Reportajes

Conociendo la Espiritualidad Ignaciana

Entrevista con un hijo de San Ignacio

Por: Cristina Alba Michel

I. Espiritualidad, una forma de servir

Con motivo de la fiesta de San Ignacio de Loyola, hemos entrevistado al padre José Luis Gómez Gallegos, SJ. ¿Qué le dice, a la gente de hoy, la palabra “espiritualidad”? ¿Es una cuestión del pasado? ¿Es algo de la Iglesia católica? ¿Significa apartarse del mundo? A esta y otras preguntas respondió en la presente entrevista.

-Padre José Luis, ¿qué es la espiritualidad?

“De manera general la espiritualidad es la manera en que el hombre se relaciona con Dios. Él nos da esa capacidad de relacionarnos con Él. El Espíritu de Dios está en todo ser humano, y está también en la Creación entera: está presenta al crear, está presente al mantener en la existencia a todas las criaturas porque, repito, no sólo está en nosotros sino en toda la Creación con un fin: llevarla a su plena realización”.

-Entonces Dios, su Espíritu, ¿acompaña la evolución del hombre y de todo lo creado?

“Sí. De hecho, la Creación va en constante evolución hasta que encuentre su plena realización en Dios. Hay todo un impulso de Dios a través de su Espíritu, como nos dice el Génesis: ‘El Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas’, en medio del caos. ¡Y cómo va metiendo orden también en esta Creación que somos hoy nosotros! También en medio del caos en el que vivimos, el Espíritu de Dios va actuando y va armonizando todas las cosas. Entonces, hemos de partir siempre de este principio: Dios está presente en la Creación y sobre todo en el ser humano”.

-En esa imagen buena, Suya, que Dios puso en el hombre…

“Él es quien impulsa al ser humano a vivir el amor hacia los demás, pues el Espíritu de Dios es el Espíritu del Amor y está presente en todos los hombres, sean de la cultura, de la religión, de la raza o nacionalidad que sean. ¡Está presente en todos los seres humanos dándoles la existencia, manteniéndolos en ella, moviéndolos a amar y a desear ser amados!”.

-¿Espiritualidad y amor, entonces, están relacionados?

“Así es. Partimos ahora de un segundo principio, de un hecho: el Amor, el Espíritu de Dios, está presente en las criaturas y por lo tanto, el que va ejercitando el amor, está ejercitando su espiritualidad. Porque el Amor es el Espíritu de Dios. Y al ir viviéndolo como algo fundamental vamos viviendo la espiritualidad. ¡Todo ser humano quiere amar y ser amado!, y es por ese Espíritu de Dios que está en cada uno de nosotros”.

-¿Hay una espiritualidad de antes y una de después, de hoy?

“Mejor decimos que la espiritualidad, la relación del hombre con Dios, se da desde el momento de la Creación del mundo. Desde Adán y Eva hay un espíritu de relacionarse con Dios. Y aunque llega un momento en que se apartaron de Dios, no obstante, Él se acerca a ellos, y los invita a reconstruir su vida, fuera del paraíso, pero de todos modos siendo siempre hijos e hijas suyos todos los seres humanos.

Desde aquel momento de la Creación el hombre comienza a vivir una manera de relacionarse con Dios, pero no sólo con Dios, también con las demás criaturas y con la demás gente. ¡Ese Espíritu de Dios siempre está actuante en el ser humano! Pero, la espiritualidad, a través de la historia se ha ido concretando y sistematizando, primero, en la teología. Surge la espiritualidad y luego la teología y se han ido retroalimentando”.

-Padre, ¿qué es la Teología?

“La Teología es la base intelectual de la espiritualidad, que nos va ayudando a comprender quién es Dios, para qué estamos en el mundo, cuál es el sentido de la vida y, al mismo tiempo, el sentido de la muerte. Por lo tanto, vemos que la teología y la espiritualidad van siendo complementarias. Pero también debemos distinguir entre espiritualidad y religión”.

¿Cómo las distinguimos?

“Esta última, la religión, está formada por normas, leyes, tradiciones, costumbres. Por eso muchas veces podemos caer en una ideología y le queremos implantar a los demás nuestra manera de pensar y de ver las cosas, pues creemos que la nuestra, nuestra manera, es la verdadera, y queremos imponerla sin descubrir qué hay de verdad en la otra gente y en las otras culturas. El Vaticano II, al hablar de que fuera de la Iglesia no hay salvación, manifiesta también que no somos los católicos los dueños de la verdad, sino sus promotores, y estamos llamados a descubrir la verdad, a Dios, en dondequiera que se encuentre. Y ese es el papel de la Iglesia”.

Habla usted de leyes, normas, costumbres…

“Sí. En las religiones, no sólo en la católica, va existiendo toda una estructura exterior. Eso porque, en cuanto a que somos una sociedad, necesitamos esa estructura, necesitamos leyes que nos van ayudando a encontrar el camino de la convivencia y de la realización. Aquí es donde debemos cuidar de no convertir la religión en ideología, porque muchas veces la ideología va en contra del Espíritu de Dios, y Él está más allá de toda ideología, más allá de toda sistematización teológica. Nunca vamos a poder abarcar todo lo que es Dios: Él es más grande que toda teología, es mayor que toda religión, es mayor que toda comprensión que nosotros, como seres humanos, hagamos de Él”.

-Cambiemos un poco el tema. Si consideramos el “caos” que hoy se vive, ¿se ha perdido la espiritualidad? ¿Hay una perversión o una ausencia de ella?

“Bueno, la perversión es una desviación del amor de Dios. No es que la espiritualidad esté pervertida sino ofuscada por el pecado. El pecado es la perversión. El pecado es el ‘no amar’, y cuando no amamos, pecamos, y ofendemos y dañamos a los demás: la guerra que destruye, la injusticia de buscarnos a nosotros mismos por encima de los demás, la acumulación también es un pecado el cual muchas veces se da despojando a los demás de lo que es suyo. Esto es el pecado. Aunque, en todos está el Espíritu del Amor: todos siempre queremos amar y ser amados, los perversos  también viven el amor a su familia -por ejemplo-. Aunque sea una familia que se ha desviado, no por eso dejan de sentir cariño los unos por los otros”.

II. Espiritualidad Ignaciana. María, la mujer espiritual

-Padre José Luis, ¿qué nos puede decir de la Espiritualidad Ignaciana?

“Encuentra su fuente en la misma experiencia de vida de San Ignacio de Loyola, que él ha plasmado en sus Ejercicios Espirituales. Esta espiritualidad se entiende desde un Dios que trabaja en todas las criaturas, y en todo lo que nos acontece. Es aquella que nos impulsa a vivir desde un profundo agradecimiento.

Los pilares de la espiritualidad de San Ignacio son, el buscar y encontrar la voluntad de Dios en mi vida, y el ensanchar el corazón a las dimensiones del mundo, pero aterrizando en lo concreto para no perderse en vaguedades o ideales irrealizables. Ello requiere conocer mi realidad lo más ampliamente posible y desde ahí examinar cada situación; reflexionar mucho sobre ‘mí mismo’. Implica discernir a la luz de la oración, y de la razón iluminada por la fe. Reflexionar cómo puedo mejorar esa realidad en la que me muevo para hacerla más evangélica, más humana. Implica buscar y encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativos en la acción”.

Es decir, la espiritualidad no es algo solamente interior…

“En efecto. Las devociones suelen ser individualistas. La espiritualidad, en cambio, se vuelca de adentro hacia afuera, porque el amor es hacia afuera. La espiritualidad tiene una dimensión que exige el amor a uno mismo, el amor a Dios, el amor al prójimo y el amor a la ‘Casa común’, a esta tierra de la que somos responsables”.

Si una devoción te encierra en ti mismo únicamente, ¿no sirve?

“Ya desde el siglo XIX se comenzó a comprender la diferencia entre alcanzar la perfección y alcanzar la santidad. El santo es el que vive el amor a Dios y el amor a sus hermanos. El que adora y ama a Dios ‘en espíritu y verdad’, en la naturaleza, en el hermano”.

-¿Como la Eucaristía, de adentro hacia afuera?

“De hecho, la espiritualidad cristiana se desarrolla especialmente a partir de la Eucaristía. Esta va siendo su fuente y su culmen, y más que ninguna otra devoción, la Eucaristía nos centra en Cristo que se entrega”.

-¿Puede sintetizarnos, esquemáticamente, los Ejercicios Espirituales?

“De acuerdo a la Teología Mística Cristiana, que consiste en la búsqueda de una experiencia personal, unitiva y amorosa con Dios, la cual desarrolla San Juan de la Cruz, y de otra forma -en sus Moradas– Santa Teresa de Ávila, tenemos tres vías para lograr esa unión: vía purgativa, vía iluminativa y vía unitiva. Éstas, en los ejercicios ignacianos se corresponden así: la primera vía con la primera semana de los Ejercicios Espirituales. La segunda, la iluminativa, en la relación con Jesús plasmada en la segunda semana de los Ejercicios. Y por fin, la tercera, la vía unitiva, se corresponde con la plena unión con Dios y se busca durante la tercera semana de los Ejercicios”.

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María la Virgen es modelo de todos los cristianos. Es la Esposa del Espíritu Santo. Para Ignacio, es esencial en su vida y en los Ejercicios. ¿Qué nos puede decir sobre esto?

“María es la mujer abierta al Espíritu Santo, es una mujer espiritual verdaderamente, comprometida con Dios y con sus hermanos. En los pasajes sobre Ella en los Evangelios, estaba siempre de servicio: visitando a Isabel para ayudarla, en las bodas de Caná. Si María se dio cuenta de que faltaba el vino, con toda seguridad es porque estaba metida en la cocina. Ella es el modelo del ser espiritual. María sabe amar y ser amada. San Ignacio tenía un gran amor a María. Su propuesta constante, de hecho, es confiar siempre en Ella para acercarnos a Jesús. La Espiritualidad Ignaciana es la espiritualidad de la Encarnación: como sucedió en María, se trata de que Dios se encarne en el mundo”.

María es la mujer que estaba “de pie”… Usted nos habló de ese estar de pie ante Dios.

“Sí. Se insiste de pie -activos, sirviendo- y no de rodillas que en este caso significa estar encerrado en sí mismo. Un ejemplo es la imagen de la Guadalupana: el movimiento de su pie hacia adelante, da la idea de que ella va caminando. Esto, por sí mismo, es un signo del ‘Nuevo Mundo'”, el que estamos llamados a ayudar a construir.

Padre José Luis, ¿qué le diría San Ignacio a la gente de nuestro tiempo?

“Que amen a María. Que asuman un compromiso con el mundo como sociedad, con el mundo como realidad terrena, y con el mundo como planeta”.

III. La espiritualidad a través de la historia

El padre José Luis hizo un recorrido histórico breve de la Espiritualidad. Antes, aclaró: “La palabra ‘espiritualidad’ es un término cristiano que la Iglesia usó en Francia, venido de la edad de las reformas en los siglos XVI y XVII, especialmente con la escuela española del siglo XVI: San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila, San Ignacio de Loyola. Ellos, básicamente Ignacio -a quien el Papa se lo pide-, van contrarrestando los errores protestantes. La escuela española no ha sido superada. De ella recibe el testigo la escuela francesa del siglo XVII.

En breve: antes de la modernidad, de la vida espiritual surge la Teología. Durante la modernidad la Espiritualidad se separa de la Teología y se vuelve hacia lo interior. Hoy, en la postmodernidad, la Espiritualidad busca encontrarse y re-unirse con la Teología”.

Santo Tomás de Aquino

Primeros tiempos al siglo XIII

“La Iglesia primitiva centra la Espiritualidad en la comunidad, como muestran los Hechos de los Apóstoles. Hay toda una experiencia comunitaria: ‘miren cómo se aman’, dicen los paganos.

Durante los primeros siglos (I-IV) se va elaborando la Teología Sacramental, la normatividad sobre los sacramentos, aclarar qué es cada uno y cómo hacerlos vida.

En los siglos V-VI surge una ruptura, donde lo espiritual se opone a lo material por la influencia griega: la sarx (carne) se opone al neuma (el espíritu).

Durante el amplio período del siglo VII-XII, resurge el espíritu comunitario gracias al ya extendido monacato que había comenzado en Occidente entre los siglos V y VI, y a los Padres de la Iglesia que sintetizan la Espiritualidad Cristiana.

En el XII se habla sobre la naturaleza del alma y su unidad con el cuerpo; en el XIII, Santo Tomás de Aquino y la Escolástica.

Se desarrolla la teología mística. Surge y se destaca la espiritualidad femenina. Se desarrolla la influencia de los guías espirituales: Francisco de Asís, Antonio de Padua, Clara de Asís…

Siglos XIV-XVII y XVIII-XIX

“El primer período se ve plasmado por las ‘reformas’. Desde la Devotio moderna‘ de los Países Bajos, cristocéntrica pero individualista, hasta la no superada escuela de espiritualidad española del siglo XVI, heredada por la escuela francesa del XVII.

Surgen también la Reforma protestante -luteranismo, calvinismo y anglicanismo- y la Contrarreforma o Reforma católica del gran San Ignacio y la Orden Jesuita.

En el segundo período, dentro de la edad moderna (s. XV-XVIII) inicia la Ilustración (s. XVIII-XIX) que propicia la purificación de viejas ideas y costumbres. Pero también favorece las grandes revoluciones culturales, políticas y sociales que aún nos influyen: revolución francesa y mexicana, etc. ¡Se busca una sociedad nueva, nuevas formas de relacionarse los hombres entre sí!, con Dios, o prescindiendo de Él. Ante la ‘diosa razón’ de los ilustrados la espiritualidad se empobrece. No obstante surgen testigos: mujeres y hombres carismáticos que levantan la llama del Espíritu que nunca se apaga en la Iglesia, propician la restauración de la piedad y la espiritualidad.

Ya no se habla de devoción sino de piedad; ésta no se aísla en una oración estéril, se acerca a la gente para amarla”.

Siglo XX y Edad Contemporánea

“La espiritualidad entra en una dinámica con las demás ciencias. Por ejemplo, Teilhard de Chardin sintetiza la teología, filosofía, antropología y espiritualidad en sus numerosos escritos. Él habla del Cristo cósmico presente y actuante en el Cosmos para llevarlo a su realización. El Verbo ya estaba presente al principio, luego se encarna y el Cristo se integra a la historia para colaborar a la  realización del cosmos, para recapitular todo a través de la fuerza del Espíritu Santo. Aquí el Concilio Vaticano II se presenta como ese soplo del Espíritu que necesitaba la Iglesia.

El Espíritu es quien nos está ayudando a recapitular todas las cosas en Cristo. Ése que estaba presente también desde el inicio, el que ‘aleteaba sobre las aguas’. Él nos lleva a que el ser humano y toda la Creación encuentren su plenitud en Cristo Señor.

El Vaticano II va provocando esa nueva percepción de la existencia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y en la vida social, la militancia de los laicos en todos los ámbitos: eclesial y social. Y la realidad del pobre. ¿Qué pasa con Papa Francisco? Que él mira al pobre, por eso el pobre está con el Papa. La Iglesia se implica más allá de sí misma para aportar soluciones a la pobreza, se destaca el sentido de la comunidad eclesial. Esto es, hoy dentro de la Iglesia se manifiesta cada vez más el espíritu de colaboración ante problemas que rebasan al gobierno local o incluso al mundo entero. Vemos con claridad esa definición de Espiritualidad Cristiana como la relación consciente con Dios en Jesucristo, por medio de la presencia del Espíritu Santo en una comunidad de creyentes. Esto propicia la transformación dinámica hacia la plenitud de la vida, del Reino. Así pues, la Espiritualidad Cristiana se manifiesta en la ‘forma de estar de pie ante Dios en nuestra vida cotidiana: tradiciones, cultura, mundo'”.

“Los pilares de la Espiritualidad de San Ignacio son, el buscar y encontrar la voluntad de Dios en mi vida, y el ensanchar el corazón a las dimensiones del mundo, pero aterrizando en lo concreto para no perderse en vaguedades o ideales irrealizables. Ello requiere conocer mi realidad lo más ampliamente posible […]. Implica discernir a la luz de la oración, y de la razón iluminada por la fe. Reflexionar cómo puedo mejorar esa realidad en la que me muevo para hacerla más evangélica, más humana”.

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