Miscelánea

Sinodalidad: caminar juntos en y con la Iglesia

Por: RAÚL SÁNCHEZ K.

En octubre del 2015, al conmemorar el 50º aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco habló de “la necesidad y la belleza de ‘caminar juntos”.

“La Iglesia no es otra cosa que el ‘caminar juntos’ de la grey de Dios por los senderos de la historia que sale al encuentro de Cristo el Señor”.

Más adelante expresó el Pontífice: “Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.

Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra “sínodo”. Caminar juntos “laicos, pastores, Obispo de Roma” es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica.

Sinodalidad

El término sinodalidad significa literalmente caminar unidos, caminar juntos y supone un modo muy particular de entender las relaciones entre Papa, obispos y resto de bautizados. Fue una marca esencial de la Iglesia de los primeros tiempos.

Para los primeros cristianos significaba originariamente “viajar en común”, se utilizaba para designar la asamblea litúrgica y, sobre todo, la misma Iglesia con aquella fórmula paradigmática de san Juan Crisóstomo: “Ekklésia synodon estin onoma” (“la Iglesia tiene nombre de reunión o de sínodo”).

Sinodalidad y comunión

El concepto de sinodalidad es tan amplio como la misma Iglesia, puesto que la Iglesia es koinonía (comunión).

La existencia y el desarrollo de la sinodalidad es el fruto normal de una Iglesia-comunión que es una “fraternidad en Cristo” (según San Ireneo, Tertuliano y otros Padres de la Iglesia).

Orígenes y Sínodos

Los orígenes de la sinodalidad eclesial se remontan de alguna manera hasta el “Concilio de Jerusalén” de Hch 15. A partir de Eusebio de Cesarea (263-339) la palabra synodos se convirtió en término técnico para describir las asambleas eclesiales.

Experiencias de sinodalidad son los Sínodos de los Obispos y los Sínodos diocesanos.

Todos somos Iglesia

La sinodalidad expresa la condición de sujeto que le corresponde a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia.

Los creyentes son ‘sínodos’ (o sinodales), compañeros de camino, llamados a ser sujetos activos en cuanto participantes del único sacerdocio de Cristo y] y destinatarios de los diversos carismas otorgados por el Espíritu Santo en vista al bien común.

Una pirámide invertida

Asumiendo la perspectiva eclesiológica del Vaticano II, el Papa Francisco describe la imagen de una Iglesia sinodal como “una pirámide invertida” que integra el Pueblo de Dios, el Colegio Episcopal y en él, con su específico ministerio de unidad, el Sucesor de Pedro. En ella, el vértice se encuentra debajo de la base.

Vida sinodal

La vida sinodal es testimonio de una Iglesia constituida por sujetos libres y diversos, unidos entre ellos en comunión, que se manifiesta en forma dinámica como un solo sujeto comunitario que, afirmado sobre la piedra angular que es Cristo y sobre columnas que son los Apóstoles, es edificado como piedras vivas en una “casa espiritual” (cf 1Pe 2,5), “morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2,22).

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