Comentario al Evangelio

El fuego del Espíritu

Comentario al Evangelio del XX Domingo Ordinario (Lc 12,49-53)

Por: Mons. Luis Carlos Lerma Martínez

“He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12,49). ¿Cuál fuego es el que ha venido a traer Jesús? Recordemos que cuando Jesús tomó la firme determinación de subir por última vez a Jerusalén, envió por delante a unos mensajeros que le prepararan alojamiento en un pueblo de Samaria; ante la negativa de los samaritanos de recibirlo, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?” (Lc 9,54). Tal vez los motivaba un gran celo por Dios al estilo del profeta Elías, según nos relata 2Re 1. Y, puesto que Jesús reprendió severamente a estos dos discípulos, haciéndoles ver que así no sería la salvación, quemando a los que no lo reciben, a los que le cierran las puertas, a los que no piensan igual; entonces éste no es el fuego que trae Jesús.

Juan el Bautista da una buena pista: “Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. El los bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Lc 3,16). Efectivamente, así nos lo relata el mismo San Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando describe lo que sucedió el día de Pentecostés: “Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos de Espíritu Santo…” (Hech 2,3-4). Este sí es el fuego que ha venido a traer Jesús, el fuego del Espíritu Santo, que hace que la fe en Jesucristo prenda y se propague, y que los creyentes sean como chispas que van prendiendo el cañaveral (ver Sab 3,7).

“¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz sino la división” (Lc 12,51). Increíble y escandaloso escuchar esto en labios de Jesús. ¿Cómo, cómo, cómo que Jesús ha venido a traer división y no paz? Así es. Esto mismo lo profetizó el venerable Simeón cuando el niño Jesús fue presentado por José y María en el templo de Jerusalén: “Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: ‘Mira, este niño hará que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al descubierto las intenciones de muchos'” (Lc 2,34-35). A esto mismo se refiere también San Juan al inicio de su evangelio: “La Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo, pero el mundo, aunque fue hecho por ella, no la reconoció. Vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron” (Jn 1,9-11). O con palabras del evangelio de San Mateo: “Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda” (Mt 25,31-33). Pero no es que Jesús se goce en dividirnos, pues “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4). “El motivo de la condenación (entiéndase, división) está en que la luz vino al mundo pero los hombres prefirieron la oscuridad a la luz” (Jn 3,19). Nosotros somos los que decidimos crear la división o estar unidos en Jesús nuestro amado Señor y Salvador (ver Dt 30,15-20; Ap 3,20).

Share this Story
Load More Related Articles
Load More In Comentario al Evangelio

Check Also

Viven adolescentes un Congreso ¡de película!

Derroche de talento en el XXII Congreso Católico ...

Anuncio