La Iglesia en las Periferias, Reportajes

Evangelizando la cárcel

La Iglesia en las periferias

Por: PATRICIA CARRILLO GÓMEZ

“Estuve preso y me visitaste” (Mt 25,36).

La Pastoral Penitenciaria forma parte de la Comisión Diocesana de la Pastoral Social; tiene como objetivo animar, promover y acompañar a los internos y a sus familias para mostrarles el rostro misericordioso del Padre e iluminar con la alegría del Evangelio su realidad. Están organizados para visitar los dos penales de la ciudad, para lo cual tienen días señalados lo mismo que las actividades que realizarán en el poco tiempo que se les permite estar ahí.

Los sacerdotes del Decanato de San Juan Pablo II acuden cada miércoles a celebrar la Sagrada Eucaristía, administrar sacramentos y acompañar pastoralmente a las personas privadas de su libertad que lo deseen.

Esta pastoral es coordinada actualmente por Virginia Esparza, quien se hace acompañar por un grupo muy homogéneo de 20 fieles de diferentes parroquias, algunos de los cuales compartieron para nuestros lectores: “Nuestra función como agentes de la pastoral penitenciaria es tratar de reivindicar cristianamente a la persona privada de su libertad y a su familia, queremos que toda la Iglesia sepa que Dios los ama a pesar de todo”. Añadieron que “esas personas están muy abandonadas hasta por sus propios familiares. Entre las obras de misericordia, la de visitar presos quizá sea la más difícil, pero es ahí donde hace más falta la caridad” de Cristo.

Comenzó este apostolado hace unos 45 años -cuando aún no se conocía como pastoral penitenciaria- por una señora que junto a un grupo pequeño de la Congregación Mariana del Sagrado Corazón de Jesús, comenzó a ir a la cárcel para brindarles oración y apoyo de todo tipo a los internos privados de su libertad. Para gloria de Dios, años después se consolidó como apostolado con autorización del Sr. Obispo. En la actualidad este grupo se sigue expandiendo, para llevar a los presos el Evangelio y los Sacramentos como signos de la caridad y misericordia de Jesús.

¿Qué les mueve a estar ahí?, preguntamos: “La caridad por el más necesitado -dijeron-, cumplir las palabras del Señor de visitar a los encarcelados”. Otros por una invitación que surgió en el marco de Expo Católica, o incluso por curiosidad. Pero al final, todos coincidieron en el deseo de servir a esta comunidad de personas, con tanta necesidad y tan aislada.

“Las personas que acuden a nuestras visitas tienen verdadero interés de conocer el Evangelio. Supimos de un muchacho que asistía todos los jueves a las pláticas y cuando salió del penal se fue a Ciudad Cuauhtémoc de donde era oriundo; sin embargo siguió en contacto con nosotros, compartiéndonos que está muy bien con su familia y esposa, además de sentirse muy agradecido por el acompañamiento de esta pastoral cuando estuvo preso. Eso nos llena de gozo, porque pudo escuchar la voz del Señor a través de este ministerio”, una de cuyas reglas primordiales es no preguntarle a los internos el por qué están ahí, sólo brindarles apoyo; además de no proporcionarles datos personales.

Uno de los objetivos de la pastoral es “acercarle al preso la parroquia, para cuando salga de la cárcel se integre a ella. Por nuestra parte, nosotros salimos del confort de tenerlo todo a la mano para evangelizar: cuando entramos al penal nos revisan de manera personal y nos limitan los objetos que podemos ingresar; lo que llevemos debe ser en una bolsa transparente y únicamente el material para dar los temas”.

El diario motor de los agentes de la pastoral penitenciaria, está representado en unas palabras del Evangelio de San Mateo: “Vayan más bien por las ovejas perdidas del pueblo de Israel, vayan y proclamen que está llegando el Reino de los Cielos” (10,6). Esa es nuestra tarea. Así, además de llevarles comida y artículos de cuidado personal -que tanto necesitan-, compartimos la Buena Nueva para que tengan esperanza en el Señor, que no se olviden que Dios los ama. Sí, nuestra misión más importante es que ellos se sientan amados por Dios”, destacó Virginia, para añadir: “no vemos delincuentes, sino hermanos que sufren y purgan su delito; alguien del personal dijo alguna vez que nos admiraban, ya que ellos están ahí por un sueldo y nosotros por ayudar. Eso es, ciertamente, gratificante, pero no tanto como dar el catecismo a los niños los sábados o domingos cuando se juntan las familias completas, o acudir al área especial de personas VIH positivas, quienes más sufren el encierro pues además de estar presos, están aislados. Vernos les llena de esperanza.

Otra área especial, es la de los internos con problemas mentales, que están totalmente abandonados por sus familias; debemos prepararnos mucho para transmitirles el mensaje de la Palabra y que lo comprendan. Nos emociona cuando nos dicen que llevamos una lucecita a sus vidas en medio de tanta oscuridad. Quieren que nunca dejemos de ir”.

Pastoral Penitenciaria te invita a formar parte de ella. También a que apoyes con artículos de limpieza personal, pantaloneras o sudaderas en color gris, tenis, calcetas o comida no perecedera. Los integrantes se reúnen todos los miércoles en el Centro Pastoral de Catedral, calle Libertad 814 de la colonia Centro, a las 4pm. Mayores informes: Cel. (614)218-6531; Tels. 153-6826, 220-1393 y 365-3010.

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