Comentario al Evangelio

Trabajo abundante

Comentario al Evangelio del XIV Domingo Ordinario (Lc 10,1-12.17-20)

Por: P. MARCO ANTONIO ESTRADA ROJAS

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús enviando a sus discípulos a predicar y a preparar los corazones de las personas de los lugares a donde pensaba ir Él; les da indicaciones y disposiciones para que puedan realizar la misión que les encomienda.

Ante la inmensidad del campo de trabajo, les aconseja orar para que el dueño envíe obreros necesarios. Y éste es un consejo que sigue siendo actual, porque en los campos del Señor siempre es abundante el trabajo. Hay que pedir a Dios que nos dé esos obreros necesarios, así como estar dispuestos para ser parte de esos operarios. Los campos en que podemos laborar para Nuestro Señor son nuestros hogares, familias, trabajos, amigos y parroquias.

Jesús nos invita a confiar en Él. Nuestra seguridad no tiene que estar puesta en el dinero, los bienes materiales, o en nuestras propias fuerzas y capacidades. La seguridad debe de estar puesta en Él, en el poder de vencer al mal y la enfermedad que Él mismo ha concedido, y en la cercanía del Reino de Dios.

Cuando dice que no se detengan a saludar a nadie, no es porque quiera que sean antisociales o aislados, más bien advierte sobre no dejar que nada ni nadie nos distraiga en el cumplimiento de la misión encomendada.

El Señor es consciente de las dificultades, adversidades, peligros y rechazo que se presentarán a sus discípulos en el cumplimiento de su misión, por eso les advierte para que también ellos sean conscientes de esto; pero no los envía desarmados, les da poder para vencer toda la fuerza del enemigo.

Al igual los hace portadores de su Paz. Recordemos que la palabra Shalóm, tiene para el pueblo de Israel, un significado más amplio que la ausencia de conflicto. Paz o Shalom, era sinónimo de bendición, de deseo de presencia de Dios, de bienestar con los hermanos y con Dios. Por lo tanto, el discípulo de Cristo debe de ser portador y constructor de Paz. Llevarla a los hogares y corazones de todos aquellos que estén dispuestos a recibirla.

Hablando de estar dispuestos, Jesucristo también es consciente de que no todos están dispuestos a recibir el Evangelio y el Reino de Dios. El sacudir el polvo de los pies, significa que, tras rechazar la invitación de Dios a la salvación, ésta se convierte en una advertencia para quien la rechaza. Además el plan de Dios continúa aún, ante la cerrazón de los hombres de aceptar su salvación.

Quien dedica su vida al servicio de Dios en los hermanos nada le faltará. El Señor es providente para con quien lo ama y lo sirve. Por eso al discípulo se le hace la invitación de aceptar lo que la comunidad o las personas le puedan dar. Aquí hay que hacer hincapié, pues a veces pensamos que por ser servidores de Cristo, podemos ser exigentes y elitistas pidiendo lo mejor. Esta es una tentación muy presente en la vida de los discípulos, por lo que hay que pedir a Jesucristo se nos brinden los dones de la humildad, mansedumbre y pobreza.

Por último el Señor Jesús invita a vivir alegres, al saber que se ha cumplido con la misión encomendada, y que por obedecer la voluntad del Padre, siguiendo sus enseñanzas y movidos por el Espíritu Santo, los nombres de los discípulos están escritos en el cielo.

Aquí es conveniente preguntarnos ¿Estoy cumpliendo con la misión que se me ha confiado? ¿Hay disposición en mí, para cumplir todas las indicaciones y disposiciones que el Señor me hace? ¿Vivo con alegría y soy portador de Paz? ¿Cómo afronto las adversidades, dificultades y peligros? ¿Confío en el Señor?

Pidamos que el Señor nos dé la fuerza, sabiduría y valor para ser verdaderos discípulos suyos.

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