En la fiesta de San Ignacio

En tinta china

Por: LUIS EFRÉN

Uno de los máximos exponentes de la Espiritualidad Cristiana es San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús a cuyos miembros llamamos jesuitas. Esta semana, el día 31 celebramos su conmemoración litúrgica. De ahí surge el tema de esta semana: ¿Qué es la Espiritualidad? Nos responde precisamente un hijo de Ignacio, el P. José Luis Gómez Gallegos, sacerdote jesuita, vicario en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús y quien ha impartido infinidad de retiros llamados Ejercicios Espirituales.

Muchas veces nos preguntamos dónde está Dios, cuando en el mundo pasan tantas maldades y calamidades. Dónde está el Ser Supremo para apaciguar lo malo. Pero muy poquísimas veces nos ponemos a pensar que lo hemos descartado de nuestra vida. Lo descartamos porque queremos vivir de placer y placer, tener y tener, ser primero yo, luego yo y después yo. Y a Dios lo lloramos sólo cuando queremos una respuesta. No lo consideramos compañero, amigo, padre. Acudimos a Él cuando “urge” su intervención.

La vivencia de la Espiritualidad Cristiana nos lleva a descubrir a Dios en lo mínimo, en lo máximo, en lo mediano, en lo grande, en TODO ESTÁ DIOS. Para acercarnos a Él basta aceptarlo, no descartarlo. Como católicos, asistiendo a la Eucaristía dominical y practicando su Palabra, ir solos, en familia o con los amigos, a visitarlo en su casita del sagrario, tantas veces abandonado sin que nadie le visite.

Acercarnos a Dios es darle gracias por las bendiciones que de su mano generosa recibimos. Primero el don de la vida, de un día más; luego por los que están a nuestro lado, los seres queridos; enseguida por lo material que obtenemos, fruto de nuestro trabajo. En lo sencillo de dar gracias no descartamos a Dios de nuestras vidas.

Los ‘gringos’, vale la pena decirlo, tienen un día especial al año para agradecer lo que tienen, y es una fiesta colorida semejante a la Navidad o el Año Nuevo. ¿Y los mexicanos, los demás hermanos americanos? También debemos dedicar, al menos un día al año, para este objetivo: dar gracias.

Queridos lectores, ser espiritual no es sinónimo de estar metido en la iglesia a toda hora. No es llevar una cruz colgada y pegada al pecho o un escapulario o medalla de la Virgen. No. No seamos nuevos fariseos. Ser una persona espiritual, cristiana, es decir sí con voluntad a las enseñanzas de Jesús y cumplirlas. ¿Cómo? Jesús mismo nos da la receta: “Amen a Dios, amen a sus prójimos como si fueran ustedes mismos”.

San Ignacio vivió tiempos muy turbios, cuando en el gobierno central de la Iglesia había mucha corrupción e iniquidad; estaba en auge el protestantismo, nuevas herejías. El Santo trajo, con sus enseñanzas, el auténtico Evangelio. Otros muchos santos brillaron en ese tiempo por su testimonio y predicación. A algunos los canonizaron juntos: Ignacio de Loyola, Francisco Xavier, Felipe Neri, Isidro Labrador y Teresa de Jesús.

Que el Señor dirija nuestros pasos.

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