Catequesis

Necesidad del culto eucarístico

Celebrar la fe

Por: Raúl Sánchez K.

“La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este Sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración” (Juan Pablo II, Carta Dominicae Cenae, 3).

Presencia singular

“Es grandemente admirable que Cristo haya querido hacerse presente en su Iglesia de esta singular manera (bajo las especies de pan y vino). Puesto que Cristo iba a dejar a los suyos bajo su forma visible, quiso darnos su presencia sacramental; puesto que iba a ofrecerse en la cruz por muestra salvación, quiso que tuviéramos el memorial del amor con que nos había amado ‘hasta el fin’ (Jn 13,1), hasta el don de su vida. En efecto, en su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros (cf Ga 2,20), y se queda bajo los signos que expresan y comunican este amor” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1380).

Misterio de fe

“La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, ‘no se conoce por los sentidos, dice santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios’. Por ello, comentando el texto de san Lucas 22,19: ‘Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros’, san Cirilo declara: ‘No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Salvador, porque Él, que es la Verdad, no miente'” (Mysterium fidei, 18).

Devoción y culto eucarísticos

El culto fuera de la Celebración eucarística: plegarias personales ante el Santísimo, horas de adoración, exposiciones breves, prolongadas, anuales (las cuarenta horas), bendiciones eucarísticas, procesiones eucarísticas, Congresos eucarísticos… son “formas de devoción eucarística” (Dominicae Cenae, 3); muy valiosas, justas, no sólo aprobadas, sino también impulsadas por la Iglesia; pero propiamente no forman parte integrante del sacramento.

Hacia el amor a Cristo

“Nunca la devoción privada (aun celebrada comunitariamente, como serían las procesiones, la hora santa y la bendición con el Santísimo) pueden en manera alguna sustituir la participación activa, que culmine en la comunión, en la santa Misa.

La adoración y oración privada o pública de los fieles, debe conducirlos al amor a Cristo, han de prolongar el clima de la Celebración eucarística, en invocación, alabanza, acción de gracias y unidad de la comunidad eclesial en torno al Cuerpo de Cristo, a fin de preparar a los cristianos para recibirlo plenamente en la comunión” (Bendijo el pan y lo partió, Carlos Ignacio González, SJ).

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