Reportajes, Testimonios de la misericordia de Dios

“En Dios todo se puede”

Jubileo de plata sacerdotal: P. David Jaime Quiñonez

Por: KAREN ASSMAR DURÁN

A las 7 de la tarde del 7 de julio del año 1994 en la Catedral Metropolitana de Chihuahua, Mons. José Fernández Arteaga ordenaba a un nuevo sacerdote. A 25 años de tan especial acontecimiento para la Iglesia, Notidiócesis comparte las impresiones del P. David Jaime Quiñonez, quien celebraría su jubileo de plata el domingo 7 de julio ofreciendo la Eucaristía de mediodía en su parroquia San Nicolás de Bari.

Su nombre es “David”

Oriundo de Santa Bárbara, donde nació el 19 de noviembre de 1965, David fue el 12º de los catorce hijos de don Pedro Jaime Luévano(+) y doña Francisca Quiñonez Morales(+); de sus hermanos, prefirió omitir sus nombres, “son un chorro y como quiera se me pasa uno”.

“El P. David Solís -entonces párroco de Santa Bárbara- fue el que me puso el nombre, porque me querían poner otro y él les dijo a mis papás: ‘Le voy a poner David’, cuando me bautizó”.  

La semilla de la vocación

Aseguró que gracias a su abuela paterna nació su vocación al sacerdocio, “ella fue una persona muy religiosa que nos inculcó mucho la vivencia cristiana, era muy devota del Sagrado Corazón de Jesús”. A ello contribuyó también el fervor religioso de toda la familia, cuyas raíces estaban en Aguascalientes, “el centro de la fe en México”; así como el testimonio del P. Alfredo Alvarado, de quien el pequeño David fue monaguillo.

A los 13 años emigró con la familia a Chihuahua capital, donde cursó la secundaria en la Federal #4 y el bachillerato en la “Prepa México”. Formó parte del grupo “Agua Viva”: “Me encantó ese grupo, su apostolado, eran otros tiempos”, recordó con nostalgia.

Ser sacerdote

Aunque quiso ingresar al Seminario finalizada la secundaria, sólo hasta que terminó la prepa pudo pedir la admisión. Habían pasado sus años de sana adolescencia, entre grupos de jóvenes y tardeadas en el “Boeing 747”, cuando fue admitido al curso Introductorio de 1986, y “de ahí seguidito hasta concluir la Teología”. Aseguró que “no hubo momentos de decir que no era por aquí; siempre, como me decía el P. Manuel Ríos, ‘me colé’, y me seguí colando. ‘Pensé que ni ibas a pasar, te colaste’, me decía; él fue uno de mis grandes amigos, gran sacerdote y mi consejero espiritual”.

Concluyó su formación en junio de 1993 y siendo ministro fue enviado a San Francisco de Borja. A los 6 meses, el 20 de enero de 1994, don José le ordenó diácono y le destinó a San Antonio de Padua, Julimes, que estaba vacante, por lo que recibía apoyo de las comunidades cercanas, sobre todo de Mons. Felipe Pineda.

La Ordenación

El momento tan esperado llegó y fue ordenado sacerdote seis meses después del diaconado, “era muy exacto don José”, comentó. De ese día recordó “que me regalaron un reloj… no te creas -dijo bromista-. Recuerdo muchas cosas: desde la gente que fue, mucha que ya no vive; la gran ilusión que es ser sacerdote; el sentir que mi sueño se realizaba; fue muy bonita la experiencia. No hubo miedos ni dudas, miedo nunca he tenido, soy muy nervioso, eso sí, pero miedo y dudas no, me gusta lo que soy a pesar de mi salud, porque si algo tengo es ser perseverante”.

Sus destinos

Sus destinos han sido:

-Vicario en San Pablo, Meoqui, por diez meses.

-Formador y ecónomo del Seminario.

-Párroco en Jesús Nazareno, Ojinaga, su primera parroquia, su primer amor… “era una sola parroquia, un chorro de ranchos”, exclamó con el característico acento “chihuahuense”.

-Párroco en María Auxiliadora… y estando ahí enfermó.

La enfermedad, medio de santificación

“Sucedió algo muy curioso, empecé con rigidez y luego con otros achaques. Me hice estudios y nadie sabía qué era; estuve en la Ciudad de México, en Estados Unidos y a fin de cuentas -cinco años después de sus primeros síntomas- el que vino a detectar que era Parkinson fue un médico especializado de España pero que vive aquí en Chihuahua”.

Explicó que la rigidez no le permitía caminar, “la neurona que maneja el movimiento de tu cuerpo se va acabando y eso ocasiona el Parkinson; es un desgate de las neuronas del movimiento que puede ser juvenil, por edad o hereditario, en mi caso está más bien ligado a que soy muy nervioso y eso me paraliza. Con el medicamento me duele mucho la cabeza pero estoy muy controlado, gracias a Dios, y le debo a la Virgen la salud, que me haya podido recuperar”.

La enfermedad no le desanima, afirmó, sino que la ve “como un reto, una oportunidad de entender al que lleva muchos años enfermo, porque ahorita el enfermo siente que ya no sirve para nada pero la enfermedad nunca puede ser un obstáculo para servir al Señor; yo pienso que es uno de los medios más buenos de santificación que tiene el cristiano”.

La Virgen María, Rosa Mística

“Me hizo un favorsote la Virgen María. Tuve un sueño muy bonito donde ella me decía: ‘Ven, quiero que camines, levántate’. Al día siguiente, al pararme, ya no necesitaba nada, porque batallaba mucho debido a la lentitud en mis movimientos y a partir de ese sueño sentí un alivio muy profundo. Me dijo Ella: ‘Es el proceso, eres signo para algo grande, eres signo para Alguien más grande’. Hace tres años ya y, créanlo o no, eso me pasó; ahorita gracias a Dios ando manejando y el doctor no se explica cómo la enfermedad se detuvo y empecé a recuperar la salud. Me decía el doctor: ‘¡Qué raro!, de todos los pacientes con los que vengo trabajando desde hace tres años es usted el único que no se me ha caído, ya todos están en cama”.

Aseguró el P. David que dicha revelación fue de sanación, sí, pero sobre todo de la aceptación del plan, del proyecto de Dios en su vida. A partir de entonces comenzó a promover la devoción a la Rosa Mística en San Nicolás de Bari, comunidad a la que llegó como rector en 2010 pero de la que fue nombrado, el 6 de diciembre pasado, primer párroco. En el templo, todos los días 13 y en especial el 13 de julio, a las 9am y 6pm se congregan personas venidas de distintas poblaciones para venerar a la Virgen en esta advocación.

¡Veinticinco años de ministerio!

Manifestándose feliz de ser sacerdote, también aclaró: “Deja la oración y la Misa y adiós ministerio, se te viene todo encima”. Y añadió: “Para trabajar por el Señor no se tiene más que decirle que ‘sí’, Él se encarga de todo lo demás, eso es disponibilidad a Su plan. En Dios todo se puede y estamos puestos para seguir adelante””.

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