Reportajes, Testimonios de la misericordia de Dios

Norelia, entre el dolor y el perdón

Testimonio de aceptación y fe

Por: Patricia Carrillo Gómez

El pasado 25 de julio tuvimos la oportunidad de asistir a la peregrinación diocesana a la Basílica de Guadalupe, en la ciudad de México; dentro de esa procesión conocimos a la señora Norelia Hernández Ruvalcaba, a quien le pedimos, para nuestro periódico, compartir de dónde saca esa fortaleza para otorgar el perdón a los asesinos de su hijo Norberto Ronquillo, de 22 años.

Ella, terminada la Celebración solemne en la Basílica, esperó a que saliera el Arzobispo de Chihuahua para solicitarle su bendición ante la desgracia que está viviendo y retomar fuerzas de su fe para salir adelante con el otro hijo que le queda. Después de platicar un breve momento con don Constancio, le pedimos nos hablara de su sentir ante este suceso tan doloroso. He aquí sus palabras:

“Yo sé que mi hijo no merecía esto, pero este dolor tan grande me hace pensar que algo muy positivo va a resultar de esta injusticia. Actualmente no sé qué es, porque aún no logro asimilar mi tragedia, pero confío en mi Dios que así será”, comenzó Norelia con la voz entrecortada y lágrimas en sus ojos.

El asesinato de este joven universitario chihuahuense, a punto de graduarse, conmovió a todo el país. Todo comenzó el 4 de junio a las 9:30pm, al salir de la Universidad donde estudiaba, y no saberse más de él hasta el día siguiente, cuando su tío recibió una llamada pidiendo rescate. Él acudió a la policía para informarlo. Frente a la desesperación de no saber de su hijo, Norelia, acompañada del rector universitario, encabezó una marcha por las avenidas que Norberto acostumbraba tomar, exigiendo su localización. A la par cientos de personas en todo el país, que por los medios de comunicación se enteraban de la tragedia, se unían en oración por el muchacho y su familia. Por desgracia el 9 de junio, cinco días después de su desaparición, por una llamada anónima al 911 fue encontrado su cuerpo, envuelto en cobijas y bolsas en un paraje de Xochimilco, ciudad de México. Al día siguiente compañeros, amigos y familiares lo despidieron con una Misa celebrada en el patio de la Universidad y finalmente el 12 de junio la familia Ronquillo lo regresó al lugar que lo vio nacer, en una urna de cenizas. En Chihuahua miles de personas los acompañaron en marcha hasta Meoqui, donde su comunidad lo esperaba para celebrar Misa y llevarlo a su última morada terrena.

De ser una persona común, Norelia se ha convertido en símbolo de dolor, impotencia y coraje frente a los medios de comunicación; pero al mismo tiempo es una mujer de gran fe y confianza en los designios de Dios. “Pidan mucho a Dios por esas personas que  tienen tan lastimadas sus almas, que causan tanto dolor; mañana puede aparecer otro Norberto  por la desolación de sus vidas. Los últimos meses de tanto dolor nunca imaginé vivirlos, sin embargo me di cuenta que Dios  me estuvo preparando, pues mi vida siempre estuvo rodeada del amor de mi familia, amigos, conocidos y eran bien correspondidos; siempre traté de ayudar como pude. Muchas veces alguno me decía que yo tenía “algo” que los hacía sentirse apoyados. Dios hizo que estuviera rodeada de tanta gente brindándome cariño, para que yo también hiciera lo mismo”. Y agregó: “Con lo que me pasó, aprendí que la muerte de mi hijo no la debo de tomar como un insoportable sufrimiento: ¡claro que  me duele mucho esta separación! Pero le creo a Dios y a María Santísima que él está en un mejor lugar”.

¿De dónde sacas tanta fuerza?, le preguntamos

“Es mi Dios, son sus oraciones; yo no sabía que tenía esta fe, pero supe que  todo México oraba por mí y me di cuenta que esas plegarias fueron escuchadas y me dieron esta paz. Yo creo que mi hijo está en un lugar hermoso, me duele mucho  no tocarlo, no verlo, pero sé que ahora es uno de los ángeles que me cuidan. Siempre le di todo mi amor y eso me llena también de paz. Yo les digo a todas las madres que amen a sus hijos y se lo demuestren cada día; no se metan tanto en el trabajo, hagan un espacio para decirles cuánto los quieren. Agradezco a Dios porque tres veces al día nos llamábamos y decíamos cuánto nos queríamos. Mi hijo siempre lo supo y se lo demostré. Esa es una gran tranquilidad”.

¿De tu boca ha salido algún reclamo hacia Dios?

“No; yo sé que Dios nos da libertad a todos los seres humanos. ¡Esto no lo mandó mi Dios, Él no mandó esto, Él no quería que mi hijo pasara lo que pasó! Eso debemos tenerlo claro todas las madres que hemos pasado este gran dolor, siempre piensen en Dios como Dios de amor y no de castigo, ¡jamás lo hagan! Los que le hicieron esto a mi hijo fueron hombres, que no juzgaré, porque no sé qué han vivido ni qué cargan en sus corazones”.

¿Es fácil decir “te perdono”?

“Cuando tienes el amor de Dios en tu corazón y no eres capaz de juzgar a nadie, ¡sí! Tal vez esas personas han pasado por cosas indescriptibles, o están en drogas viviendo un infierno. Yo no puedo juzgarlos menos condenarlos; me duele saber que como sociedad estamos tan mal; no podemos sólo responsabilizar al gobierno, como sociedad debemos poner cada uno su aportación para salvar al país. Un ejemplo claro de lo que digo ocurrió una vez que quise tirar basura que llevaba en mi mano, al no ver botes para depositarla, pedí a un vendedor que tenía un puesto de comida me diera permiso de tirarla en el suyo y su respuesta fue negativa. Me llenó de tristeza ver la falta de apoyo mutuo. Por eso y más, debemos cuestionar nuestra actitud, para mejorarla y que sea más fácil perdonar al prójimo”.

-Al encontrar a tu hijo, ¿qué pasó por tu mente?

“Pienso que quienes decidieron hacer un mal se quedarán con ese mal; yo no me quiero quedar con él y debo reconocer que Dios me hizo el milagro de encontrar a mi hijo, ya que en esta ciudad tan habitada pocas veces se encuentra a la gente desaparecida. Estoy segura que esa llamada anónima para dar con el lugar donde estaba Norberto fue producto de tantas plegarias, por eso estoy en esta procesión junto a mi comunidad de Meoqui, dando gracias a Dios por devolverme la paz entre tanto dolor”.

¿Los medios de comunicación inquietan tu paz?

“No, porque mi familia y yo sabemos quién fue Norberto, Dios lo sabe. Por la gran fe que tengo puedo gritar a todos que  mi hijo está en un lugar hermoso y ya no sufrirá penas; y si personas cercanas a él fueran responsables, no quisiera estar como sus padres sufriendo la vergüenza y el dolor de saberlos culpables. Prefiero mi lado, porque sé quién fue mi hijo y está en un mejor lugar”.

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