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“Mi único anhelo es identificarme con mi Señor”

P. Óscar Raynal, 50 años sacerdote

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

– La fiesta de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote enmarca la alegría del padre Óscar Alberto Raynal García, S.J., que celebra 50 años de servicio mediante el sacerdocio ministerial. A las 7 de la tarde del 13 de junio en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Chihuahua, se congrega el pueblo de Dios representado por parroquianos, familiares, amigos y las comunidades tarahumara y de San Francisco Xavier de la ciudad episcopal. Concelebran sus hermanos presbíteros Miguel Ortega Beltrán, Luis Leonardo Padilla Lomelí, Jesús José Mata Trejo, Raymundo Pacheco Guzmán y Camilo Daniel Pérez, así como sus hermanos jesuitas José Amado Fernández y Ruiz, S.J. y José Luis Gómez Gallegos, S.J.

– La Eucaristía es acogida en el recinto y en el templo vivo del Señor, acompañada por el digno canto litúrgico: “El Señor nos llama y nos reúne, somos su pueblo”. Los sacerdotes avanzan al altar. Preside el P. Óscar, invita a pedir perdón “especialmente por no haber dedicado nuestra vida al servicio de Jesús”. Se entona el Gloria, se proclama la Palabra que plasma el ser sacerdotal de Cristo y el anhelo de vida del celebrante: “He aquí que mi siervo prosperará” (Isaías); “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” (Salmo); “¡Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes!” (Lucas).

Acompañaron al Rev. P. Óscar Raynal, SJ, sus hermanos presbíteros Miguel Ortega Beltrán, Luis Leonardo Padilla Lomelí, Jesús José Mata Trejo, Raymundo Pacheco Guzmán y Camilo Daniel Pérez, así como sus hermanos jesuitas José Amado Fernández y Ruiz y José Luis Gómez Gallegos.

– En esta intimidad, Cristo Sacerdote da sentido a la Celebración, también a la realidad del mundo actual con sus alegrías, avances, solidaridad; sufrimientos, dolor y violencia. Los rostros de tantos muertos violentamente en México y el mundo, reviven cuando las lecturas y la homilía iluminan el sentido del ser sacerdotal de Jesucristo y de quienes en Él se entregan al servicio de su Cuerpo místico para darle pleno sentido a la vida humana y a la creación: “lo más grande que tengo… es ser bautizado como ustedes, porque cuando me bautizaron me convertí en templo vivo de Dios y Él me injertó en Jesús, y en Jesús fui hijo de Dios, y entré en un dinamismo trinitario que es la razón fundamental de mi existencia. La Confirmación fortaleció la presencia del Espíritu Santo, quien hizo que Jesús fuera no sólo mi Salvador, sino mi Señor, el centro de mi vida. El sacerdocio corona esa intimidad con el Señor, pues me da una configuración especial con Jesús para ser su colaborador en alimentar el cuerpo de Cristo con grandes facultades de servicio: perdonar pecados, ungir a los enfermos, alimentar al pueblo con la Eucaristía. Son los Sacramentos de la Iglesia los que nos llenan de la presencia de Dios”.

– Añade luego: “He descubierto que la Encarnación tiene el propósito de darle sentido a la Creación al donarle la Persona divina del Hijo en Jesucristo. Sólo Jesucristo ‘da sentido a todo lo que existe'”, por eso “la vida cristiana es esencialmente seguir a Jesucristo”, quien con su kénosis “bajó a profundidades impresionantes y en la cruz se convirtió en maldición y pecado, esclavo… sólo para darnos vida y vida en abundancia”.

Reconoce humildemente estar “lejísimos de seguir a Jesús que se despojó de todo… Mi gran dilema es cómo hacer para seguirlo, y lo único que se me ocurre es abandonarme en manos de Dios que me ama locamente, Él será quien vaya quitándome las seguridades hasta que me identifique plenamente con Jesús, y esa es mi gran ilusión. No anhelo en la vida otra cosa”.

Finaliza agradeciendo a quienes “hoy me acompañan a experimentar y compartir el amor que Dios nos tiene”. ¡En todo amar y servir para la mayor gloria de Dios! Amén.

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