Miscelánea

Agradezcamos el don del sacerdocio

El Año Sacerdotal, diez años después

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

“Renovemos el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios” (Benedicto XVI).

Cuando el 19 de junio de 2009 Benedicto XVI pronunció la homilía de la Misa inaugural del Año Sacerdotal, recordaba: “La nuestra [de los sacerdotes] es una misión indispensable para la Iglesia y para el mundo, que exige la plena fidelidad a Cristo y la unión incesante con Él; exige que nos esforcemos constantemente por la santidad, como San Juan María Vianney”. En efecto, la Iglesia necesita de los sacerdotes. Lo sabe ella y también lo saben sus enemigos, que a veces parecen más conscientes de eso. Por eso golpean allí.

No obstante es cierto lo que escribe Pablo en su segunda carta a los corintios (4,8-12): “Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados pero no aniquilados… Llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo… aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De esa manera la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida”.

Sí, la vida entregada de los sacerdotes en la celebración de la Eucaristía y los otros Sacramentos, en la actividad pastoral y de caridad, es para ellos muerte con Cristo, mas para la Iglesia es vida.

Se clausuró el Año Sacerdotal el 11 de junio de 2010 con el Encuentro Internacional de Sacerdotes en San Pedro, donde se inauguró. Se renovaron las promesas sacerdotales con la idea -dijo Benedicto XVI- no de “glorificar los logros, sino sentirse agradecidos por este don de Dios”.

Sobre el sacerdocio

“El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús. ¿Cómo no recordar con conmoción que directamente de este Corazón ha manado el don de nuestro ministerio sacerdotal? ¿Cómo olvidar que nosotros, presbíteros, hemos sido consagrados para servir, humilde y autorizadamente, al sacerdocio común de los fieles? Nuestra misión es indispensable para la Iglesia y para el mundo, que exige fidelidad plena a Cristo y una incesante unión con Él, es decir, exige que busquemos constantemente la santidad”.

“Para ser ministros al servicio del Evangelio es ciertamente útil y necesario el estudio con una atenta y permanente formación pastoral, pero todavía es más necesaria esa ‘ciencia del amor, que sólo se aprende de “corazón a corazón” con Cristo. Él nos llama a partir el pan de su amor, a perdonar los pecados y a guiar al rebaño en su nombre. Precisamente por este motivo no tenemos que alejarnos nunca del manantial del Amor que es su Corazón atravesado en la cruz. Sólo así seremos capaces de cooperar eficazmente con el misterioso ‘designio del Padre’, que consiste en ‘hacer de Cristo el corazón del mundo’. Designio que se realiza en la historia en la medida en que Jesús se convierte en el Corazón de los corazones humanos, comenzando por aquellos que están llamados a estar más cerca de él, los sacerdotes”(homilía de Benedicto XVI en la inauguración del Año Sacerdotal, junio 19 de 2009).

Mons. Luis Carlos Lerma en entrevista

“Siempre es necesaria la santidad del sacerdote”

Al cumplirse los primeros diez años luego de la convocatoria al Año Sacerdotal, Notidiócesis se dio a la tarea de entrevistar a Monseñor Luis Carlos Lerma -afectuosamente conocido como “padre Calili”- el vicario general de la arquidiócesis, acerca de la importancia de la iniciativa de Benedicto XVI, hoy Papa emérito:

Gracias, padre, por concedernos esta entrevista. Reflexionando sobre lo celebrado hace diez años, ¿cuál cree usted que fue la importancia o necesidad de que Benedicto XVI convocara al Año Sacerdotal?

“La importancia está en que siempre es necesaria la santidad de vida de los sacerdotes, para cumplir aquello que Nuestro Señor pidió a sus apóstoles: ‘Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado’ (Mt 28,19-20). Esa urgencia a la santidad está siempre vigente, más ahora, cuando las vocaciones al sacerdocio se dan en personas que viven en un mundo contrario al Evangelio, contaminado de anti valores, por eso, una vez escuchado el llamado, urge seguir ese otro llamado a la santidad de vida”.

A usted, como sacerdote, ¿qué le dejó ese año?

“Al proponernos el Papa como modelo de sacerdote al Cura de Ars, que fue un enamorado de los sacramentos del Orden, de la Eucaristía y la Reconciliación, me mueve a valorar y amar este camino al que he sido elegido, llamado y consagrado para servir y amar a mis hermanos. La verdad es que yo lo gozo, especialmente gozo la Eucaristía y la Reconciliación. Trato de hacerlo lo mejor posible. No somos perfectos, no soy perfecto. Lo dijo Pablo: ‘llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios’. Sí, soy vasija de barro, pero sé que traigo conmigo ese tesoro enorme”.

¿Sigue teniendo importancia, en el contexto actual, el mensaje que Benedicto XVI quiso darle a la Iglesia?

“Sí. Incluso más ahora. El Papa se adelantó a este momento, y habla para hoy, para que se fortalezca la credibilidad del mensaje del Evangelio al ser respaldado por nuestro testimonio sacerdotal -el cual debe destacarse aún entre las carencias y errores de los hombres-. Benedicto XVI es un verdadero profeta”.

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