Artículos, Por qué soy católico

Los jueces de Jesús

Por qué soy católico

Por: Paco Pérez

PREGUNTA: En las redes sociales por desgracia abundan los comentarios soeces y ofensivos ante la figura de Cristo; algunos no son simples opiniones sino que se les nota mucho odio. ¿Qué actitud tomar? ¿Hay que responder o quedarse callado?

RESPUESTA: Comentarios como esos siempre se han dado, aunque ahora tienen más medios para difundirse. Algunos sitios en Internet se hacen eco de las críticas que en su tiempo los incrédulos dirigían a Jesús. Narra el evangelio que cuando Él les interpeló diciendo: “¿Por qué no me creen?”, los judíos contestaron: “¿No tenemos razón al decir que eres un samaritano y que estás poseído por un demonio?” (cfr. Juan 8,48). Aquellos judíos no podían concebir una ofensa mayor.

Los tiempos han cambiado y hoy existen promotores de algo que quieren hacer pasar por ‘cultura’, que saben insultos más refinados. Las palabras son algo diferentes pero el tono es el mismo.

¿Qué actitud tomar?

En ocasiones Jesús mismo tomó su defensa y enfrentó a sus detractores con valentía (ver Juan 8,54-56), pero en el momento de su juicio guardó silencio con una dignidad suprema.

La receta es muy simple: hay que ser siempre prudentes y oportunos pero nunca ofensivos ni cobardes. Ese es el trompo que hay que echarse a la uña. No es fácil, pero Cristo aconsejaba a sus discípulos que confiaran en el Espíritu Santo y sabrían qué responder. Lo importante es saber que Jesús será siempre combatido y que sus detractores, con su discurso agresivo, tratan de deshacerse de alguien que les molesta y no los deja en paz.


La grandeza humana llegó a su cima más alta cuando al ser izado se oyeron las palabras más extrañas jamás pronunciadas…

La obsesión por Jesús

Es definitivamente uno de los rasgos más extraños de nuestra cultura, y es que desde hace veinte siglos hay una pregunta clavada en el corazón del hombre: “¿Y ustedes quién piensan que soy yo?”. Esa pregunta es planteada en la historia no sólo a cada generación sino también a cada hombre en lo personal y, de manera ineludible, deberá ser respondida al menos en la interioridad de su pensamiento, aunque algunos prefieren gritarla en la Internet; al hacerlo, estarán emitiendo un juicio sobre Jesús.

Estamos todos impelidos a hacerlo. Desde luego que alguien que se sienta culto y digno de ser oído tenderá a darlo por escrito aunque desbarre. No es extraño, pues, encontrar por allí vertidas las más diversas y contradictorias opiniones sobre su ser y su misión. Hay quienes tratan de deshacerse de Él repudiándolo y hay quienes pretenden tergiversarlo queriendo hacer a Jesús uno de los suyos: los revolucionarios juran que Cristo, en nuestra época, habría cargado un fusil; los millonarios (al menos de deseo) proclaman en su nombre el evangelio de la prosperidad; incluso los promotores de la nueva era lo han mandado a estudiar yoga en las escuelas del lejano oriente; y hay hasta quienes, al borde del delirio, se lo imaginan bajando de un platillo volador.

Claro que cada uno lo hace desde su óptica personal. Ya sea que se trate de un escritor, de un filósofo, de un periodista o de un simple hombre de la calle, deberá responder a la pregunta de cómo encaja Jesús en su cosmovisión y, por ende, en su vida. No debe extrañarnos si Nietzche (el padre espiritual de Hitler) y Teresa de Calcuta dan respuestas tan contrastantes: para uno será el judío que propone a los hombres una moral de esclavos; para la otra, la única esperanza, única pero enorme, de un mundo que se desgarra en odios y miseria.

Unos y otros, al emitir su veredicto, no hacen sino dar testimonio de la presencia perene de Jesús en el mundo.

Jesús ayer, hoy y siempre

Un escritor converso que pretendió acabar con su memoria terminó conmovido por esa presencia innegable: “César en su tiempo hizo más ruido que Jesús, y Platón enseñó más ciencia. De los dos se habla todavía, ¿pero quién se apasiona hoy por César o contra César y dónde están los platónicos y los antiplatónicos?” (G. Papini).

Añade el mismo autor: “Cristo, por el contrario, está siempre vivo entre nosotros. Hay todavía quien le ama y quien le odia. Hay una pasión por la Pasión de Cristo y otra por su destrucción. Y el encarnizamiento de tantos contra Él nos dice que no está muerto. Los mismos que se esfuerzan en negar su existencia y su doctrina se pasan la vida recordando su nombre”.

Los que ahora lo denigran recuerdan a quienes lo insultaban y abofeteaban en el proceso de la Pasión. Sin duda los verdugos se sentían grandes y poderosos pero, a cada golpe que daban, ellos se rebajaban hasta la degradación y Él emergía con una serena grandeza. Los golpes producían su efecto, desde luego, y los latigazos dejaban en su carne surcos de dolor. ¿Pero de qué lado estaba el daño verdadero y dónde la grandeza? La grandeza humana llegó a su cima más alta cuando al ser izado se oyeron las palabras más extrañas jamás pronunciadas: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Nosotros, sus cultos y refinados jueces, ¿sabremos acogernos a ese perdón?

¿Tienes duda sobre tu fe católica? ¿Alguien está tratando de convencerte para que la abandones? ¿Tienes algún pariente o amigo que está en esta situación y quieres ayudarlo? ¿No eres católico y te interesa conocer la fe católica? NOSOTROS TE AYUDAMOS: Dimensión Diocesana para la Defensa de la Fe. Escríbenos a: dudasdefe@hotmail.com

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