Catequesis

El culto eucarístico

Celebrar la fe

Por: Raúl Sánchez K.

En la Misa

En la liturgia de la Misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor.

“La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo (cf Concilio de Trento)” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1377).

Fuera de la Misa

“La Iglesia Católica ha dado y continúa dando este culto de adoración que se debe al sacramento de la Eucaristía no solamente durante la Misa, sino también fuera de su celebración: conservando con el mayor cuidado las hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión en medio de la alegría del pueblo” (Mysterium Fidei, 56).

Orígenes

“El memorial del amor inmolado y redentor de Cristo, propiamente está centrado en la Santa Misa.

Sin embargo, desde sus orígenes la Iglesia, convencida de que Cristo permanece en el pan y vino consagrados, comenzó a conservar una parte del pan (al principio en las casas de los cristianos, algunos siglos después en algún local destinado a este fin en los templos), para llevar la comunión a los enfermos y a los cristianos impedidos (por ejemplo a los encarcelados por su fe). Estando ellos privados de participar personalmente en la Misa, en la medida de lo posible se les incorporaba en la comunidad del Cuerpo de Cristo.

Esta es hasta hoy la finalidad de la reserva del Santísimo Sacramento” (Bendijo el pan y lo partió“, Carlos Ignacio González, S.J.). 

El Sagrario

“El sagrario (tabernáculo) -derivado de lo anterior- estaba primeramente destinado a guardar dignamente la Eucaristía para que pudiera ser llevada a los enfermos y ausentes fuera de la Misa. Por la profundización de la fe en la presencia real de Cristo en su Eucaristía, la Iglesia tomó conciencia del sentido de la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas.

Por eso, el sagrario debe estar colocado en un lugar particularmente digno de la iglesia; debe estar construido de tal forma que subraye y manifieste la verdad de la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1379).

Adoración y culto eucarístico

Muy pronto, por su fe en la presencia real del Cristo viviente bajo el velo de las especies eucarísticas, la Iglesia advirtió que son legítimos la adoración y el culto del Señor (cf San Agustín, Comentario al Salmo 98).

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