Artículos, Caminando con el Papa

Carne de Cristo sufriente

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio 

Venidos a traer fuego

“Fuego he venido a traer a la tierra, ¡y cuánto quisiera que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12,49-53).

1. El 8 de agosto de hace tres años, durante una audiencia con miembros de la Orden de Predicadores fundada por Santo Domingo de Guzmán, el Papa Francisco habló de la “predicación, la misión que Jesús encomendó a los Apóstoles”.

Según Jesús que vino a prender el fuego del Espíritu a la tierra, y así fue también para el santo Fundador de la Orden de Predicadores, la predicación es la Palabra de Dios, la que quema por dentro e impulsa a salir para anunciar a Jesucristo a todos los pueblos.

2. Para sentir ese fuego, debe ser encendido primero en la oración, en “una fuerte unión personal con Él”, con el Señor, atendiendo a lo que el Espíritu va susurrando. No se trata de palabras perfectas, no se trata de discursos humanos, sino de dejarlo actuar a Él, de lo contrario, “la predicación podrá ser muy perfecta, muy razonada e incluso admirable, pero no tocará el corazón que es lo que debe cambiar”. De hecho el auténtico predicador “es un contemplativo de la Palabra y también del pueblo”. Sólo así la predicación será una actuación en consecuencia de esa comunicación, con Dios y con el pueblo que desea escuchar a Dios y ser escuchado. Que desea ser amado y también desea aprender a amar. ¿Y cómo aprendería, sin testigos que lleven esa llama interna encendida?

3. Pasaba igual con otro gran santo, de intelecto pobre pero de rica espiritualidad eucarística: San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, a quien festejamos también en agosto, el día 4. Tanto Domingo como Juan consiguieron llegar al pueblo con su prédica porque ambos eran, ante todo, testigos y antorchas. Eso los convirtió en “maestros fieles a la verdad” del Evangelio, pues “el testigo encarna la enseñanza, la hace tangible… no deja a nadie indiferente; añade a la verdad la alegría del Evangelio, la de saberse amados por Dios y objeto de su infinita misericordia”. Ante todo, “el predicador y el testigo deben serlo en la caridad, porque sin esta, serán discutidos y sospechosos”.

II. Glosas y comentarios

Una oración para Vincent

1. El jueves 11 de julio murió -le mataron- Vincent Lambert, un francés de 42 años que llevaba once en estado “vegetativo”, dicen. Vincent daba señales de reconocer personas y de entender cuando se comunicaban con él, cuando sus padres le hablaban, cuando le estimulaban mostrándole imágenes o fotografías. Cuando se accidentó cerca de su casa, el joven estaba a punto de ser papá. Sus padres lucharon para mantenerlo con vida en contra de la decisión del Estado que ordenó desconectarlo del soporte vital que le hidrataba y alimentaba.

2. Se repite una vez más este totalitarismo del Estado que impone sus decisiones a la hora de ordenar quién puede vivir y quién no puede. Quién tiene derecho a la oportunidad y quién no. El Papa escribió, en un breve tweet, que la sociedad no es quien debe “decidir quién es digno de vivir o quién no lo es. Los médicos deben servir a la vida, no quitarla”. Al decir esto, Francisco se refería específicamente a Vincent, por quien había hablado en varias ocasiones, pidiendo se le dejara vivir, como por otro lado, deseaban y luchaban sus padres.

3. Pidió además el Papa Francisco hacer oración “por los enfermos que son abandonados y dejados a morir. Una sociedad es humana si protege la vida, cada vida, desde su inicio hasta su fin natural… Quiero ratificar y confirmar fuertemente que el único dueño de la vida es Dios y nuestro deber es hacer todo lo posible para custodiar la vida”.

4. Por su parte, el Cardenal Robert Sarah, publicó su propio tuit: “En este triste día, oro por el eterno reposo del alma de  Vincent, quien murió como mártir, víctima de la aterradora locura de la gente de nuestro tiempo. Rezo por su familia… por sus padres tan valientes, tan dignos. No tengamos miedo. Dios está despierto y observando”. Y también escuchando el clamor de sus hijos, de los más indefensos, de los más pobres. Elevemos una oración para Vincent. Mañana, no sabemos por quién será mañana.

Pensar

“¿Cómo puedo estudiar con pieles muertas, cuando la carne de Cristo sufre? -se cuestionaba Santo Domingo-. El cuerpo de Cristo vivo y sufriente grita al predicador y no lo deja tranquilo. El grito de los pobres despierta, y hace comprender la compasión que Jesús tenía por las gentes” (Papa Francisco, agosto 8, 2016).

“¡Oh, mis hijos! ¿Qué hace Nuestro Señor en el Sacramento de su amor? Ha tomado su corazón bueno para amarnos, y de este corazón saca una transpiración de ternura y de misericordia para ahogar los pecados del mundo” (San Juan María Vianney).

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