Artículos, Caminando con el Papa

Carne de migrante

Caminando con el Papa

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

I. El Papa y el Evangelio

La paz, mar profundo, fortaleza y sonrisa

1. Antes de despedirse Jesús de los suyos, quiso dejarles un regalo precioso: la paz del Espíritu Santo que permanece en toda prueba, que tampoco se pierde con las alegrías pasajeras, que confiere el valor para avanzar. Paz que brilla entre las persecuciones, las tribulaciones y los dolores. Es la paz de los mártires, de los testigos, de los santos que mueren en el Señor. Es otra de las herencias de Jesús aquella noche de la Última Cena: “Les dejo mi paz, les doy mi paz”. Una paz que no es la del mundo y que el mundo no puede dar.

2. “Bienaventurados ustedes cuando los insultarán, los perseguirán y, mintiendo, dirán todo tipo de mal contra ustedes por mi causa”. Sí, es la paz de las Bienaventuranzas que acompaña a la lucha diaria por la vida, y a cualquier otra batalla. Esta paz -explica el Papa*-, “está muy por debajo, muy profunda en todas estas cosas. Una paz que nadie puede quitar, una paz que es un don, como el mar tranquilo en las profundidades aunque en la superficie haya olas. Vivir en paz con Jesús es tener esta experiencia interior que permanece durante todas las pruebas, todas las dificultades”.

3. Por ella el cristiano verdadero “lleva la vida sobre sus hombros sin perder la paz… sin ansiolíticos, porque viene del Espíritu Santo dentro de nosotros y trae consigo la fortaleza… nos enseña a avanzar en la vida y a soportar… llevar sobre nuestros hombros. Llevar sobre los hombros la vida, las dificultades, el trabajo, todo, sin perder la paz. ‘Llevar sobre los hombros’ y tener el valor de seguir adelante.

Esto sólo se lo entiende cuando el Espíritu Santo está dentro de nosotros y nos da la paz de Jesús”.

La paz de Jesús, en fin, es aquella que “hace sonreír al corazón. La persona que vive esta paz jamás pierde el sentido del humor, sabe reírse de sí misma, de los demás, de su propia sombra… de todo”. Es feliz. Bienaventurado. (Homilía de mayo 21, 2019).

II. Glosas y noticias

¡Acuérdate!, por amor a tu pueblo…

-Lloró el Papa ante el sufrimiento de los migrantes luego de los sucesos del domingo 23 de junio en nuestra frontera norte. Las gravísimas injusticias que contra los pobres de tantas pobrezas se cometen rutinariamente, a ciencia, paciencia y connivencia de numerosos actores de las altas esferas financieras, del gobierno-política mundial y de medios de comunicación que traicionando la verdad y la justicia alaban a los poderes en turno, se encarnó en los rostros hundidos en el lodo de Óscar y su hijita Valeria, de casi dos años.

-Se revivió al doble, ese día, la tragedia del pequeño Aylan, el niño sirio que con su familia huía de la guerra y murió ahogado frente a las costas europeas en 2015.

Óscar y Valeria caminaron desde El Salvador para perder la vida donde el río Bravo separa no sólo a México de Estados Unidos, sino sobre todo separa a la miseria de la oportunidad, la desesperación de los sueños y el llanto de la esperanza.

La guerra y la miseria, gravísimos males provocados por la planeada opresión contra los pueblos, se cobran cada día cientos de víctimas.

-La imagen del padre y su hijita representa a todos los miles de migrantes que han muerto al tratar de escapar de la guerra, del hambre, de la violencia y la persecución. Recuerda a los miles de refugiados que, llegados a donde creyeron encontrar ayuda, se vieron confinados dentro de guetos limitados por alambradas de púas, donde no pocos han muerto de hambre, de enfermedades curables, de sed o de tristeza, ¡prácticamente ante las cámaras!

-Óscar y Valeria venían desde El Salvador, tierra homónima de aquella otra donde por vez primera la Cruz del Señor bendijo América. Esa misma Cruz se ha vuelto carne de migrante, de esclavo, de pobre. Es la Cruz cuyo grito silencioso dice que la violencia, la miseria, la guerra, el hambre y la esclavitud de los pueblos, y tantos otros males provocados por el egoísmo supremo del hombre, deben terminar.

Que esa Cruz, representando a millones de Óscares, Valerias y Aylans, sea el clamor de la tierra que por fin toque el cielo: “¡Acuérdate, Señor… por amor a tu pueblo. Visítame con tu salvación!” (Cf. Sal 106,4).

Pensar

“Este sentido del humor está cerca de la gracia de Dios. La paz de Jesús en la vida diaria, la paz de Jesús en las tribulaciones, acompañada con ese pequeño sentido del humor que nos hace respirar bien. Que el Señor nos dé esta paz que viene del Espíritu Santo, esta paz que le es propia y que nos ayuda a soportar, a continuar, en las tantas dificultades en la vida”, con un humor hermano de la Caridad.

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