Miscelánea

Sobre las cuatro propuestas de Benedicto XVI

Por una Iglesia libre de abuso infantil

Por: DRA. ESMERALDA GARRIDO TORRES

El escándalo de los abusos sexuales en la Iglesia con una perspectiva histórica desde los años 60 del siglo pasado, ha tenido un gran impacto en la vida sacerdotal, llegando a alcanzar a las altas jerarquías, pero sobre todo ha afectado en la vida de fe de los laicos.

Ante esta situación, en la que se exigen respuestas y acciones concretas por los jerarcas católicos, surgió un documento atribuido al Papa Benedicto XVI titulado “La iglesia y los abusos sexuales”, el cual fue difundido por el New York Post en abril pasado.

Sobre el texto -que  se dio a conocer de manera sucinta en estas páginas-, que se compone básicamente de cuatro puntos, me permito emitir una opinión:

1. “Vivir por Dios y bajo Él”

Señala el texto que la razón de que la pedofilia haya llegado a estas proporciones se debe a “la ausencia de Dios”, si partimos desde el punto claro y contundente que donde está Dios hay paz y orden. Como laicos, considero que se debe exigir que las personas que pertenecemos a la santa Iglesia, hemos de tener una vida que se rija, se desarrolle y se viva teniendo como base y eje rector a Dios, no puede ser de otra forma.

Dios debe ser el centro de nuestros pensamientos, palabras y acciones, y con mayor razón de quienes nos guían en el camino hacia Él.

Como experta en el tema de abuso sexual y como laica católica considero que es de vital importancia para generar un cambio genuino en la Iglesia como institución que se abandone el pensamiento unidireccional sobre el tema. Por supuesto Dios es el Camino, pero es necesario entender que los sacerdotes son hombres de Dios, y que desde esa misión ameritan una educación, evaluación y seguimiento integral de todos y cada uno, desde las diferentes disciplinas; es decir, tomando por supuesto en cuenta su parte espiritual, pero también la psicológica, socioemocional, física y profesional, ya que su interacción requiere un equilibrio sano en todas sus áreas para poder ejercer con coherencia tan importante ministerio: el sacerdocio.

2. Renovación de la Fe

Cuando el documento indica “que no necesitamos otra Iglesia con nuestro propio diseño”, sino que “en vez de ello se requiere, primero que nada, la renovación de la fe en la realidad de que Jesucristo se nos es dado en el Santísimo Sacramento”, hace referencia a las personas que sufrieron abusos y ya no pueden escuchar las palabras de consagración sin sentir angustia.

Al respecto puedo opinar que, desde mi área de trabajo con sobrevivientes de abuso pero también como laica miembro de la Iglesia, es necesario en efecto respetar el diseño de la Iglesia, pero es urgente renovar la práctica, actualizar el acompañamiento pastoral a víctimas y capacitarse en ello, y a eso nos está llamando Papa Francisco.

Ante circunstancias tan dolorosas para todo el Cuerpo [de Cristo, que es la Iglesia], se hace necesario realizar cambios en el discurso y que éste sea coherente y actual, ya sea en una entrevista o en la misma homilía, que contenga un tono misericordioso y humano. Tener fe no excluye a las personas de tener un grado de inteligencia para analizar la realidad y empatarla al discurso.

También este punto fortalece al siguiente.

3. Oponerse a las mentiras y medias verdades.

Dice: “Es muy importante oponerse con toda la verdad a las mentiras y las medias verdades del demonio”. Para oponerse a esto y que el mal no entre es necesario tomar con seriedad y vocación real el ejercicio sacerdotal; que todos los procesos que se lleven dentro de la Iglesia tengan un mecanismo claro, transparente y que las denuncias tengan resolución.

Cuando se visibilizan los procesos y se llega a resoluciones, no hay cabida a medias verdades ni mentiras. Cuando se tiene a Dios al centro de la vida no hay cabida para el mal. Colocar a las niñas, niños, adolescentes y adultos víctimas al centro, brindándoseles un acompañamiento integral, claro y transparente, ayudará a que exista orden, paz y calma en los sobrevivientes y sus familias.

4. Encontrar a la Iglesia viviente.

Benedicto XVI insiste en una iglesia que dé testimonio del “Dios viviente” en medio del mundo.

Una de las grandes y esenciales tareas de la evangelización es, hasta donde se pueda, establecer hábitos de fe; y si esto se realizarA con dirigentes y acompañantes coherentes con la fe y dignos de credibilidad, sería más fácil lograr que las personas sigan el ejemplo y no la palabra.

La Iglesia hoy más que nunca necesita resolver temas del pasado sobre el abuso sexual infantil con acciones presentes, misericordiosas, honestas y transparentes, pero sobre todo encaminadas a ser una Iglesia viviente de VERDAD.

*La autora es laica, Doctora en Psicología, investigadora y psicoterapeuta de víctimas de abuso sexual infantil, miembro activo del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME) de la Universidad Pontificia de México.

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