Miscelánea

El diaconado en el Catecismo de la Iglesia Católica

Diáconos y Misioneros

Por: DIÁC. XAVIER HURTADO

En la presente colaboración se presenta algunos textos de lo que en torno al Diaconado manifiesta el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC, para futuras referencias):

Numeral 1537: “La palabra Orden designaba, en la antigüedad romana, cuerpos constituidos en sentido civil, sobre todo el cuerpo de los que  gobiernan. Ordinatio designa la integración en un ordo. En la Iglesia hay cuerpos constituidos que la Tradición, no sin fundamentos en la Sagrada Escritura (cf Hb 5,6; 7,11; Sal 110,4), llama desde los tiempos antiguos con el nombre de taxeis (en griego), de ordines (en latín): así la liturgia habla del ordo episcoporum, del ordo presbyterorum, del ordo diaconorum“.

Numeral 1538: “La integración en uno de estos cuerpos de la Iglesia se hacía por un rito llamado ordinatio, acto religioso y litúrgico que era una consagración, una bendición o un sacramento. Hoy la palabra ordinatio está reservada al acto sacramental que incorpora al orden de los obispos, de los presbíteros y de los diáconos y que va más allá de una simple elección, designación, delegación o institución por la comunidad, pues confiere un don del Espíritu Santo que permite ejercer un ‘poder sagrado’ (Lumen Gentium, 10) que sólo puede venir de Cristo, a través de su Iglesia. La ordenación también es llamada consecratio porque es un ‘poner aparte’ y un ‘investir’ por Cristo mismo para su Iglesia. La ‘imposición de manos’ del obispo, con la oración consecratoria, constituye el signo visible de esta consagración”.

Numeral 1543: “En la oración consecratoria para la ordenación de diáconos, la Iglesia confiesa:

‘Dios Todopoderoso, Tú haces crecer a la Iglesia… la edificas como templo de tu gloria… así estableciste que hubiera tres órdenes de ministros para tu servicio, del mismo modo que en la Antigua Alianza habías elegido a los hijos de Leví para que sirvieran al templo, y, como herencia, poseyeran una bendición eterna’. (Pontifical Romano: Ordenación de Obispos, presbíteros y diáconos. Ordenación de Diáconos. Oración de la Ordenación, 207)”.

Numeral 1554: “‘El ministerio eclesiástico, instituido por Dios, está ejercido en diversos órdenes por aquellos que ya desde antiguo reciben los nombres de obispos, presbíteros y diáconos’ (LG, 28). La doctrina católica, expresada en la liturgia, el magisterio y la práctica constante de la Iglesia, reconoce que existen dos grados de participación ministerial en el sacerdocio de Cristo: el episcopado y el presbiterado. El diaconado está destinado a ayudarles y a servirles. Por eso, el término sacerdos designa, en el uso actual, a los obispos y a los presbíteros, pero no a los diáconos. Sin embargo, la doctrina católica enseña que los grados de participación sacerdotal (episcopado y presbiterado) y el grado de servicio (diaconado) son los tres conferidos por un acto sacramental llamado ‘ordenación’, es decir, por el sacramento del Orden:

‘Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo, que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios y como a la asamblea de los apóstoles: sin ellos no se puede hablar de Iglesia’ (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Trallianos 3,1)”.

Numeral 1569: “‘En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, a los que se les imponen las manos <para realizar un servicio y no para ejercer el sacerdocio>’ (Lumen Gentium, 29; Christus Dominus, 15). En la ordenación al diaconado, sólo el obispo impone las manos, significando así que el diácono está especialmente vinculado al obispo en las tareas de su ‘diaconía’ (cf San Hipólito Romano, Traditio apostolica, 8)”.

En la próxima entrega continuaremos viendo lo que el Catecismo expone acerca del Diaconado.

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