Laudato si', Miscelánea

No se trata sólo de árboles y bosques

LAUDATO SI’

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

Hace mes y medio -el 13 de abril- en la reunión del Consejo pre Sinodal se aprobó el documento preparatorio para el Sínodo de la Amazonia, cuyo tema es “La Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Se reiteró la importancia de la Región y “la necesidad de comenzar nuevos caminos para una inculturación eficaz del Evangelio” entre las poblaciones locales. Entre los documentos de estudio se cuenta, como básico, la Encíclica Laudato si’.

El Sínodo tuvo su preámbulo con la visita del Santo Padre a la ciudad peruana de Puerto Maldonado, departamento Madre de Dios. El llamado del Papa fue intenso y clarísimo: respeto a los pueblos amazónicos ante las amenazas que la minería ilegal, la deforestación, la prostitución y la trata de personas representan para ellos, pues “la defensa de la tierra no tiene otra finalidad que no sea la defensa de la vida” humana.

Dijo a los indígenas locales: “Probablemente los pueblos originarios amazónicos nunca hayan estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora… Hemos de romper con el paradigma histórico que considera la Amazonia como una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes”, y “existe otra devastación de la vida que viene acarreada con esta contaminación ambiental… Me refiero a la trata de personas, la mano de obra esclava o el abuso sexual. La violencia contra las adolescentes y contra las mujeres es un clamor que llega al cielo”.

En efecto, no se trata sólo de árboles. El asunto se complica más aún por la existencia de “movimientos que, en nombre de la conservación de la selva, acaparan grandes extensiones de bosques y negocian con ellas generando situaciones de opresión a los pueblos originarios para quienes, de este modo, el territorio y los recursos naturales… se vuelven inaccesibles”.

Las amenazas a los habitantes de la Amazonia y de otras grandes regiones naturales del planeta, también en África, no se limitan a los atentados contra su medio ambiente o su acceso a estos recursos, también tienen que ver con la contaminación moral y los atentados a su fe.

La Amazonia también es cuestión de fe

No comprendemos todo sobre el cambio climático pero sabemos que es un hecho. Cada verano las temperaturas son más altas y la temporada de ciclones más temida.

Meteorólogos aseguran que cada vez hará más frío en el Norte del planeta y más calor en el Sur. El pasado invierno Europa y Norteamérica recibieron intensas nevadas y heladas, inusuales.

Aquí el calor sube en verano y también en invierno. Aún así se duda del cambio climático. Se piensa que el “calentamiento global” sólo trae calor. Lo que trae es un tremendo desequilibrio de corrientes marinas, ecosistemas y por tanto del clima.

Otros dicen que el cambio climático no se debe al aumento de emisiones de CO2: ¡uno de los principales factores del calentamiento global!, luego,  del cambio climático. Antes citamos, de Laudato si: “La contaminación por CO2 aumenta la acidez de los océanos y compromete la cadena alimentaria marina”. Lo sabe y lo escribió el Papa no porque hace mucha oración, sino porque consultó especialistas para escribir su Encíclica-. “La pérdida de selvas tropicales [Amazonia y otras] empeora las cosas, pues ayudan a mitigar el cambio climático”. Y lo peor es la “asfixia” de los pueblos, la “migración de las nuevas generaciones ante la falta de alternativas locales”, derivadas no sólo de la contaminación, sino del destrozo de recursos naturales y ecosistemas en el Sur del mundo, mientras el Norte conserva cada palmo de su terreno. No en balde han tenido por años su almacén y basurero del Sur.

Y aunque parece que esto comienza a cambiar, aún falta. Por otro lado, aunque se niegue, muchos pueblos indígenas son cristianos y quieren seguir siendo cristianos. María Luzmila Bermeo, indígena de la Amazonia, dijo al Papa: “Me preocupa que perdamos la oportunidad de aprender valores cristianos… para criar bien a los hijos, el respeto de la familia, el orden, la obediencia a los padres… hemos perdido muchos valores… los jóvenes están aprendiendo vicios y malas costumbres que afectan a nuestra comunidad”.

Créanlo: el Sínodo sobre la Amazonia será apasionante: suscitará críticas y persecuciones, porque será la Iglesia quien defienda a los pueblos originarios, su vida, sus recursos… y su fe.

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