza el Obispo Mons. Mark Joseph Seitz de inmediato se pronunció y esa misma noche efectuaron por las víctimas, los heridos y sus familias una vigilia de oración en el Parque Ponder a la que se unieron líderes y miembros de otras confesiones religiosas: “Tenemos que cuidar el uno del otro con consuelo y acción fiel para la justicia”, señala la página oficial en Facebook. También se realizaron varias vigilias parroquiales de oración ante Jesús Sacramentado, a quien rogaron por el cese de este tipo de actos absurdos que siempre tendrán consecuencias nefastas.

A continuación se transcribe la “Declaración” publicada en la página de la Diócesis de El Paso, firmada por su padre y pastor Mons. Seitz, y cuyo texto original en idioma inglés puede leerse en: www.elpasodiocese.org


Hoy lloremos a los muertos y recemos por ellos. Mañana volvamos a comprometernos con el amor.

“Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”.

(Mateo 5,4)

Después de este trágico día en El Paso, mi corazón está lleno de tristeza por las muchas víctimas y sus familias. El sábado comenzó como cualquier otro. La gente realizaba sus actividades diarias. Algunos optaron por pasar por el Walmart local para recoger algunas cosas. Y luego el odio y la locura maligna interfirieron en esta agresión sin sentido.

Como ministro, estoy llamado a estar presente con quienes sufrieron este ataque y sus familias. Necesito hacerlo con un sentido de compostura. Pero cuando visité a las víctimas y a sus familiares, mi corazón se estaba partiendo dentro de mí. Sus preguntas también son mías: ¿Por qué los niños inocentes? ¿Por qué las madres con sus bebés en brazos? ¿Por qué un ser humano debería ser sometido a tal violencia?

Una vez más en nuestra nación vemos la cara del mal. Vemos los efectos de una mente poseída por el odio. Vemos los efectos de la convicción pecaminosa e insípida de que algunos de nosotros somos mejores que otros debido a la raza, religión, idioma o nacionalidad. “Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos” (Isaías 5,7).

En los últimos meses, las tierras fronterizas han demostrado al mundo que la generosidad, la compasión y la dignidad humana son más poderosas que las fuerzas de división. La gran enfermedad de nuestro tiempo es que hemos olvidado cómo ser compasivos, generosos y humanos. Todo es competencia. Todo es avaricia. Todo está frío. La ternura y el amor que no conoce fronteras son crucificados en un torbellino de egoísmo mortal, miedo y venganza.

Fue precisamente para enfrentar este mal diabólico que Dios envió a su Hijo al mundo. Fue para entrar en medio de esto y experimentar toda su fuerza que el Inocente, Jesús, experimentó su pasión y su cruz. ¡Justo cuando parecía que el mal había ganado, Cristo salió victorioso!

Esta es mi esperanza hoy para todos los que han sufrido esta violencia y para nuestra comunidad. Cristo que sufrió está en medio de nosotros, Él es nuestro compañero. Confiamos en que Él levantará a los caídos, traerá curación a las víctimas y consolará a nuestra destrozada comunidad.

Nuestra comunidad de El Paso se levantará por encima de este terrible día. Nuestro Dios es un Dios amoroso, mayor que el odio, más poderoso que el mal. Confiamos en que seremos testigos del cumplimiento de sus palabras: “¡Mira, yo hago nuevas todas las cosas!” (Apoc. 21,5).

Hoy lloremos a los muertos y recemos por ellos. Mañana volvamos a comprometernos con el amor. Y preparémonos para una acción justa que supere las fuerzas de división y construya una sociedad más amorosa.

Reverendísimo Mark J. Seitz, DD,Obispo de El Paso

Agosto 3, 2019.

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