La Iglesia en las Periferias, Reportajes

Escuelas de Perdón y Reconciliación

La Iglesia en las periferias

Por: Patricia Carrillo Gómez

“No hay dolor pequeño”

Las Escuelas de Perdón y Reconciliación -EsPeRe-, son espacios comunitarios cuya  metodología fue creada por el sacerdote colombiano de la Consolata, Leonel Narváez Gómez, el 14 de marzo de 2003 en Bogotá, Colombia. Asignado para hacer negociaciones de paz con las FARC (grupo terrorista colombiano), el padre Leonel fracasa en el intento y como su vida corre riesgo en aquel momento, su diócesis decide darle un año sabático. Así, marcha a estudiar a la Universidad de Harvard.

El P. Narváez tiene la inquietud de hacer su tesis sobre el tema del perdón y la reconciliación, y cuando la presenta es tan bien recibida que se unen varias personas para apoyar su propuesta. Así se construye una metodología desde el punto de vista psicológico, sociológico, arqueológico, pedagógico y legal. Ésta es aceptada por la Universidad de Cambridge y, además, premiada por la UNESCO. Actualmente es aplicada en 20 países del mundo.

A México llega a través de la maestra Lucía Catalina Valdemar, quien en ese tiempo busca algo para sanar a su esposo por el trauma de haber sufrido tres secuestros. Conoce la metodología puesta en práctica en ese entonces en Colombia y se la trae a México. Hoy se trabaja con ella en 22 estados de la República.

En la ciudad de Chihuahua el equipo está integrado por Ana Margarita Herrera Rosales, Lic. en Psicología Clínica; Martha Guadalupe Ramírez Huerta, Lic. en Educación; Adriana Ramos, Lic. en Derecho; Margarita Chavarría Morales, ama de casa. Ellas coordinan actualmente este movimiento y apostolado junto con 20 personas más, en unas instalaciones tipo comodato en la colonia Unidad Presidentes.

En un inicio estos talleres no tenían un corte religioso, porque van dirigidos a todas las personas, pues nadie está exento de ser lastimado. Tienen cabida en todos los espacios y no solamente en el ambiente religioso, también llega a empresas y diversas instituciones.

Ana Herrera explica que están actualmente trabajando en varios proyectos, como el de la colonia Riberas del Sacramento con los padres de familia: “Buscamos a través de la crianza positiva de sus hijos crear un entorno para prevenir la violencia; también nos encontramos trabajando en conjunto con la Escuela de Policía de Chihuahua, impartiendo talleres a los padres de familia”. Esta asociación civil se enfoca en la impartición de los talleres en parroquias, empresas, CERESO y a quien lo solicite: “Nos enfocamos en los jóvenes que tienen conflicto con la ley o las personas que tienen conductas desafiantes”, especifica.

Por su parte, Martha Ramírez señala que “el taller consta de 11 sesiones semanales de tres horas, pero también hay otras maneras: la de ‘onda larga’, que es una vez por semana, la de ‘onda corta’, donde nos vemos cuatro fines de semana, o la onda intermedia donde nos vemos dos veces por semana. Cuando impartimos los talleres fuera de estas instalaciones, nos apoyamos en instituciones como el CECyTECh, los Centros de Desarrollo Familiar, etcétera; pero nos gustaría llegar también a toda la  Iglesia”.

EsPeRe llegó a Chihuahua a través del P. Jesús José Mata Trejo. Él mandó a la Ciudad de México a un matrimonio de la parroquia Asunción de María -donde era párroco- para capacitarse e impartir el primer taller. Posteriormente este movimiento sigue como ministerio en San Ignacio de Loyola y desde ahí se ha extendido y alcanzado varias comunidades. “Queremos hacer extensiva la invitación  a los párrocos de la diócesis para que nos soliciten”, subrayan. Al equipo le ha tocado capacitar a personas en varias partes de la Sierra Tarahumara, incluso sacerdotes y religiosas han tomado el taller.

El emblema de los talleres es un caballito lastimado, el cual representa la primera infancia, cuando surgen las “heridas madre”. Las herramientas y metodología que ofrece el taller están tan bien estructuradas, que esa herida madre se pone al descubierto casi de manera inmediata. El caballito está con unas vendas y ‘curitas’ que representan una infancia reparada.

Martha, coordinadora de los talleres parroquiales, agrega: “Tratamos de convertirnos en las herramientas de Dios, para que Él obre en las vidas y corazones de cada uno de los participantes. El reconocer dentro de los talleres que vamos como víctimas pero que también somos victimarios de alguna manera, es relevante, ya que  todos hemos ofendido y nos han ofendido; saber colocar todo esto dentro de un balance es lo que nos ayuda a sanar”, puntualiza.

Ambas coinciden, por experiencia propia, que el taller les cambió la vida de una manera radical: “Si alguien tiene la posibilidad de tomar uno de nuestros talleres no dude en hacerlo; cambia vidas, no sólo espiritualmente sino desde todas las aristas, es una herramienta que nunca se van a arrepentir de usar”. 

Finalmente, comparten frases fuertes de algunos testimonios que han rescatado y plasmado en acrílicos:

“La depresión desaparece cuando te liberas del pasado”.

“Nuestro matrimonio se reconstruyo con la palabra dulce y amable”.

“No soy culpable de lo que hice, soy responsable”.

“En nuestra familia había gritos y golpes, ahora somos padres nuevos con hijos felices”.

“Dejé de ser sólo un cuerpo, ahora disfruto de cada amanecer”.

“No lo justifico, comprendo al asesino de mi hijo”.

“Ante la irracionalidad de la violencia, la irracionalidad del perdón”.

“Porque lo que para nosotros parece imposible, para Dios es posible”.

“Rompiendo las cadenas que me ataban al pasado y lavando mi dolor, decidí no suicidarme”.

La Escuela de Perdón y Reconciliación invita a la comunidad para que tome estos talleres, algunos totalmente gratuitos. Ofrece sus servicios también gratuitamente a las parroquias que lo soliciten. Para más informes acude a: EsPeRe, A.C.; calle Luis Echeverría 206-B. Unidad Presidentes.

Tel. oficina: (614)415-6936; Cel. (614)115-1856.

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