Dos Culturas, Miscelánea

Familias enfermas

Dos Culturas

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

I. “Fue la mujer. No, no, la serpiente”

1. Anteriormente hablamos del odio al varón, que más pudiera decirse “coraje con el papá”. Rabia, resentimiento, porque papá simplemente no está, o si está, se porta de modo tal que sería mejor que se fuera. Sí, seamos honestos. La imagen de la familia no es que sólo esté siendo muy atacada, sino que la familia se ha dañado a sí misma. Más que cualquier lobby indeseable, más que cualquier ideología o gobierno, pobreza o problema, nada ni nadie afectará más a la familia que ella misma. Podemos aplicarle a la familia aquello que dijo Benedicto XVI con respecto a la Iglesia: “la única insidia de la cual la Iglesia puede y debe tener temor es el pecado de sus miembros… mientras María es Inmaculada, libre de toda mancha de pecado, la Iglesia es santa pero, al mismo tiempo, marcada por nuestros pecados” (Reflexión, 8/diciembre/2011).

2. Sí, la familia es buena, pero está marcada por nuestros pecados. Es claro que la familia está en el centro mismo de la gran “crisis de todo” que sufrimos. Y de ello no podemos culpar al lobby gay ni a ya saben quiénes más (aunque sí podemos pedirles que no nos ayuden tanto).

Esta situación se parece al antiguo episodio bíblico del pecado de Adán y Eva, pues hasta hoy, el ser humano sigue culpando a los otros según el ejemplo de nuestros primeros padres: “que no fui yo, que fue la mujer que me diste”; “no es cierto, Señor, no fui yo, fue la serpiente”. ¡Adán ni siquiera acepta que él tomó gustosa y libremente a Eva!, que ella le llenó el ojo y el corazón desde el primer momento y que todo iba bien. No, no, no. Ya se le olvidó todo lo bueno y ahora culpa al mismo Dios, casi lo señala con un dedo: “Tú me la diste”.

3. Así está hoy la mayoría de las familias: rotas, débiles, enfermas, enojadas e irresponsables; fracturadas por el pecado, por las faltas al amor, a la fidelidad y a la lealtad entre sus miembros. Ofuscadas, separadas y fatigadas por el torbellino hedonista.

Dijo alguien por ahí, en el Whatsapp: “tenemos volteados nuestros valores y prioridades, trabajamos sin descanso por una casa, un carro y unos bienes perecederos y ponemos nuestro corazón y nuestras metas en cosas pasajeras y superfluas”, y antes de llegar a la primaria, nuestros hijos ya tienen el corazón puesto en cosas.

No se honra a Dios con la vida, por eso cuando a los hijos se les habla de Dios, sólo Él sabe a qué dios se remitan, cuál sea el que los niños capten y cuánto interés sientan. Lo mismo sobre valores, ¿se practica cuanto se dice sobre honestidad, honradez, respeto, fidelidad, lealtad, laboriosidad, obediencia, sinceridad, solidaridad, etc.?

4. La familia no necesita más palos, ya se ha golpeado bastante a sí misma. Necesita ayudas para sanar, para permanecer y vivir en plenitud. Así irá sanando la sociedad.

Esto sí entra en las responsabilidades de las instituciones, como el Gobierno, las Iglesias y otras más.

II. Denles ustedes de comer

1. Entre las aportaciones de la Iglesia para el bienestar de las familias tenemos la exhortación apostólica Amoris laetitia, un documento que condensa las luces y las sombras de las familias y realiza una propuesta que debe adaptarse a la realidad de cada familia.

En su numeral 50 analiza las dificultades comunes que viven las familias, cuya “función educativa se ve dificultada, entre otras causas, porque los padres llegan a casa cansados y sin ganas de conversar, en muchas familias ya no existe el hábito de comer juntos, crece una gran variedad de ofertas de distracción además de la adicción a la televisión. Esto dificulta la transmisión de la fe de padres a hijos… Las familias suelen estar enfermas por una enorme ansiedad. Parece haber más preocupación por prevenir problemas futuros que por compartir el presente… Esto se agrava por un futuro profesional incierto, la inseguridad económica, el temor por el porvenir de los hijos”.

2. El siguiente párrafo, numeral 51, cita las plagas de la época: “la drogodependencia… una de las plagas de nuestra época que hace sufrir a muchas familias, y no pocas veces termina destruyéndolas. Algo semejante ocurre con el alcoholismo, el juego y otras adicciones. La familia podría ser el lugar de la prevención y contención, pero LA SOCIEDAD Y LA POLÍTICA no terminan de percatarse de que una familia en riesgo ‘pierde la capacidad de reacción para ayudar a sus miembros'”, y se viven las graves consecuencias: familias destrozadas, hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos de padres vivos, jóvenes desorientados, etc. Se suma la violencia intrafamiliar, que genera personalidades violentas y nuevas formas de agresividad social. “La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio”.

3. Amoris laetitia es una gran propuesta aún por explorarse. Para las familias cristianas en particular, propone a Dios mismo como modelo. “La unión entre el fiel y su Señor se expresa con rasgos del amor paterno o materno”. Recurre a las palabras que Oseas pone en boca de Dios: “Cuando Israel era niño, lo amé… Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos… Con cuerdas humanas, con lazos de amor lo atraía; como el que levanta a un niño contra su mejilla, me inclinaba y le daba de comer”. El reto para el católico es aprender la ternura de Dios, alimentarse de ella.

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