Miscelánea

Hacia una ecología integral

Por: M.C. ALBERTO ROYO

Mucho se ha hablado en tiempos recientes sobre la importancia de conservar el planeta en que vivimos, de cuidar la naturaleza y garantizar la permanencia de los recursos naturales para que las futuras generaciones puedan disfrutarlos del mismo modo en que nosotros lo hemos hecho.

Pareciera que lo “ecológico” se ha vuelto una moda, pues es un tema de vital importancia que nos atañe a todos. Debido a esta relevancia, muchas personas nos hemos hecho más conscientes del impacto que tenemos sobre los ecosistemas, ya sea de forma directa o indirecta, debido al consumo de productos cuyo proceso de elaboración ocasiona un grave impacto ambiental. Sin embargo, es importante conocer que dentro de la gran riqueza de nuestra Iglesia esto no es nuevo, no es una moda sino un modo de vida que Dios nos ha propuesto desde siempre. Hay una vasta referencia en la Escritura, el Magisterio y la Doctrina donde se trata este importante tema, siendo el más reciente la Encíclica Laudato si’ escrita por el Santo Padre Francisco, muy recomendable para profundizar en el tema del Cuidado de la Casa Común.

El cuidado de la Creación, un mandato de Dios

Señala la Escritura: “Dios creó al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Varón y mujer los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: ‘Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra’. Dijo Dios: ‘Hoy les entrego para que se alimenten con toda clase de plantas con semillas que hay sobre la tierra, y toda clase de árboles frutales. A los animales salvajes, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven sobre la tierra, les doy pasto verde para que coman’. Y así fue. Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno. Y atardeció y amaneció: fue el día sexto” (Gen 1,27-31). Por tanto, el hombre ha sido puesto sobre la tierra, con toda variedad de recursos a su disposición, pero también con la responsabilidad que conlleva esta autoridad en su administración: “Yahvé Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (Gen 2,15).

El testimonio de numerosos santos nos habla de que han visto siempre la naturaleza como parte de la obra creadora de Dios y se han maravillado con ella, incluso observarla ha sido un medio para llegar a descubrir la misma existencia de Dios, como nos enseña San Francisco de Asís, a quien se atribuye las siguientes palabras: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”.

Ciertamente, en la actualidad vemos que nuestro planeta se encuentra en un fuerte estado de afectación, ya sea la contaminación del aire y del agua, la degradación de los suelos, la pérdida de la biodiversidad y muchos otros; pero la mayor afectación es sobre el ser humano, pues esta injusticia sobre el planeta se refleja sobre el hombre mismo, que cada vez más vive una realidad donde unos pocos acumulan gran parte de la riqueza y muchos sufren la pobreza y marginación.

Ecología integral

Entonces, el llamado que nos hace Papa Francisco en Laudato si’ es a buscar esa “Ecología Integral”, que no busca salvar el planeta por el planeta, sino que explica de manera profunda cómo el cuidado del mismo será consecuencia del despertar la conciencia del hombre; por tanto, la solución implica un cambio radical en nuestro estilo de vida, desde lo particular, en nuestros patrones de consumo y evitando el consumismo, hasta las esferas científicas, tecnológicas, políticas, económicas, etc., que verdaderamente promuevan un aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, que promuevan la justicia social, la distribución equitativa de la riqueza y el bien común. Éste es el llamado a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad.

Tiempo de cambio

El desafío implica un cambio cultural, espiritual y educativo. Romper el paradigma donde el mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos, en que las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios; esto implica aprender a distinguir mediante la reflexión si lo que voy a comprar “¿lo necesito?” o solamente “lo quiero”. Este proceso solamente será resultado de una formación que nos lleve a descubrir nuestra verdadera dignidad, que no se encuentra en el ‘tener’ que el mundo nos invita a creer sino en el ‘ser’, que nos lleva a profundizar en nuestra filiación divina, donde nuestra verdadera felicidad está en reconocernos como hijos amados de Dios y que a través de los dones que Él nos da, aportando nuestro esfuerzo en el trabajo, su divina Providencia se encargará de satisfacer las necesidades que se presenten.

Esta toma de conciencia requiere ciertamente educar y ejercitar las virtudes en la vida ordinaria, en el día a día, poniendo en cada actividad verdadera atención a los detalles, en cualquiera que sea nuestra profesión u oficio, ya que en cada acción podemos lograr dos cosas: primero, ofrecer a Dios un trabajo bien hecho, y segundo, hacer una acción positiva que evite el impacto sobre el ambiente. Este ejercicio requiere alinear nuestras inteligencia y voluntad hacia la búsqueda de la fortaleza, la templanza y otras virtudes para evitar compras superfluas y comodidades excesivas que afecten aún más a la naturaleza.

La solución está en ti

Aunque parezca que es una problemática global, la realidad es que la solución está en lo individual, ya que la suma de los comportamientos individuales se expresa en la forma de ser de una sociedad entera. Por esto, algunos consejos prácticos que cada uno puede llevar a cabo sin mayor problema:

=>Compra productos locales, que sean generados de forma sustentable. Estos promueven el comercio justo donde el productor recibe un mayor porcentaje de utilidad de la venta final, además de que la contaminación provocada por el transporte de grandes distancias se elimina.

=>Compra en tiendas locales, apoyando la economía circular y promoviendo el “emprendedurismo”. ¡Qué satisfactorio es conocer a la persona que produce el pan, las verduras y productos que consumes!

=>Busca productos de buena calidad y duraderos, de tal modo que no tengas que buscar un reemplazo tan frecuentemente.

=>Fabrica o produce lo que consumes, esto promueve el desarrollo de habilidades intelectuales, así como la convivencia familiar, disminución del estrés y ahorro, por ejemplo: jabón, hortalizas, alimentos, etc.

=>Evita comprar productos con mucho empaque, sobre todo de plásticos.

=>Reflexiona y busca maneras de disminuir tu gasto de energía y combustibles.

=>Realiza actividades al aire libre, es un medio maravilloso de convivencia y de descubrimiento de la presencia de Dios.

=>Preocúpate por los marginados, los más pobres.

=>Crea o participa en iniciativas sociales y políticas que busquen el bien común y la sustentabilidad.

=>Influye sobre otros, sé un líder al estilo de Cristo.

=>Influye positivamente en los demás: familia, amigos, compañeros.

-El autor es ingeniero ambiental, maestro en Ciencias y catedrático de la UACH.

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