Miscelánea

Vaticano II y el restablecimiento del Diaconado

Diáconos y Misioneros

Por: DIÁC. XAVIER HURTADO LICÓN

El Concilio Vaticano II fue convocado el 25 de enero de 1959, inició el 11 de octubre de 1962 y concluyó solemnemente el 8 de diciembre de 1965. Se pretendió que fuera una especie de aggiornamento, es decir, una puesta al día de la Iglesia, renovando en sí misma los elementos que necesitaren de ello y revisando el fondo y la forma de todas sus actividades. Proporcionó una apertura dialogante con el mundo moderno, incluso con nuevo lenguaje conciliatorio frente a problemáticas actuales y antiguas.

Las conclusiones se plasmaron en cuatro constituciones, nueve decretos y tres declaraciones. En su Constitución sobre la Iglesia, denominada Lumen Gentium (Luz de los Pueblos), se afirma:

“En el grado inferior de la Jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos ‘no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio’. Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administración, recuerden los diáconos el aviso del bienaventurado Policarpo: ‘Misericordiosos, diligentes, procediendo conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos'” (n. 29).

En el mismo documento se indicó en qué situaciones se establece el diaconado como grado propio y permanente de la jerarquía, y a quiénes puede conferirse: “…se podrá restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente de la jerarquía. Corresponde a las distintas Conferencias territoriales de Obispos, de acuerdo con el mismo Sumo Pontífice, decidir si se cree oportuno y en dónde el establecer estos diáconos para la atención de los fieles. Con el consentimiento del Romano Pontífice, este diaconado podrá ser conferido a varones de edad madura, aunque estén casados y también a jóvenes idóneos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato” (Íbid.).

Vestiduras propias del diácono

-Sotana o camisa clerical (clerigman).

-Estola puesta al modo diaconal, es decir, cruzada en el cuerpo desde el hombro izquierdo y unida en el lado derecho, a la altura de la cintura.

-Dalmática, vestidura cerrada con amplias mangas.

-El diácono puede usar alzacuellos, según lo dictamine su Obispo (Directorio para la vida de los Diáconos, n. 18).

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