Reportajes, Testimonios de la misericordia de Dios

“Soy testigo de la misericordia de Dios”

Jubileo de plata sacerdotal: P. Jorge Arturo Martínez García

Por: KAREN ASSMAR DURÁN

En la ciudad de Nuevo Casas Grandes, y para esa prelatura que se elevó a Diócesis el año 2000, el 7 de julio de 1994 fue ordenado sacerdote Jorge Arturo Martínez García, quien finalmente se incardinaría a la Arquidiócesis de Chihuahua.

Entrevistado por Notidiócesis, el P. Jorge compartió sobre su caminar vocacional y sus impresiones de este 25º aniversario sacerdotal que celebrará al lado de su comunidad parroquial del Espíritu Santo el jueves 11 de julio a las 7pm con santa Misa y Hora Santa.

“Yo soy del mero Chihuahua”

Jorge Arturo, el tercero de los seis hijos de don Alfredo Martínez González(+) y doña Luz María García, nació el 12 enero de 1963 en Chihuahua capital; son sus hermanos Alfredo, Ricardo, María de la Luz, Luis Gerardo y Flor María.

Estudió pre-escolar en el kínder “Sor Juana Inés de la Cruz”, la primaria en la “1º de Mayo”, la secundaria en la Federal #1 y la prepa en el Bachilleres 2. Estudió la licenciatura en Filosofía en la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP), siendo religioso Cruzado de Cristo Rey. ¿Cómo sucedió eso? Veamos.

Una clara opción

“El llamado a ser sacerdote lo fui descubriendo desde la secundaria, pero sobre todo en mi vida de preparatoriano, y se dio por las amistades que tenía, grupos a los que asistía, el ambiente de oración y el hecho de que me gustaba ir a Misa. Iba al Sagrado Corazón de Jesús, estuve muy cerca del P. Ezequiel Morales, el superior de los jesuitas; con él pienso que maduró mi vocación”.

Indicó que por el testimonio de un hermano pidió admisión con la Adoración Nocturna, además de que gozó de excelentes amistades, “muy buenos cristianos que su vida tan recta, sus ideales y aspiraciones me marcaron y fueron definitivos para escoger yo este camino”. También contribuyó el ambiente familiar, sobre todo el testimonio de su madre. “Todo eso me fue marcando, definiendo y me presentó una opción muy clara en mi vida; no fue fácil pero sí muy clara”.

Cruzado de Cristo

Corría el año de 1982, y aunque Jorge tuvo oportunidad de irse con los jesuitas, con el Opus Dei debido a un tío suyo o con los diocesanos, optó por empezar vida religiosa con los Cruzados de Cristo Rey, que habían venido a Chihuahua a ofrecer retiros: “Me atrajo el estilo de vida religiosa que practicaban y terminando la prepa me fui. Mi mamá fue un apoyo total y absoluto porque, al igual que yo, confía plenamente en la voluntad de Dios”. Compartió que ella le enseñó a ser reservado y que con los Cruzados aprendió a santificar la autoridad: “El que sabe obedecer sabrá mandar”.

Inició pues su formación en dicha sociedad apostólica de vida clerical: un año de prueba en Hermosillo, Son.; cuatro de Filosofía en la UPAEP -profesó votos temporales en el segundo año-, tres de Magisterio como maestro de la Universidad y director del sistema abierto de Filosofía; y un año de Teología en el Seminario San Ildefonso en Toledo, España.

Concluido el primer año de Teología, el año 1991, volvió a Chihuahua. Tras nueve años dejaba a los Cruzados pero no las sólidas amistades que había cultivado y mucho menos su anhelo de ser sacerdote. ¿Por qué no siguió? “Es un tema muy amplio en el que no quiero ahondar, pero sigue existiendo una excelente relación y buen trato”, señaló, e incluso aseguró que estar con ellos fue “lo mejor que me ha pasado en mi vida, lo mejor”.

Acogido por don Hilario Chávez Joya, MNM, Obispo prelado de Nuevo Casas Grandes, éste le envió al Seminario de Chihuahua para concluir sus estudios teológicos a cuyo término llegó la invitación a ser parte del equipo formador, por lo que, con el consentimiento de su Obispo y luego de recibir el sacramento del Orden, se unió al Clero de Chihuahua y posteriormente obtuvo la incardinación.

Doce años después

Habían pasado 12 años de iniciado su itinerario vocacional cuando llegó la ordenación diaconal, el 19 de marzo de 1994 en el templo de la Medalla Milagrosa (Catedral); ahí mismo, el 7 de julio siguiente, don Hilario le ordenó presbítero. Rememoró: “Fue un día entre semana y me acuerdo que estando allá caí en la cuenta que no tenía idea cómo hacerle para celebrar la Primera Misa. Le pedí al padre Rubén Romero que me ayudara, porque quería hacerlo con mucho amor y entusiasmo. En la mañana del mismo día de mi Ordenación fuimos a una iglesia y me explicó paso por paso cómo hacerle. Ya en la Ordenación el obispo estaba muy emotivo, muy contento, me hizo sentir su aprecio, fue una ceremonia muy bonita. El domingo celebré mi Cantamisa en la Divina Providencia, porque cuando recién llegué a Chihuahua don José Gómez Flores me pidió que le ayudara en la parroquia e iba todos los domingos siendo seminarista; fueron varios sacerdotes a acompañarme, entre ellos el padre Negris -Gustavo Sánchez Prieto-, a quien pedí que dirigiera la homilía”.

Sus encomiendas

Padre formador y ecónomo del Seminario en el periodo de 1994 al 2000; del 2000-2001 fue vicario en San Isidro, Camargo, y en el Santuario de Delicias. “En agosto del 2001 me habló don José para decirme que me enviaría a Cristo Rey, Chih.; ahí duré 5 años, 3 meses y 5 días”, lo tiene muy contadito porque fue su primera parroquia: “Un buen pedazo de mi corazón se quedó ahí y estará ahí para siempre… también mis riñones -bromeó-. Le entré con mucha pasión y me esforcé mucho y las satisfacciones son muy grandes. Ahí me quieren mucho y los quiero mucho, pero no solamente ahí sino en todas las parroquias en las que he estado”.

Del 2006 al 2010 fue párroco de Jesús Misericordioso y en septiembre de ese mismo año don Constancio Miranda le llamó a colaborar con él como secretario canciller, encomendándole además la cura pastoral de la Medalla Milagrosa, “ahí empecé a combinar mi trabajo en la Curia con la comunidad, de la que fui su primer y hasta hoy único párroco. Eventualmente seguí dando clases en el Seminario en el área de Filosofía”.

En 25 años de ministerio

“Soy testigo de la misericordia de Dios tanto en lo personal como en la experiencia de otros hermanos sacerdotes. Me ha ayudado estos 25 años a consolidar mi amor por la Iglesia, por mi Arquidiócesis, por el ministerio de cada uno de los hermanos sacerdotes y del trabajo que en sí mismo se realiza aquí. Yo soy lo que soy no por mí mismo, sino por Dios que se ha manifestado en circunstancias pero sobre todo en personas que ha puesto en mi camino y que gracias a Él son muchas a las que me debo y espero poder ser lo suficientemente agradecido con Él por todo”.

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