Artículos, Escala de Jacob

María como rostro de Dios

Escala de Jacob

Por: Cristina Alba Michel

En ella hay un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, sin mancha, diáfano, amante del bien, libre, bienhechor… Ella es exhalación del poder de Dios, emanación pura de la gloria del Todopoderoso… es el resplandor de la luz eterna” (Cf. Sab 7, 22-26).

Dios es Padre

Ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento se llama a Dios “Madre”. Jesús, Unigénito de Dios, es quien nos enseña la nueva manera de dirigirnos a Dios, al YO SOY de la Antigua Alianza, al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Jesús nos descubre el nombre de “Padre”. Él mismo -y sólo Jesús lo conoce porque de Él procede- le llama “Padre”. Más aún le llama “Abbá“, Papá, Papito.

Cuando habla de Dios ante los demás dice “mi” Padre, y cuando les enseña a los discípulos a orar, les enseña Padre “nuestro”.

De entrada entendemos tres cosas: primera, que Dios es verdadero Padre de Jesús; segunda, que sólo en Jesús somos hermanos y por eso podemos llamar a Dios “Padre ‘nuestro'”; y tercera, que al Padre de Jesús y nuestro podemos hablarle con gran confianza y ternura: Abbá.

Reafirmemos esto: “sólo a partir de la generación del Hijo Jesucristo… Dios se revela como Padre”. Es decir, a Cristo le debemos la filiación adoptiva de hijos de Dios.

Dios no es varón

Pero cuidado, que Dios sea Padre como Jesús lo revela no significa que Dios sea varón, como tampoco significa que el varón sea superior a la mujer sólo porque Dios no es Madre. Fíjense bien: Dios es Espíritu, es un Ser pleno en Sí mismo, no tiene sexo. Y este Dios que es Espíritu y es Tres Personas, PLASMÓ en el hombre su imagen y lo hizo varón y mujer. Esto significa que tanto los varones como las mujeres reciben, cada uno a manos llenas, características, dones, virtudes, fortalezas de la infinita e insondable riqueza y misterio del ser de Dios. La paternidad y la maternidad humanas, por lo tanto, son ambas por igual imágenes de Dios, del mismo modo que varón y mujer son imágenes de Dios y tienen la misma dignidad.

Dios es un Padre maternal

Por desgracia ciertas ideas freudianas, marxistas, feministas y de género han provocado franca oposición contra la figura del Padre Dios. Esto deriva de carencias humanas, de la incapacidad humana para conocer a Dios como le conoce Jesús, y de ciertos intereses ideológicos o reivindicaciones de la lucha entre los sexos. Parecen pensar algunos católicos que llamar a Dios “Padre-Madre” o llamarlo “Madre”, reivindicará a la mujer. Falso. Además es señal de que no se vislumbra ni la grandeza de este Padre “paternal y maternal”, ni la grandeza de la nueva Creación en el Espíritu que ha comenzado con Cristo y con María. Pero además, borrar la paternidad de Dios afectará la ternura que también el varón debe practicar, a ejemplo del Padre que sabe amar entrañablemente.

Pueblos indígenas le llaman “Padre-Madre”: ellos lo hacen desde una experiencia de vida y no desde la Revelación, como Jesús lo revela.

Dios es Amor, no patriarcado

El Nuevo Testamento, a través de la voz del Verbo encarnado, está muy lejos de la referencia sexista a Dios y excluye cualquier implicación machista o patriarcal. De nuevo hay que decirlo: Jesús llama Padre a Dios porque lo conoce, no por machismo ni porque la cultura judía era patriarcal.

Pero además Jesús, el Unigénito de Dios nacido de Mujer, nació Varón. Ello conduce a otras reflexiones -muy alejadas del machismo-, las cuales muestran que “Dios se revela también como Amor que sufre”, y así, “Nuestra liberación del dolor y nuestra redención del sufrimiento surgen del sufrimiento de toda la Trinidad: de la agonía del Hijo, de la congoja del Padre y de la paciencia del Espíritu. Dios libera para la vida por medio del amor doliente” y por ello se descubre que lo verdaderamente DIVINO es el AMOR y no “el poder, la superioridad y la omnipotencia, como ocurre en el patriarcalismo”.

Dios es Servicio y Entrega

El Hijo de Dios que se encarna varón lo hace para convertirse en servidor de la humanidad, para salvarla. Vino a servir y a entregarse por los suyos, la Iglesia, para que los suyos aprendan a servir y a entregarse por la humanidad. Si en el origen de la humanidad Adán no supo servir a Eva y a su descendencia protegiéndolas del engaño del diablo, Cristo sí que lo hace, sirviendo y entregándose. Se entrega totalmente primero a María que anticipadamente es adornada con la gracia y méritos del Sacrificio del Hijo; se entrega a Ella encarnándose en su seno; luego se entrega a los hijos de María, a la nueva humanidad.

La entrega de Cristo en obediencia al Padre no es esclavitud sino liberación para la humanidad. ¡El Padre quiere la libertad de la humanidad en el amor! Para ello no se ahorró ningún dolor, para ello nos hizo hijos suyos en Jesús y María: Si Ella es Madre nuestra y de Cristo, Cristo es nuestro hermano, en el Espíritu Santo por voluntad del Padre.

Los hijos de Eva quedaron sometidos a la muerte por el pecado. Los hijos de María quedaron liberados de ese destino y son hijos adoptivos del Padre.

Como Jesús, los varones entreguen su vida y no pretendan “dominar” a la mujer, de lo contrario no se digan cristianos.

El rostro de Dios

Si los católicos llamamos a Dios “Madre”, no imitamos al Hijo que conoce al Padre.

Si nos da por llamar “Madre” a Dios podríamos olvidar que en la economía de la Redención nuestra real y verdadera Madre espiritual es María, porque así Dios lo quiso y la elevó para bien nuestro a la dignidad de Madre de Cristo, Madre de la Humanidad, Reina del Cielo y la Tierra.

Si Cristo es el rostro humano de Dios, María por el Espíritu Santo es el rostro maternal del Padre.

Somos carne de Cristo y de María, hemos recibido el Espíritu “de familia” que nos hace decir: ¡Papá!

*Textos entrecomillados tomados de: El Padre y María en el Nuevo Testamento, de Mons. Angelo Amato.

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