Miscelánea

Tres actitudes para vivir plenamente la fiesta del Corpus Christi

Por: RAÚL SÁNCHEZ K.

El Papa Benedicto XVI pronunciaba el año 2008 una homilía en torno a la Solemnidad del Corpus Christi, en la que hacía énfasis en tres actitudes que debemos tener a fin de que “sean realmente expresión de nuestra fe y de nuestra vida”.

1) Reunirse en presencia del Señor

En los orígenes de la celebración eucarística en muchos lugares donde llegaba el mensaje del Evangelio, en cada Iglesia particular, había un solo Obispo y, a su alrededor, alrededor de la Eucaristía celebrada por él, se constituía la comunidad, única, pues uno era el Cáliz bendecido y uno era el Pan partido (1Co 10,16-17).

Ese reunirse y constituirse como comunidad recuerda las palabras de San Pablo: “Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Gál 3,28).

“Todos ustedes son uno”. Se percibe la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, que se experimenta precisamente alrededor de la Eucaristía: aquí se reúnen en la presencia del Señor personas de distintas edades, sexo, condición social, ideas políticas.

La Eucaristía no es un hecho privado, reservado a personas escogidas… Es un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo.

El Corpus Christi nos recuerda ante todo esto: ser cristianos quiere decir reunirse desde todas las partes para estar en la presencia del único Señor y ser uno en Él y con Él.

2) Caminar con el Señor

Es la realidad manifestada en la procesión, avanzando tras Aquél que es el Camino. Con el don de sí mismo en la Eucaristía, el Señor Jesús nos libera de nuestras “parálisis”, nos vuelve a levantar y nos hace “proceder”, dar un paso adelante, y luego otro, y así nos pone en camino, con la fuerza de este Pan de la vida. Así le sucedió al profeta Elías (1 Re 19,1-4).

La procesión del Corpus Christi nos enseña que la Eucaristía nos quiere liberar de todo abatimiento y desconsuelo, quiere volver a levantarnos para que podamos retomar el camino con la fuerza que Dios nos da a través de Jesucristo…

Sin el Dios-con-nosotros, el Dios cercano, ¿cómo podemos afrontar la peregrinación de la existencia, ya sea individualmente, como sociedad y familia de los pueblos?

3) Arrodillarse en adoración ante el Señor

El tercer elemento del Corpus Christi nos hace pensar en el inicio del Decálogo: “No habrá para ti otros dioses delante de mí” (Éx 20,3).

Arrodillarse en adoración ante Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea. Los cristianos sólo nos arrodillamos ante el Santísimo Sacramento, porque en él sabemos y creemos que está presente el único Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su unigénito Hijo.

Por este motivo reunirnos, caminar, adorar, nos llena de alegría.

Share this Story
Load More Related Articles
Load More In Miscelánea

Check Also

Viven adolescentes un Congreso ¡de película!

Derroche de talento en el XXII Congreso Católico ...

Anuncio