Comentario al Evangelio

Él ha cumplido fielmente su parte

Comentario al Evangelio del Domingo de la Solemnidad de Pentecostés (Jn 20,19-23)

Por: MONS. LUIS MARTÍN BARRAZA BELTRÁN

La continuidad de una obra siempre es un reto, el tiempo acaba por borrar la memoria de casi todo. Las obras que trascienden no dependen sólo de la piedra o la escritura, sino de un proyecto profundo en ellas. La obra de Jesús también tuvo el riesgo de quedar sepultada en las ruinas de la historia, máxime que dependió sólo de su presencia física, de sus palabras y algunas obras. En relación con otras empresas de grandes pensadores, artistas, conquistadores, que plasmaron en la materia su obra, la de Jesús fue muy modesta; sin embargo, sus gestos estaban cargados de una profundidad que impactaron los sentidos, el corazón y el imaginario colectivo de quienes lo conocieron.

En su despedida, que nos reporta el texto que meditamos, Jesús apela a la memoria viva y permanente del Espíritu Santo, que contiene el proyecto de Dios. A Jesús se le pudo quitar de en medio pero nunca el proyecto del Reino de Dios, ese no habrá siglos que lo borren, y así será hasta su consumación.

Jesús habla de lo que sabe, del Espíritu, porque sus palabras y gestos estuvieron inspiradas por él: “El Espíritu del Señor está sobre mí…” (Lc 4,18). El Espíritu nos ayudará a recordar de forma dinámica lo que Cristo ha enseñado, es decir, nos hará recordar las enseñanzas de Jesús sin quedarnos en el pasado e iluminará el momento presente. No sólo nos va a contar la historia de Jesús tal y como sucedió en el pasado, sino sobre todo nos ayudará a comprender su significado para el momento presente. Es lo que han hecho los evangelistas, actualizar la presencia de Jesús a partir de sus hechos y palabras. Lo que contienen los evangelios no es una biografía, sino una experiencia de fe. Ellos son un ejemplo de lo que hoy nos enseña Jesús: “les recordará todo cuanto yo les he dicho”, o sea, avivará su memoria. Aún más, “les enseñará todas las cosas”, hará presente a Jesús de una manera nueva, significativa para nuestro tiempo. El Espíritu no inventará cosas acerca de Jesús, “sino que dirá únicamente lo que ha oído… porque todo lo que les dé a conocer, lo recibirá de mí” (Jn 16,13-14), y explicitará sus enseñanzas, “los iluminará para que puedan entender la verdad completa… y les anunciará las cosas venideras” (Jn 16,13-14).

Jesús invita a sus discípulos a ver más allá de su presencia física, el proyecto de Dios su Padre animado por el Espíritu Santo. Él ha cumplido fielmente su parte. Su salida de este mundo de ningún modo es el fracaso de su obra, sino la condición de su consagración. Ya es inevitable la tensión del mundo hacia la justicia y el amor de Dios. Con el anuncio de su Espíritu, Jesús, garantiza la continuidad de su presencia y la renovación continua de su obra. Nos toca a los creyentes permitir al Espíritu ser fiel a la obra de Jesús, creando, renovando, transformando la realidad actual. Busquemos el Espíritu de nuestra fe en las palabras y sacramentos de Jesús, para no quedar sepultados en este cambio de época, que amenaza ruinas para la cultura cristiana.

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