Artículos, Por qué soy católico

Robo de identidad

Por qué soy católico

Por: PACO PÉREZ

PREGUNTA: En artículo anterior se habló de los auto-nombrados “cristianos”, que nos engañan haciéndonos creer que son los auténticos. Lo cierto es que muchos católicos les creen, lo que prueba que a nosotros nos falta formación y no sabemos ni lo que somos; también mencionó incluso un ‘robo de identidad’, ¿pudiera aclararlo más?; ¿qué decirle a alguien que está dudando y a veces se quiere ir con ellos?

RESPUESTA: La pérdida de identidad es una de las más desconcertantes experiencias que puede sufrir el ser humano. De repente no saber quién o qué soy es algo aniquilador. Esto se presenta cuando hay una pérdida de la memoria, un desconocimiento de nuestra verdadera esencia o la ignorancia de nuestra grandeza.

Ser católico es ser cristiano

Abandonar la Iglesia que Cristo formó para acudir a otra donde “hablan más bonito”, “cantan con más entusiasmo”, “parecen más auténticos”, “lo toman a uno más en cuenta” o cosas por el estilo, resulta muy explicable cuando es eso lo que se busca… pero hacerlo para ser cristiano es un contrasentido lamentable, denota mucha ignorancia y confusión.

Ciertamente es lamentable que un católico desconozca el hecho de que la parte esencial de su ser católico es su ser cristiano: consiste en conocer, aceptar, amar y seguir a Cristo como único camino de salvación. Que esto suceda nos hace ver lo necesario de una nueva evangelización.

Pero también es lamentable que un “cristiano” ignore o desconozca que ser católico es la manera plena y auténtica de ser cristiano. Pertenecer a la Iglesia fundada por Jesús no es algo secundario u opcional. Seguir a Cristo a nuestro modo y no por el camino trazado por Cristo, no es seguir a Cristo sino a nosotros mismos. La consigna del Maestro es muy clara al respecto: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.

Cristianos usurpadores

La situación toma un cariz más alarmante cuando nosotros sí sabemos quiénes somos pero advertimos que otros quieren usurpar nuestro nombre. Es el caso de una secta que pretende confundir, para terminar por apropiarse en forma exclusiva, de un adjetivo que es para muchos el más honroso de la historia.

Cuando ellos hablan de “cristianos” es claro que manejan el término en un sentido diferente al que lo hace cualquier enciclopedia. Tome usted la que quiera y verá que la “católica” es la más antigua y numerosa de las denominaciones cristianas.

Durante los primeros mil años de su historia, la Iglesia fue sólo una en el mundo. Ser católico era la única forma de ser cristiano (salvo esporádicas, fugaces y localizadas excepciones). En tiempos de San Agustín la lucha era de cristianos contra bárbaros y contra maniqueos, en tiempos del Cid lo era de cristianos contra moros. Los cristianos de tiempos de Agustín y del Cid eran católicos pues de los que ahora quieren usurpar el nombre no había.

No fue sino hasta entrado el siglo XI que algunas iglesias orientales se separaron de la Iglesia universal, formando iglesias locales y perdiendo así su catolicidad. Luego, en el siglo XVI se produjo una serie de divisiones que hizo añicos la unidad. Surgieron iglesias cuyas denominaciones hacían alusión a su fundador (Luteranos), a su territorio (Anglicanos), a su organización (Presbiterianos), a sus prácticas (Bautistas), etc.

Las recientes divisiones, tataranietas de la reforma protestante, ya no saben qué nombre adoptar y quieren quedarse con el de abolengo. A muchas, el término “cristiano” les ha parecido muy apetecible. Es bíblico y sobre todo tiene una noble y rancia tradición, cosa por la que suspiran, y más ad hoc que el de “evangélico” para los propósitos de comercialización, cosa que se les da bien. La penetración de ese tipo de sectas en nuestro suelo tiene una agresividad de estilo americano. Es muy probable que se queden con el adjetivo porque hay intención, recursos y métodos.

Cristianos de origen

En tiempos de piratería hay que cuidar hasta los nombres. Y no hay que perder de vista que la “denominación de origen” nos corresponde. Los cristianos mencionados en los Hechos de los Apóstoles sólo tienen continuidad histórica en la Iglesia Católica y no en los que ahora, en forma exclusiva, quieren llamarse así.

Hay que aclarar que muchos de los que se adjudican el nombre no lo hacen con mala intención pues no son los autores del engaño. A ellos sólo les dijeron que así se llaman y que son los verdaderos; ellos así lo han creído y lo repiten, de buena fe y con pasión desbordada.

¿Qué decir de los que iniciaron esas sectas? No nos toca juzgarlos, sino prevenir contra su error. En la maraña de las denominaciones protestantes, cansados de divisiones y armados de la “sola Escritura”, muchos buscan a tientas regresar al cristianismo de origen y creen que hacerse del nombre es la clave, pues no conocen la verdadera Iglesia del Señor. ¡Que Dios los ilumine!, y también a nosotros porque nos toca la parte difícil: aclarar la confusión.

A modo de resumen, hay tres puntos básicos que es necesario recalcar:

-Ser cristiano significa ante todo ser discípulo de Jesucristo y reconocerlo como Señor.

-No se puede ser católico sin ser cristiano.

-No se puede ser plenamente cristiano sin ser católico.


Hay quienes abandonan la Iglesia que Cristo formó para acudir a otra donde “hablan más bonito”, “cantan con más entusiasmo”, “parecen más auténticos”, “lo toman a uno más en cuenta” o cosas por el estilo, resulta muy explicable cuando es eso lo que se busca…
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