Editorial, En tinta china

Jornada del Clero Nativo

En tinta china

Por: Luis Efrén

El domingo 18 de agosto la Iglesia Católica en México celebró una jornada de oración muy especial y quizás muy olvidada: la Jornada por las Vocaciones Nativas. Organizada por las Obras Misionales, esta jornada tiene un tinte especial, muy profundo, pues durante ella se invita a orar y a ayudar especialmente a los territorios de misión cuya población mayoritaria es indígena y nativa, para que el Señor suscite vocaciones de entre ellos mismos.

En México todavía tenemos algunos territorios que la Santa Sede cataloga de misión: en el estado de Chihuahua está la Diócesis de Tarahumara; cercana a ella la Prelatura de El Salto, en la sierra de Durango; también tenemos la prelatura de Jesús María en El Nayar, Nayarit. Más al sur existen territorios misionales como lo son las Prelaturas de Huautla y Mixes en Oaxaca, la Diócesis de San Cristóbal de las Casas en Chiapas y la Prelatura de Cancún-Chetumal en Quintana Roo; en esta última, pese al gran avance urbanístico de Cancún debido a su fama mundial de playa y centro vacacional, siguen existiendo en colindancias del área más turística pueblos pequeños y rancherías de población originaria indígena.

Sabemos de antemano que la presencia de nuestros hermanos indígenas no se limita solamente a la sierra, a los pueblos y pequeños municipios, sino que gran cantidad de ellos emigran a las grandes ciudades para buscar el sustento para sus familias. Por centenares de años estas personas han cultivado y cuidado sus tierras para hacerlas producir su propio alimento, pero hoy a muchos de ellos se les han expropiado; otros sufren por la falta de lluvias en sus campos; otros más, desesperados venden sus parcelas llenas de frondosos árboles que la mano de otros hombres derribará, y así se propicia además del sufrimiento humano, que la tala desmedida provoque desequilibrios y daños medioambientales.

Los pocos habitantes que se quedan y sobreviven, tratan de hacerlo del turismo, si acaso viven cerca de algún destino turístico, de lo contrario racionan el poco alimento que pueden obtener. Otros esperan ansiosos las ayudas que el gobierno reparte a veces.

Ante ese panorama la Iglesia Católica sigue haciéndose presente, y también a través de la promoción de las vocaciones al sacerdocio entre los jóvenes de dichas comunidades. Aquí mismo en Chihuahua el Seminario Conciliar recibe desde el año pasado a los seminaristas de la Diócesis de Tarahumara, muchos de ellos pertenecientes a familias indígenas.

Recordemos también que en la Arquidiócesis de Chihuahua, hace más de 25 años existe una comunidad llamada “Parroquia Personal San José de los Tarahumaras”, parroquia porque es igual que todas las demás; “personal” porque la componen exclusivamente los miembros de las comunidades indígenas y no está formada por un territorio específico como las otras. En primera instancia fue encomendada a los padres jesuitas, luego asumieron el pastoreo de la misma algunos sacerdotes diocesanos. Su párroco actual es el P. José Manuel Granados Ávila.

Sigamos orando por muchas y santas vocaciones: al sacerdocio, a la vida consagrada y al matrimonio. Que el Señor dirija nuestros pasos.

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